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Si les horroriza tanto la muerte, ¿por qué no hacen algo para eliminarla por completo de la faz de la tierra y se enrolan en las huestes de la Madre Teresa? No quieren ver la muerte porque es íntima, pues ¡prohíbanla por decreto! Pero la muerte es ella y gusto en conocerla, para combatirla; y en esta sociedad enferma y capitalista, que ha convertido al espanto en su cara preferida, mostrar la muerte dura, roja, pálida, ahorcada y con ojos amoratados es la primera etapa de la verdad. La segunda, la que no se cumple, es contarles a los televidentes por qué ocurren las muertes. Aquellas fotos de la nena vietnamita huyendo desnuda de la bestialidad estadounidense de las bombas de NAPALM; las de los niños biafranos o las del Che, reclamando justicia sobre el mármol de Vallegrande...todas eran fotos de muerte. Pero al menos, a aquellas fotos se las trató de explicar. Explicar a Dalmasso muerta, evidentemente no se le ocurre a nadie. Ni siquiera a los del noticiero de América, presos de un debate falso que los envolvió en los días previos: ¿Es ético mostrar las fotos? Dan risa. ¿O será que cada vez que presentan fotografías de ladrones pobres acribillados en el piso, cadáveres volados por un tanque yanqui o restos humanos seccionados por los ciudadanos-bomba que combaten al ejército de Israel se plantean la ética? Dalmasso, deberían decirlo, también ha sido víctima de esta sociedad. Sea quien sea su cobarde asesino, la mató un mezcladito de ambiciones, egoísmo y locura de satisfacciones que se resume en aquello que nos enseñan desde cada publicidad: “olvídese del otro, goce y disfrute a cualquier precio”. La ética no pasa por mostrar o no mostrar la muerte, el desnudo, el sexo, la cámara secreta, el dedo rascándose el culo. La ética pasa por contar la verdad a la gente y el por qué ocurren las cosas. Exponer las fotos de un cadáver, es lo de menos. Delito, mal gusto, y falta de ética es mostrar la cara de Sofovich todos los días y que nadie haga nada. La extraordinaria Susan Sontag había señalado que mucho de lo que sabemos de los campos de concentración nazi se debían a las fotos y a las películas en las que se veían cadáveres apilados, ropa en cerros, y los tubos de las cámaras de gas. Cuánta razón bella Susan, cuando pedías que no nos quedásemos de brazos cruzados. Sí, la señora de Río Cuarto es la que vieron en pantalla. Si todos los días los noticieros mostraran media hora de cadáveres por edición, incluyendo a los niños desnutridos que siguen desfilando por las morgues de Formosa o Tucumán y explicaran por qué ocurre ello, alguna gente dejaría de votar a Macri, que es lo mismo que votar a sus verdugos. Y muchas mujeres de la Argentina vivirían sin un asesino al lado. O consulten a los españoles, que hace un tiempo descubrieron que los muy machos se cargaban a las novias y señoras después de que la racha de víctimas golpeadas se mostró en los plasmas. |
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Por: Pablo Llonto. Se horroriza La Nación, se horroriza el ex interventor del Comfer, se horroriza nuestro querido compañero Sebastián. ¿Quién más quiere horrorizarse por ver las fotos del cadáver de Dalmasso en la TV? Desde que a la revista Gente la condenaron judicialmente por exhibir en tapa al moribundo Balbín en una clínica, ciertos teóricos del periodismo argentino y una infinidad de cuervos diplomados en nada, sostienen una obsesión llamada "derecho a la intimidad". Repiten, sin cesar, que "nadie tiene derecho a mostrar imágenes del ámbito privado". Como siempre, a los catedráticos les falta coherencia y les sobra mala verba y ahora ponen el grito en el cielo por las fotos de Nora Dalmasso, muerta.



