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Ya es bastante torpe que alguien diga que lo que enuncia es objetivo, una ambición que no resiste el menor análisis. Cada uno expresa lo que puede y, por definición, lo objetivo queda fuera de nuestro alcance. Pero adjudicarle a la objetividad un punto de vista es algo que si no fuera producto de la ignorancia podría ser una paradoja genial, como las frases de Oscar Wilde o un chiste de Groucho Marx. Lo objetivo es, justamente, lo que trasciende todos los puntos de vista, lo que está más allá de ellos. Decir “desde un punto de vista subjetivo” es redundante; decir “desde un punto de vista objetivo” es contradictorio, de una forma tan genial que me da envidia que no se me haya ocurrido la frase a mí. Estuve un rato largo tratando de inventar una frase parecida en su estructura sin resultados apreciables cuando recordé un artículo de Jorge Luis Borges en Otras Inquisiciones llamado “Nueva refutación del tiempo”, un título que resume con creces lo que yo quería lograr y que Macri había empardado de un solo plumazo. En su nota preliminar, Borges aclaraba: “Una palabra sobre el título. No se me oculta que éste es un ejemplo del monstruo que los lógicos han denominado contradictio in adjecto, porque decir que es nueva (o antigua) una refutación del tiempo es atribuirle un predicado de índole temporal, que instaura la noción que el sujeto quiere destruir. Lo dejo, sin embargo, para que su ligerísima burla pruebe que no exagero la importancia de estos juegos verbales. Por lo demás, tan saturado y animado de tiempo está nuestro lenguaje que es muy posible que no haya en estas hojas una sentencia que de algún modo no lo exija o lo invoque.” Los dejo pensando, amigos, con la compañía de Macri y de Borges, una pareja tan contradictoria como las frases que estuvimos analizando. |
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Por: Gustavo Noriega. La edición del 19 de setiembre del diario Clarín, en su sección Correo de Lectores, incluye una 



