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Señores de Hipercrítico: Como oyente de radio y televidente, muchas veces me sorprendo de ciertas notas. A veces con admiracion y otras con bronca, lo cual es absolutamente normal. En esta oportunidad, motivo por el cual redacto estas líneas, me veo involuntariamente afectado por la presión desmedida, irrespetuosa e ilimitadamente peligrosa del periodismo. Mi esposa, Elsa Martiniuk, fue victima de un intento de secuestro express en Olivos, cosa que ustedes ya saben. A partir del dia siguiente del hecho, y merced a la brillante accion policial, el número de nuestro telefono es entregado a la prensa, y comienza la accion. Elsa, intentando reponerse del trauma psicológico sufrido, no quería hablar con nadie, a pocas horas del hecho. Fue por eso que me llamó al trabajo, antes del mediodía, para que fuera a casa para atender a los periodistas. Resumiendo, doy dos notas a los movileros, que habían literalmente copado la cuadra. Luego, les pedi, con absoluto respeto de sus trabajos, que ya era suficiente, y que nos permitieran, sobre todo a Elsa, descansar e intentar comenzar a olvidar. No fue asi, siguieron llegando todo el dia, incluso al dia siguiente a partir de las 5 de la mañana, 5.30, 6, 6.15 etc. Todos los programas radiales posibles creo yo. A todos les dije, que no eran horas razonables y que, ya era noticia vieja. Pero lo que mas me duele, mas aún que lo mencionado, es que en la nota de TN, expusieron mi casa, con numero y todo. Luego, en la nota de Clarin, calificaron a mi esposa como empresaria maderera. Yo me pregunto: ¿es necesario? ¿hace falta exponernos al deseo infinito de la delicuencia? ¿qué finalidad o importancia periodistica tiene esa exposicion? ¿Lo harían los respectivos directores periodisticos de esos medios con su familiares? Pidiendo disculpas por la redaccion apresurada, y no queriendo ser mas extenso aún, me despido y agradezco la posibilidad de expresarme. Javier Suárez |
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