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También lo fue porque esa tarde admitió por primera vez, en público, el serio mal neurológico que ya le había paralizado un brazo y todavía amenaza con extenderse a todo el cuerpo. Al principio Fontanarrosa lo mencionó como al pasar, en el primer bloque, sin que se lo preguntara. En el corte le pregunté si deseaba, de verdad, hablar del asunto. Él me respondió que era mejor sacar el problema para afuera y creo que hizo una broma sobre la posibilidad de lograr alguna cura milagrosa que eventualmente pudiera aportar un televidente de Hemisferio Derecho. Días más tarde, luego de ser emitida la entrevista, una persona envió un mail con información sobre la enfermedad del Negro y algunas terapias alternativas que, en teoría, podrían controlar el mal. En seguida empezaron a aparecer notas sobre Fontanarrosa y su extraña enfermedad en los principales medios masivos nacionales. Todos los que trabajamos en Hemisferio y en este libro esperamos, de corazón, que encuentren la cura y Roberto se recupere cuanto antes. Por mi parte, haré lo que aconseja el propio Negro frente a estos casos tan incómodos: reírme con ganas ante cada una de sus ironías, saborear el remate del cuentito apenas esté llegando y ponerme de pie ante sus más disparatadas ocurrencias. -Es el mejor homenaje que me pueden hacer mientras peleo contra esta enfermedad de mierda- me dijo antes de despedirnos. Hago la extensiva la invitación a todos los lectores". *De Confesiones Argentinas. Un viaje por el alma de las personas que admiro. |
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