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Kirchner & yo pertenece a lo que ya es casi un género. Ahora, si estamos de acuerdo en que ningún género es malo en sí mismo, esto sería, en realidad, más un nicho de mercado. La definición podría ser esta: “Ensayo blando sobre la actualidad para que usted, que de política no sabe nada y no quiere aprender, se indigne junto al autor de lo mal que se hacen las cosas en la Argentina.” Me costó terminar de leer Kirchner & yo. ¿Por qué? Porque la mezcla de arrogancia insolvente e ingenuidad política de Fernando Iglesias me superó. Una de dos: o es un cínico, o es un extraviado. Seguro, es un anacrónico. Si quieren una reseña, esperen sentados a que Ñ diga que el libro es fenomenal. No voy a resignar mis prejuicios y mis arrebatos porque a un “especialista en globalización” me somete a semejante bodrio para imponerme los suyos. Dedicatorias y un epígrafe El libro tiene tres dedicatorias. La primera es, correcta, al padre del autor. La segunda dice así: “Al periodista turco-armenio Hrank Dink, condenado a prisión por los tribunales turcos por el 'ultraje a la identidad turca' y asesinado después por un nacionalista turco debido a la lucha por el reconocimiento del genocidio armenio en su patria, Turquía”. Este es, si ustedes no lo saben, el guiño progre que refresca la errada idea de que periodista perseguido, periodista que tiene razón. El gesto, es un poco desmedido, hay que decirlo, porque si Hrank creía en el cielo y ahora está ahí, cuando le traigan el recado lo mínimo que va a experimentar es sorpresa: “¿Algentina? ¿Pelo si a este poble tulco no lo conoce nadie en la Algentina?” La última dedicatoria es bastante cursi y, de paso, abre el paraguas: “Y a todos los que no confunden el amor por un país con la adoración de sus defectos”. (Me da la impresión de que lo cursi aparece en el libro cuando Iglesias se cansa y necesita un sobresalto para despertarse. ¿Cómo es posible, si no, que escriba que la Argentina es “desde hace ya tres cuartos de siglo, el más incomprensible de los fracasos colectivos de la humanidad?") El epígrafe principal de Kirchner & yo dice así: “Que Dios no permita que veamos nuevamente el insensato, el inmisericorde, desastre ruso”. La frase atribuida a Alexander Pushkin, es una clara amenaza. El desastre ruso, otro guiño cosmopolita. Lo peor, digamos, de un gorilismo ciego al cual el libro no puede ni quiere escapar. La gata flora del antiperonismo La gran invención retórica de Iglesias es señalar a Kirchner como paradigma de un peronismo no peronista para luego clavarse una afirmación digna de un drogadependiente: “(...) no hay en el mundo alianza de poder más similar al peronismo que el Partido Republicano de los Estados Unidos”. Como todo buen antiperonista, Iglesias es una gata flora extrema. Lo que hace, finalmente, es refritar viejas consignas para consumo fácil de la clase media antipolítica actualizadas a Kirchner. Critica el corto placismo, el exitismo, los pactos secretos, el arribismo, poniendo a funcionar así toda la artillería de aquellos que rascándose la cabeza en un bar dicen: “Si en este país las cosas se hicieran bien, estaríamos mucho mejor”. Sin embargo, en el gesto de repetir viejos argumentos aggionardos, o viejos argumentos banales a secas, Iglesias ni siquiera comprende del todo las clásicas, y a veces muy justas, críticas al peronismo histórico. Su antiperonismo tiene gusto rancio y es estéril. Desde todo punto de vista se vuelve intragable porque ya fue masticado sin digerir mil veces en la ensayística de denuncia argentina. Ahora, descubriendo la pólvora, como todo buen gorila free-lance, en algún momento de su argumento, Iglesias pasa de atacar a la clase política para sentenciar directamente a la sociedad argentina, la cual, intuye, también es peronista: “Kirchner -escribe- puede estar escindido entre su discurso y su práctica, pero el verdadero doble discurso nacional es el de la propia sociedad argentina”. Platero y yo y el escarnio En Platero y yo de Juan Ramón Gimenez la relación con el burro era íntima, táctil, de máxima proximidad: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón”. Por el contrario, ¿qué intimidad tiene Iglesias con Kirchner? Lo más cerca que el autor de Kirchner & yo estuvo del Presidente es mirándolo por televisión. Su libro, de hecho, es muy televisivo. “Por qué no soy kirchnerista”, el subtítulo, genera una respuesta atravesada, casi automática: ¿Y a quién le interesa lo que sos o lo que dejás de ser, Iglesias? El juego de la oposición, que, por lo general es muy redituable, se puede hacer de formas más complejas y sutiles que las ofrecidas en Kirchner & yo. Pero Iglesias no tiene el talento ni la precisión ni las herramientas dialécticas ni el curriculum para ponerse a la altura de este Presidente. Ni de ningún otro. Ah, y además el libro trae un par de cuadros sinópticos que funcionan como fetiche legalizador de la coherencia y la seriedad del autor. |
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Por: Juan Terranova. Kirchner & yo, por qué no soy kirchnerista es un libro predecible que juega el viejo y redituable juego de la oposición. Su autor, Fernando Iglesias, despliega una larga lista de críticas a Kirchner entre periodistas turcos, nichos de mercado y la gata flora como símbolo del antiperonismo ramplón. 



