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Se trata así de convertir cualquier evento mundial en una variante de las noticias locales. No importa si nuestro connacional no estaba exactamente en el lugar de los hechos sino que se enteró de los mismos por Internet, o si el galardonado es un oscuro técnico de segunda línea. Lo importante es encontrar al argento que nos saque de nuestra incómoda posición en el culo del mundo y nos ponga, aunque sea para nuestros ojos y durante un rato, en el centro de los acontecimientos. La caza del argentino debe ser la regla número dos o tres de los medios gráficos, tan frecuente es su aparición. Hasta puedo creer que los diarios tienen una persona encargada de esa tarea, así como disponen de alguien que escribe necrológicas de gente que aun no ha muerto. Imagino al cazador de argentinos revisando listados de servicios médicos, guías telefónicas, créditos de películas, registros de víctimas de todo tipo y chequeando las nacionalidades. Puedo hasta ver su cara de satisfacción cuando encuentra a uno de los nuestros. Entiendo la idea de servicio cuando se trata de hacer saber a los familiares si sus seres queridos participaron de algún hecho trágico. También imagino que para las radios encontrar a un testigo hispanoparlante es un logro y si es argentino, prácticamente ideal. Pero la búsqueda de testigos a medias, resaltados solamente por su nacionalidad, por parte de los diarios y revistas, me resulta de los tics nacionalistas más pobres y torpes. Una última instancia de este hecho la destaca Leandro Zanoni en eblog, señalando sendas notas de Clarín y La Nación sobre la matanza de Virginia Tech. ¡Un argentino a la derecha! |
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