Por: Pablo Llonto. Marcelo Bielsa, el hoy endiosado director técnico que brilla en Chile, debió envidiar el momento en que el plantel argentino cantaba en el Centenario: “No me importa lo que digan esos putos periodistas/ la puta que los parió”. Fue Bielsa uno de los hombres más castigados por el periodismo argentino cuando la eliminación fue realidad en el Mundial 2002. Nunca se le perdonó, entre otras cuestiones, su democrática obsesión por tratar a toda la prensa, de la misma manera.
Este puto periodismo (algún día los argentinos, periodistas, jugadores, entrenadores dejaremos de usar puto como insulto y símbolo de dominación cultural y discriminatoria), hoy se arrastra por una nota con Bielsa evitando criticarlo ya que ha triunfado en el Monte Olimpo de las clasificaciones.
Este puto periodismo, moralmente inflamado por los dichos de un Maradona auténtico, no admite que las mamadas y chupadas fueron posteriores a una danza en el estadio uruguayo donde los amigos futbolistas, y médicos, y dirigentes, dedicaban su victoria...a todo el puto periodismo.
Este puto periodismo, cansados estamos de repetirlo, desvió su camino hace largo rato y construyó un mundo de estrellas y megaestrellas ejerciendo la celestial tarea de elevar ciudadanos a categorías indomables. Hoy es tarde. Las estrellas entendieron muy bien el mensaje. Cuando se gana, hay impunidad.
El puto periodismo cree que somos la garantía de la pureza, de la excelencia como directores técnicos, y entonces arribamos, un día, al ancho mundo de la crítica más estúpida. Por ejemplo, hacerle creer a una sociedad que los “cuatro fantásticos” existen, que en el deporte sólo valen quienes más tienen y en ocuparnos – exclusivamente- de hombres y mujeres que suben al podio.
Afortunadamente, el puto periodismo tiene excepciones, y el orgullo que sentimos de escribir en Un Caño, la revista en que ningún editor se queja por dedicarles cuatro páginas a los futbolistas amateurs de Neuquén que trabajan en una fábrica de cerámicas y luego se entrenan en el equipo de Centenario. O el placer de leer una nota sobre el tema Maradona de Alejandro Wall.
Al puto periodismo, mientras tanto, le han dicho el miércoles que se deleite con prácticas heterodoxas; y entonces, aparecen los bien educados, los dueños de las palabras, los que creen que sólo el periodismo puede criticar y, especialmente, quienes insisten en pedir que Maradona sea quién no es. A ellos les encantaría un Maradona diez en jugadas, diez en vocabulario, diez en Historia, diez en Política, diez en dirección técnica, diez en urbanidad, diez en modelo empresarial, familiar, religioso.
Luis Ventura, baluarte de la valiente prensa de las siliconas, le respondió a Diego en su corajudo programa: "El que dice eso es porque sabe lo que es tenerla adentro..."
Pero el puto periodismo no tiene tiempo para encargarse de Ventura.
Es que el puto periodismo está ocupado en hacer encuestas (Clarín.com) para que la escandalizada clase media diga que repudia las expresiones de Maradona. Pobre clase media, tan ocupada que anda en llegar a tiempo al televisor, por las noches, y apreciar los alfabetizantes momentos del programa de Tinelli. Allí donde una vagina en la cara, una mamada o un anus coitus forman parte de la extraordinaria cultura argentina.
El humorista David Rotemberg integra el equipo de La Cornisa Radio y todas las semanas presenta temas musicales que integran el certamen denominado Ranking Ganando Amigos de Rotemberg Discográfica. Cada viernes el ránking hace subir y/o bajar de puesto a los temas musicales según suban o bajen las noticias. Grandes melodías, y las mejores letras para retratar de manera humorística la Argentina de hoy. A continuación, el audio completo de la canción: CALLE 80.000 (de El Pitbull D’Elía)