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SOBERBIA: El de la soberbia es, quizá, uno de los más repetidos: el orgullo, la altivez o el apetito desenfrenado de ser preferido por encima de los otros se puede adivinar en cada redactor que utiliza sin necesidad la primera persona, o el que usa a la figura de turno como trampolín para su propia carrera. PEREZA: La pereza es un mal que se viene acrecentando en los últimos años: conozco a pocos cronistas o productores que se tomen el trabajo de ir a buscar a un personaje o una fuente. En general, llaman por teléfono una o dos veces y en seguida abandonan. Si la mayoría del periodismo argentino no fuera tan perezoso, habría más Skanskas y el Presidente no tendría más remedio que responder preguntas frente a periodistas de verdad y no ante movileros pícaros o artistas de variedades. GULA: La gula es otro de los pecados que resultan demasiado evidentes en días como el de hoy: los cócteles parecen una orgía berreta donde decenas de colegas se abalanzan hacia la comida y la bebida, en medio de frases rimbombantes. IRA: La ira es el estado de ánimo presente en muchos periodistas políticos y también deportivos, que usan la pluma o el micrófono para vengarse de cierta fuente o personaje que no lo atendió como él esperaba. AVARICIA: La avaricia como afán de poseer y atesorar riquezas habita entre quienes piensan que el periodismo es un salto directo a la fama, y se da más en profesionales de la tele y de la radio, aunque tampoco es ajeno a los exponentes del periodismo gráfico. ENVIDIA: La envidia es quizá el rasgo mayoritario de los periodistas de todas las disciplinas, las edades y formatos. Para un periodista no hay nada peor que otro periodista al que le va bien. LUJURIA: La lujuria no es algo sobresaliente o que se repita entre los colegas. O por lo menos en los que tengo el gusto de conocer. Es una lástima, estarían más relajados y menos pendientes de lo que hace el otro. Opiná sobre esta columna en nuestro libro de visitas (Abierto al público) |
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Por: Luis Majul. Los siete pecados capitales que compiló el Papa Gregorio I en el año 600 no son ajenos a la mayoría de los periodistas argentinos, incluido quien esto escribe.



