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Mientras aguardamos que ello ocurra en la Argentina, nos vamos un rato nomás a los selectos lugares del mundo donde, al parecer, hay colegas que andan involucrándose. Qué decir por ejemplo de la señorita irlandesa Geraldine Comiskey, trabajadora del sensacionalista Sunday World, que se pasó una tarde en la playa de estacionamiento del Barcelona, a la espera del francés Thierry Henry. La chica llevó una pancarta, de dos metros, con la foto de Henry y un texto enorme que el hombre más odiado en Irlanda debía firmar: “"Pido perdón. Yo, Thierry Henry, me disculpo ante el pueblo irlandés por utilizar mi mano para eliminarlos de la fase final del Mundial". Por supuesto que a la dama no le dieron ni la hora. Henry se subió a otro auto, la dejó de seña y el episodio corrió de lado el eje del protagonismo. Las notas y los pedidos de entrevista, de allí en más, fueron para la muchacha y no para el pobre Henry, quien al parecer hace todos los esfuerzos para que el partido se juegue de nuevo, pero en al FIFA no están muy dispuestos a desangrarse por un acto de justicia. O qué decir de los colegas uruguayos de la empresa Tenfield, algo muy parecido a la inmaculada sociedad denominada Torneos y Competencias, que anduvieron peleándose con el banco de suplentes de Costa Rica durante la final del repechaje. Ellos, los de la pechera con la enorme letra T que los identifica (cualquier semejanza con los nuestros es obra de su bodega o de su imaginación), demostraron que cuando hay que poner la garra celeste en juego y hacer combate contra los atrevidos ticos, no hay más que proponérselo y dar. De esa manera se obtendrá un bonito acto de interrupción del encuentro, televisado por supuesto, para que los aficionados puedan saber qué es aquello del periodismo que se juega la vida. Cada cual tiene su modelo de periodismo, y cada cual también su modelo de deportista. Es cuestión de elegir nomás. Nosotros estamos aún buscando una foto, un dibujo o una carita de Manolo Hidalgo, jugador del Atlético Madrid B que allá por 2001, en el partido en que su equipo jugaba ante “El mensajero” y él estaba a punto de marcar un gol cuando sólo faltaban segundos para el final, mandó la pelota a un costado para que atendieran a un rival que se encontraba tirado en el piso. Con ese gol, convertido en el minuto 90, Atlético Madrid B hubiese ingresado a la Liguilla del ascenso español. Manolo Hidalgo hoy, a los 27 años, juega en el Burgos y no hay quien lo espere ni en la playa de estacionamiento ni en la parada del colectivo. Hoy, como ustedes ven, estamos internacionalistas. Que lo que hay aquí, caramba, nos ha cansado un poco.
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Por: Pablo Llonto. Llevamos mucho tiempo reclamándole al periodismo deportivo que se involucre en la vida, en los asuntos cotidianos; que genere hechos originales, notas distintas...que mueva el cuerpo, en fin.
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