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PASTILLAS PARA ENTENDER... LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL
El tamaño de nuestro infierno

Violencia en el FútbolPor: Pablo Llonto. Lunes. Día de furia. Locutores y periodistas de TN y Canal 13 se esmeran en comentar los hechos en Mataderos. Una y otra vez señalan que la policía tardó muchísimo en reprimir. Luego, dicen lo contrario: se asombran, y mal, porque la policía dispara balas de goma en la General Paz para separar a los batallones de Chicago y Tigre.

Lunes, otra vez. Mis ojos se confunden y creen ver a Mauricio Macri en el noticiero de Fox. No, no es Mauricio, me advierte un amigo, es Martín Liberman. Debe ser la frase que ha pronunciado: “La policía está atada de pies y manos”.  No lo quiere decir, pero lo dice: más represión en los estadios.
 
Martes. Magdalena Ruiz Guiñazú admite su ignorancia sobre el tema barras bravas en la mañana de radio Continental. Víctor Hugo, con inteligencia,  le llama la atención y le advierte la contradicción de un Macri, a quien Magdalena acaba de entrevistar, que habla de violencia pero al mismo tiempo apaña a Julio Grondona. Víctor Hugo le recuerda a Magdalena que Grondona preside la AFA gracias, entre otros, a Macri.

La ex integrante de la Conadep, que por entonces no podía explicar cómo el estado argentino fue capaz de imponer el terrorismo de estado en la Argentina, imita ahora a Liberman y  pide, si fuera posible, mayor vigilancia policial a las cinco de la mañana para que ella no tenga miedo de recorrer la avenida Rivadavia cuando se dirige a la radio. Va más allá: pone el añejo ejemplo de los hechos de la legislatura (la protesta de vendedores ambulantes y travestis) diciendo que aquella vez la mano dura debió ser ejemplar.

Un experto en Derechos Humanos habla en Madrid sobre la Argentina de hoy: “La vinculación entre los delincuentes, los policías y los políticos son muy estrechas. Es imposible implementar los programas sobre el terreno". Es chileno, se llama José Miguel Vivanco, y es el director de Human Rights Watch para América Latina.

Marcelo Tinelli se suma a los opinadores sobre violencia en el fútbol y ha olvidado un detalle: el animador Marcelo Tinelli colmó la tribuna de Showmatch, dos semanas atrás, con la barra brava de San Lorenzo para que sirvieran de comparsa a su festejo bien privao y bien pagao de los campeones del Clausura.
Ya, ya, ya y ya…reflexionarían los humoristas mexicanos. ¡Ya basta!

Si lo estiman conveniente, los editores de Hipercrítico pueden utilizar la columna enviada por este hombre ingenuo, a manera de prueba, en los cálidos instantes de febrero, cuando esta página era un sueño. Se trataba de una columna ya publicada, que copiaba a otra columna escrita meses atrás, que copiaba a otra columna escrita años atrás, que copiaba a otra columna…

Se reproduce a continuación un texto escrito por Pablo Llonto en febrero de 2007 sobre la violencia en el fútbol:

YA ES TARDE, LA PELOTA SE MANCHÓ

La palabra barrabravas da paso a un lugar común, y éste al siguiente y al siguiente. Usted sólo debe ordenarlos, a su gusto.

¿Listo?

Tiene ahora en sus manos el “Manual del perfecto periodista deportivo”. Muy pronto, y con algo de asombro, usted verá que su reciente creación será utilizada por conductores de programas, columnistas dominicales, sociólogos y por un memo de apellido Gelblung; entonces se dará cuenta de que la originalidad no es su fuerte.

Todo ha sido dicho, todo ha sido escrito sobre la violencia en el fútbol. El asunto es que el periodismo argentino lleva (llevamos) tres décadas de verborrea, mientras pasan los funerales, los navajazos y los tiros.

Lea esto, por favor:

“… se necesita que todas las partes involucradas, desde los jugadores hasta los jueces, pasando por los dirigentes, policías, funcionarios y público, respeten y hagan respetar del modo más adecuado las reglas existentes”.

Y ahora esto:

“… falta determinación para aplicar remedios eficientes. Y no es que no los haya. Desde la aplicación del derecho de admisión o las multas bien severas a los clubes complacientes con sus barrabravas hasta la aplicación de la normativa penal vigente y la lisa y llana suspensión del fútbol profesional".

