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La respuesta aparecía ya en el primer párrafo, que decía: “Dos hallazgos de dientes fósiles de simios muy antiguos, similares a los de los gorilas actuales, llevan a los científicos a replantear la evolución de los grandes simios y de los humanos.”. Lo que se ponía en duda entonces, no era la teoría de la evolución sino el relato acerca de cómo se diferenciaron en los últimos millones de años (10 ó 13, esa es la cuestión) los seres humanos de los grandes simios. La diferencia no es poca: el título de la nota sugería un triunfo de los creacionistas, los conservadores religiosos que luchan (con éxito) en los EE.UU. para poner en las escuelas al darwinismo en un pie de igualdad con la idea de que todas las criaturas fueron creadas por Dios en un único acto. Sin embargo, lo que estaba en cuestión era un detalle y para entender la disputa había que aceptar a la teoría de la evolución como la descripción correcta de los hechos que habían llevado a la aparición del hombre. O sea, todo lo contrario de lo que sugería el título. Para ratificar la idea darwinista de la ascendencia animal del hombre, algunos redactores titulando son unos burros. |
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Por: Gustavo Noriega. Una 



