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No te metás La frase se la dice con tono cascarrabia. Siempre me resultó difícil entender qué les molestaba tanto a mis colegas. Acaso una sensación infantil de creer que el mundo se divide en políticos y apolíticos y que los “limpios”, siempre, militaban en el bando de los “apolíticos”. Acaso la candidez de idealizar al deporte como refugio de purezas que no deben contaminarse con la mugre de la política. Sea lo uno o lo otro, nada hay más infeliz que estos absurdos cuentos de hadas con los que nuestros cronistas machacan sobre la gente. La señorita Peer – sepamos -no resultó víctima de la mezcla hereje de deporte y política. Simplemente sintió, en su carácter de ciudadana israelí, el enojo de uno de los pueblos árabes que está un poco fastidioso con un gobierno y un ejército nazi que sigue impune. Un silbido, un insulto o una visa negada dan lo mismo. Los deportistas, los dirigentes o los países deben ser dueños de un derecho que unos cuantos periodistas deportivos no entienden. El derecho a defenderse con todas las armas posibles, incluida el arma deportiva. Después, eso sí, quienes protestan por aquello que llaman “mezcla” se callan la boca cuando política y el deporte se abrazan en gestos como estos: 1.- Presidentes subidos a los palcos oficiales para entregar copas, saludar a deportistas o simplemente mostrarse en las cómodas butacas (del asesino de Videla en adelante (1978) 2.- Casas Rosadas que abren sus puertas de par en par recibiendo delegaciones victoriosas para dejar registrada la foto que todo presidenta/e quieren. 3.-Sindicalistas de la burocracia fascista que invaden los clubes para apoderarse de ellos y de buena parte del pase de los jugadores (¿o quiénes se creen que ponen la plata en Independiente?). Tan mala es la frase que se emparenta con otra que suena un poco menos: “no tenemos que hacer periodismo de periodistas”. Ambas aún no han sido derrotadas. Entonces, sin mayor entusiasmo, las tiras deportivas en las radios, los programas de TyC o Fox o ESPN, relatan con frialdad noticias como boicots, aparición de banderas políticas en los estadios, declaraciones en contra de todo tipo de barbarie. Nada de lo humano (es decir, de lo político) parece conmover a los periodistas del deporte para quienes todo evento, todo campeonato, todo torneo, debe transcurrir dentro de la famosa burbuja. Consecuencia uno: avalan las sanciones deportivas a cualquier deportista que se expresa políticamente (clásico acto de censura cometido por la mayoría de las asociaciones deportivas). Consecuencia dos: se admite que las camisetas de los clubes lleven diecinueve marcas y quinientos slogans comerciales, pero no hay posibilidad de que un futbolista se coloque una camiseta blanca con leyendas de repudio a gobiernos o dictadores. Consecuencia tres: el desagradable silencio de los periodistas que nunca le dicen a sus lectores o a sus oyentes de cuál club son hinchas, a qué partido político votaron o dónde han puesto la ficha de afiliación. Nada casual, por ello, ha sido la acotación de Horacio Pagani en radio Mitre y frente al “apolítico” de Gelblung: “siempre nos juntamos a cenar con el Coco Basile y Mostaza Merlo. Hablamos de todos los temas, menos de política”. Lo más cómico es que pretenden que ello sea considerado una virtud.
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Por: Pablo Llonto. Curiosas sentencias recorren las redacciones. En algún momento de la historia del periodismo deportivo alguien expresó: “el deporte no se debe mezclar con la política”. Esta semana, durante el programa de Mauro Viale en radio Rivadavia, se escuchó el inagotable latiguillo al momento de comentar una noticia: a la tenista israelí Shahar Peer no se le concedió la visa para ingresar a los Emiratos Arabes y competir en el torneo de Dubai en protesta por la masacre de Gaza.
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