Se trata de los dos últimos editoriales sobre el tema (febrero 2007) de los diarios más importantes de la Argentina; el de la cornetita y el de las vacas. No importa que le digamos cuál es de cuál. Da lo mismo.

Son la nada.

Las últimas noticias sobre violencia en las canchas dan cuenta de lo mismo que daban cuenta hace largo tiempo. Sólo que las noticias se han multiplicado y ahora llegan desde todos los clubes, incluidos los del ascenso patagónico, y desde todas las provincias.

Es decir, todo fracasó. La ley, el decreto, la policía, Castrilli, el Coprosede, diputados, senadores.

Alguien a esta altura ya debería decir lo que ocurre: ¡No hay forma de detener la violencia en el fútbol!

No la hay.

¿Es esto un acto de pesimismo kafkiano?

De ninguna manera. Pero si no arrancamos admitiendo la verdad, jamás veremos el problema.

El periodista brasileño Arnaldo Jabor armó un reportaje ficcionado a Marcos Camacho (Marcola), líder del Primer Comando Capital (PCC) que maneja el narcotráfico en las favelas de Sao Paulo y logró un breve impacto. El Marcola virtual, ante la pregunta de si había alguna forma de solucionar el tema de la violencia y el tráfico de drogas en Brasil, respondió que no y agregó:

Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnostico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía... ¿Qué hicieron? Nada. Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: “Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno”.

¿Qué tal si los periodistas en vez de averiguar si Aguilar declara en el parlamento les reclaman a los diputados que llevan a Di Zeo y a Alan? Sin ficcionar. Y televisen en directo y por cadena nacional. Que les pregunten cómo harían ellos para solucionar el asunto de la violencia en las canchas. Con tres horas seguidas frente a un micrófono sabríamos el tamaño de nuestro infierno.

Y sabríamos que a nuestro infierno lo alimentó el sistema. Alimentó la “violencia en el fútbol” y también alimentó aquello que conocen como “inseguridad”. ¿Querían competencia despiadada, consumo, fanatismo, merchandising, el aguante, pasión de multitudes, nacionalismo, zapatillas de 400 pesos, cantos agresivos y simpáticos contra el rival? Ahí lo tienen.

¿No vieron la foto del domingo pasado en que un niño, con el dedo en posición de “¡morite ya!”, provoca a la tribuna contraria mientras sus amigos del tablón incendian una bandera rival?

Busquen en el archivo de Clarín una nota – veinte años atrás – titulada “Hasta el próximo muerto”. Y en El Gráfico de mediados del 2000 una tapa en blanco y una serie de artículos en los que se explicaba que la intolerancia forma parte de la sangre de nuestro fútbol y que no hay retorno. Antes daban la vida por Perón o por el socialismo, ahora dan la vida por una camiseta que dice “Red Megatone”.

Quienes andan preocupados por el récord argentino de accidentes en las rutas y en las calles, aún no saben qué pasó en este país. ¿Serán imbéciles o no conocen que los autos no se fabrican con topes de velocidad de 120 km/h? ¿No saben que el semáforo rojo en la provincia de Buenos Aires ya no quiere decir alto sino “pase”? ¿Se acordarán tarde que a la educación vial hay que enseñarla desde pequeños y que para eso se necesita una sociedad que no se preocupe por las carreras de autos, el auto último modelo y cómo sacarle el jugo a los choferes?

La historia de nuestro fútbol se acerca a los doscientos muertos. Y a Magdalena Ruiz Guiñazú, por radio Continental, le interesó saber, hace unos días, si el presidente de River, Aguilar, debía cuidar su imagen viniendo de Punta del Este en los calientes días de la batalla de los quinchos.

Ya no es más el tiempo (fácil tiempo) de echarles la culpa a dirigentes, políticos, relaciones con las barras, PJ, UCR, negociados. Está todo podrido.

La fábrica de barrabravas ya no está en las tribunas, está más abajo.

¿Quieren cambiarlo?

Sí que se puede…

Empiecen de nuevo. Preocúpense por crear una sociedad en la que los valores fundamentales sean humanistas, la justicia y la igualdad, el desinterés por lo material y donde el deporte, y más precisamente el fútbol, ocupe el lugar que tiene que ocupar. Que no es precisamente el lugar que tiene ahora.

Un día, se sorprenderán por la novedad: "¡Se ha jubilado el último barra brava!".

O sigan comprando camaritas de TV, policía adicional, alambrados, seguridad privada, brigadas de perros, ambulancias, coches fúnebres…  

Pablo Llonto

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