Por: Pablo Llonto. La mejor manera de entender qué pasa por la cabeza de la mayoría de los periodistas deportivos argentinos es observar las publicidades de Hair Recovery. Allí, luego de la carcajada inevitable y de verlos incendiarse en las llamas del ridículo, uno puede compartir las alegrías de Quique Feldman, cronista estrella de TyC Sports: “en mi caso, me realicé el transplante (pelo por pelo) y a las pocas horas estaba entrevistando a Fernando Cavenaghi para Líbero, el programa en el cual estoy todos los días”.
Bla, bla, bla
Superado el inconveniente frívolo, bueno es adentrarse en otras especialidades de nuestros colegas. La deformación de la realidad es una de ellas.
Para nuestra televisión del sábado y nuestros diarios del domingo la presencia de un conductor de bólidos como el escocés David Coulthard fue un acontecimiento para tirar cohetes. Vaya, vaya. Es decir que llegan los filantrópicos de Red Bull, que no dan puntada sin hilo, se lanzan a la conquista de la avenida 9 de julio, le ponen la teca a cinco o seis funcionarios y se consiguen que un sábado el asfalto que paga el pueblo se convierta en un autódromo. ¿Qué país es la Argentina que la prensa aplaude la violación de cuanta norma existe en el automovilismo? ¿No saben que las carreras callejeras están prohibidas se llamen exhibición o las pague Red Bull? ¿No les da que pensar el despliegue sin críticas de un auto que ni siquiera es F-1? ¿No es una falta de sentido común que nuestros impresentables colegas nada digan de un auto volando a 230 km/h ante una multitud que nadie ni nada protegía? ¿ O se creen que hacer trompos en la zona del Obelisco y que vuele un pedazo de carrocería es divertido?
Cierta tibia crítica en el diario idem, (hablaron de caos) intentó lavar el pecado general.
Los demás, escribieron o dijeron cosas como estas: “Pocos notaron la diferencia y muchos disfrutaron de las aceleradas del escocés, que fueron furibundas entre el Obelisco y la avenida Córdoba (llegó a los 234 km/h), y algo más prudentes desde allí hasta Marcelo T. de Alvear, culpa de un pequeño desnivel a la altura de la calle Paraguay. Esa limitación no impidió que en el primer trompo realizado en el extremo norte, Coulthard no calculara del todo bien la distancia y le pegara a las protecciones, para volar así un pedazo de su alerón trasero." (Daniel Meissner, La Nación)
En Perfil.com se habla de “gran espectáculo”. Y en la crónica del diario de Fontevecchia recurren a una semejanza pretenciosa y que proviene de una pluma al borde de la sabiduría:“El teatro Colón está cerrado, pero una sinfónica vuelve a sonar cerca suyo”. Clarín cumple con su regla dominical y ha colocado la noticia en la tapa con ese tono neutral que tanto le gusta a la revista Barcelona. “Pasión por la F1. Durante una hora el experimentado piloto hizo vibrar a la gente”. En fin, solamente faltó que titularan “Ahora dicen que probarán bengalas en los recitales del Luna Park”.
Propongo que incorporemos estos últimos disparates a las clases de periodismo y en especial al debate filosófico que nunca abandona nuestras mesas de café: ¿a dónde va la prensa?
"Tenemos que enontrar la fuerza para superar la muerte de un amigo"
Luis Majul dialogó en La Cornisa Radio con Victor Ramos. El integrante de la ONG SOS Discriminación Internacional y director del canal Mundo Villa habló del asesinato del amigo y fundador de ese emprendimiento periodístico de la villa 31, Adams Ledesma, que ocurrió el último sábado: "Aparentemente hubo una pelea con un grupo de jóvenes violentos totalmente drogados que le interrumpieron el paso", señaló.
"Los conflictos con el vecino son situaciones de extrema tensión"
Luis Majul y equipo dialogaron en La Cornisa Radio con Gastón Duprat y Daniel Aráoz. Uno de los directores y uno de los actores de la película El Hombre de al lado, de Gastón Duprat y Mariano Cohn, hablaron de esa producción cinematográfica argentina que aborda el conflicto que se genera entre dos vecinos: "La historia tiene que ver con algo que le pasó a mi hermano", señaló Duprat.