(Nota de los editores: Les advertimos a los señores lectores que esta nota fue escrita por el mismo descerebrado que publicó anteriormente “¿Por qué Charly debería morirse?”. A pesar de las repercusiones negativas e insultantes de aquella columna, al parecer, el autor insiste y disfruta con esto) Por: Cicco. ¿Por qué nos gusta tanto que la gente vuelva? Y por qué nos importa tan poco en qué estado regresa la gente que vuelve. A mí me gustaba Michael Jackson, pero si me lo trajeran a cantar en el estado que se encuentra hoy, preferiría ir a ver un show de Los Pibes Chorros.
Pero no importa. Es nuestra manía. Nos gusta ver más gente de vuelta, que gente en su pico de éxito. ¿Por qué? Y, bueno, ¿por qué se cree que estoy escribiendo esta columna? ¡Yo tampoco entiendo nada!
La Argentina es un país de vueltas: los regresos de bombo y platillo de Perón –incluso de muerto, el proyecto de regresarlo a la quinta de San Vicente-, las idas y vueltas de Evita embalsamada, las campañas por repatriar a Maradona al fútbol, la vuelta de Andrés Calamaro o lo que quedaba de él. Y ahora, el gran regreso del nuevo siglo: la vuelta de Charly García, con todas sus piezas dentarias en su lugar, y milagrosamente gordo.
Se lo ve bien a Charly, desde que dejó la tomatina. Sin embargo, yo tengo una teoría más bien mezquina al respecto: no me importa lo hecho pelota que esté el artista, quiero que saque buenos discos. Si se muere en el intento, que se joda. ¡Le pasa por elegir esa carrera! Se hubiese hecho cocinero o verdulero o corredor de cien metros llanos. Ahora bien, si elige ser artista, yo lo quiero ver arder frente a mis ojos.
De esto se trata ser espectador, ¿no es cierto? No lo quiero ver a Sandro en silla de ruedas con máscara de oxígeno a la espera una donación de órganos, lo quiero moviendo la pelvis hasta que se tuerza para siempre. No quiero a Sabina recuperado y sobrio. Lo quiero borracho y hundido. Así soy yo. Sé que es una hijaputez, lo entiendo muy bien y no pido aprobación por esto. Pero, por lo pronto, hasta que a Mariano Mores no se le envuelva en llamas el peluquín, yo voy a estar ahí esperando. Esperando el momento.
Una vez, ví cantar al Polaco Goyeneche en un restorán de Mar del Plata. Estaba tan estropeado que temblaba como loco y se sentó a la cabecera de mi mesa, a un tenedor de distancia. Goyeneche nunca se había ido. Había exprimido sus cuerdas vocales, su vida, y su temblor hasta que se apagó definitivamente. Un ejemplo.
En cuanto a García, es verdad, Palito ha hecho milagros con su recuperación pero, ¿escucharon el nuevo tema? Los periodistas se cubren la cara, ni quieren hablar de eso. Prefieren hablar de su vuelta. Mientras en la radio suenan los grandes hits de Charly, de su etapa donde era un alfeñique, parecía a punto de morir de un instante a otro, tragaba montañas de cocaína, los médicos no le daban ni medio día de vida, y componía como los dioses.
No hay que abrigar grandes expectativas en relación a la gente que vuelve. Si se ha ido en algún momento, por algo habrá sido. Déjenlo ahí. Todas las historias de horror hablan de la imposibilidad de que alguien vuelva. Siempre que vuelve, tiene, como mínimo, dos extremidades a las que hay que rociar con desodorante de ambientes.
Por eso les digo: toquen, muchachos, toquen hasta morir. No hay tiempo para volver. La salud puede esperar. Nosotros no.
El humorista David Rotemberg integra el equipo de La Cornisa Radio y todas las semanas presenta temas musicales que integran el certamen denominado Ranking Ganando Amigos de Rotemberg Discográfica. Cada viernes el ránking hace subir y/o bajar de puesto a los temas musicales según suban o bajen las noticias. Grandes melodías, y las mejores letras para retratar de manera humorística la Argentina de hoy. A continuación, el audio completo de la canción: CALLE 80.000 (de El Pitbull D’Elía)