ENTRE EL INDEC Y EL MINISTERIO DE CIENCIA Y TÉCNICA
Una paradoja extraordinaria
Por: Gustavo Noriega. La creación por parte del gobierno de Cristina Fernández del Ministerio de Ciencia y Técnica, al igual que el perfil de su primer titular, Lino Barañao, un científico de credenciales académicas intachables, son hechos que han sido saludados con beneplácito en diversos ámbitos. Más allá de que en la práctica la cartera logre buenos resultados o no, es un gesto interesante dotar a la investigación científica, tan maltratada habitualmente en nuestro país, de un rango ministerial.
Algunas de las expectativas favorables fueron cubiertas por nubarrones cuando el ministro hizo declaraciones que delataban concepciones anticuadas y poco felices. A poco de asumir, en una entrevista en Página 12, Barañao hizo una distinción entre las ciencias duras, como la que el proviene, la química, y las humanísticas. Dijo en aquel momento: "Insisto en que este cambio que queremos dar exige la participación activa de áreas humanísticas, desde la filosofía tradicional hasta la lingüística o la antropología. Pero a mí me gustaría ver un cierto cambio metodológico; estoy tan acostumbrado a la verificación empírica de lo que digo, que a veces los trabajos en ciencias sociales me parecen teología." La expresión no fue feliz y recibió la crítica de muchos sectores, desatándose una tormentosa polémica, principalmente en las páginas del mismo diario. Las diferencias epistemológicas entre las ciencias duras y las humanísticas son evidentes para casi todos y en los ámbitos del pensamiento se abandonó la idea de aplicar las reglas de unas a las otras hace varias décadas.
Pero más allá de esa gaffe –no muy lejana a las que tumbaron a un Ministro de Cultura de Macri antes de asumir-- hay otro problema en esas ideas. Hay un sector de las ciencias sociales que sí puede usar metodologías de las ciencias duras. Los datos de que se nutre, los elementos básicos sobre los cuales hacer interpretaciones, formular pronósticos, evaluar cambios en el tiempo, como le gustaría al ministro, son las estadísticas. Con lo cual llegamos a una paradoja extraordinaria. El mismo gobierno que ha llevado las ciencias a un rango ministerial y que, a través de la voz de su ministro, les pide a las humanísticas que usen la metodología de las ciencias duras, es el mismo gobierno que ha destruido el elemento básico para llevar a cabo esa acción. El gobierno de Cristina Fernández no ha modificado las condiciones que llevaron a cabo la destrucción de la confianza en el Sistema Estadístico Nacional. La sociedad civil ha quedado como espectadora en una lucha entre el ministro de Economía, Martín Lousteau que, como buen académico, sabe el desastre que se ha hecho con el Indec, y el súper Secretario Moreno, el villano de turno. Sin embargo, a esta altura, todos los miembros del gobierno de Cristina Fernández son cómplices, junto con los del gobierno de Néstor Kirchner, en la destrucción de la credibilidad del Indec. También son partícipes aquellos científicos o divulgadores de la ciencia, como Alberto Kornblihtt o Adrián Paenza, que han festejado la creación del nuevo ministerio sin hacer hincapié en la necesidad científica de recuperar al Indec. Ya no hay inocentes.
De todo esto queda algo interesante y es que de alguna manera las palabras de Barañao tienen un ejemplo concreto. Trabajar con las estadísticas que está proveyendo el Indec va a resultar para los científicos sociales que se nutren de ellas un verdadero ejercicio de teología.
"Les han tomado el pelo a los productores durante 40 días"
Por Hipercrítico. Luis Majul dialogó con Luis Juez en La Cornisa Radio (La Red AM 910 Lunes a Viernes de 16 a 18). Entre otras cosas, el político de la provincia de Córdoba se refirió al conflicto del campo y a la Presidenta y su marido; "Néstor y Cristina Kirchner parecen Adriana Aguirre y su marido: no se sabe por qué uno mete en quilombos al otro, aparecen en todos los diarios desmintiéndose"