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Todos estos títulos sucumben sobre la cabeza de Rosendo Fraga, el hombre cuya empresa de encuestas anunciaba, el pasado viernes en la página 59 del diario Clarín, que Caselli, ganaba las elecciones en River con un 30 por ciento de votos, luego de dilapidar millones en la campaña política más cara en la historia del fútbol nacional. Caselli no llegó al 20 por ciento, salió tercero. Y las estadísticas y mediciones Fraga se deprimieron otra vez bajo la prepotencia inclaudicable de la verdad. Qué historia vieja y grotesca es la de los encuestadores fracasados a quienes los medios y los periodistas les siguen prestando atención. En estos tiempos, la gestión de los aventureros que dicen palpar el saber de las masas, también se ha vuelto frecuente en el ambiente deportivo. No agotados con los desaciertos en la política nacional e internacional, vinieron de acampe en las elecciones de los clubes. Y los pichis dirigentes y los pichis periodistas deportivos, detrás de ellos. Sobándoles el lomo, y el órgano que más placer les brinda: la billetera. Ojalá que el desacierto consumado en Nuñez brinde la oportunidad histórica de revalorizar otros atributos que el periodismo ha perdido, en mano de los encuestadores-periodistas. La muerte del periodismo de investigación en la Argentina ha logrado que los medios de comunicación se dediquen a reproducir números y textos de consultores, dueños de bolas de cristal o cartomaníacos. ¿Cuándo fue la última vez en que un equipo de periodistas, guiados por un buen plan de investigación, se lanzó a las calles a saber las razones por las cuales los votantes se inclinan hacia uno u otro lado? Hoy, todas estas limitaciones conceptuales y prácticas de nuestra prensa, impiden que podamos concretar algunas fascinaciones de nuestra profesión. Ejemplo: aquello que podríamos llamar el diálogo con el mundo real. Esto de que los periodistas nos hagan ver aquello que les queda más cómodo (sentarse en las redacciones a Googlear, llamar a jefes de prensa, consultar a los encuestadores), o aquello que les conviene, se ha puesto tan de moda que la verdad anda ninguneada y humillada. En cierta oportunidad de alguna década pasada Eduardo Galeano llamó a estas cosas el “Ojo del Cíclope”. De todo lo demás que sucede, los poderosos no ven nada. La patinada número no sé cuanto de Fraga es otra muestra típica del mundo del mercado y del marketing. Las clases altas del periodismo no le retirarán el saludo, ni dejarán de llevarlo a sus programas, ni de llamarlo por teléfono para preguntarle pa’ que lado va el mundo. Tal vez por obtusos. O por ignorantes. O porque nunca leyeron aquel reportaje a un encuestador, cuando le contestó al periodista: “¿Qué? ¿Y acaso ustedes nunca han escrito una nota sin tener información? Nosotros hacemos lo mismo”.
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Por: Pablo Llonto. Consultor, politólogo, periodista, encuestador, analista político, premio Konex, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, columnista de La Nación, de Clarín, abogado, historiador, miembro de la academia de Historia y última pareja de Mónica Gonzága, la actriz que supo brillar en la película “Mírame la palomita”.
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