EL MURO INFERNAL Y EL FORMATO JAPONÉS ORIGINAL: DIFERENCIAS ESENCIALES
La vigencia de los viejos bloopers
Por: Julián Gorodischer (nuevo columnista). El formato japonés de El muro infernal se llama Human Tetris, y puede tornarse adictivo en sus dosis de un minuto y medio en Youtube. Lo delicioso es ver cómo los nipones se preparan con tanto detallismo para encajar en el molde implantado en un muro que se desplaza hacia donde están; la mayoría de las veces, a pesar del intento, el muro se los lleva puestos. La caída de los participantes a la pileta, que llega pese al esfuerzo y la flexibilidad excepcionales, podría ser leída como una fábula sobre el fracaso y la necesidad de reintentar. En Human Tetris se plantea incluso una pedagogía sobre cómo autosuperarse para lograr poses difíciles como la grulla o el pelícano. Es aterrador pensar en los alcances que puede tener la deformación de un producto tan noble.
Human Tetris es breve, discreto, liviano… El muro que se ve allí es una pieza artesanal que fue decorada con un sutil trabajo de dibujo en tinta negra. El muro infernal retoma esos breves pases de comedia pero les suma una locución en off excitada-canyengue que quita singularidad, ya que es igual a la que coronaba a los patovicas en 100% Lucha y, más atrás, a la que fundaba el género del blooper en la Argentina con el viejo Videomatch. El ciclo japonés manifiesta una confianza máxima en el individuo, requiriendo la puesta al límite del estiramiento, con inspiración posible en el deporte olímpico. Acá se los embolsa en un enterito plateado que les agranda los culos y les achata los bultos, y se los deja pasar al otro lado (se los aprueba) incluso cuando se llevan puesto el durlock. Los japoneses dotaron a Human Tetris de una cierta reminiscencia a la tradición del arte marcial, cuando el muro se emparenta con la tablita que el karateca parte en dos. El local se desintegra en pelotitas a la mera caricia.
Semejante dispositivo, en estas costas, no se aprovecha para repudiar al muro que planeaba construir George W. Bush en Tijuana, o para recordar el fin del comunismo: se resiste a la metáfora. Human Tetris tampoco bucea en la historia pero rinde culto a la naturaleza del juego, siguiendo las fases de “la preparación”, “máxima entrega”, “emoción intensa”. El problema de El muro infernal es la guarangada leve que sobrevuela el parloteo (“Se me arruga”, o “Hacé bailar al cubano”, dice Marley), combinado con la reaparición de una barra de porteños liderada por Osvaldo Príncipi, que recuerda más la escena del basureo al pobre infeliz que el relato de una prueba deportiva.
El muro infernal ni siquiera permite aflorar el morbo al que nos acostumbraron piezas magistrales del sadismo televisivo como Jackass (en MTV), que al menos era honesto a través de su propuesta de reivindicar el espíritu del Idiota, quizá como crónica de una minoría. Nuestro muro decepciona cuando facilita demasiado los moldes por los que hay que pasar, subestimando las habilidades de sus participantes, o cuando imagina un bailarín en malla como “el coro” o cuando apadrina a los equipos de seres ignotos con celebridades “adorables” de Telefé que ofician de mamá y papá, reestableciendo jerarquías obsoletas en torno a los famosos y los gentiles. Todo se confunde, entonces, con un chivo gigante de las novelas del canal.
Luis Majul conversó en La CornisaRadio (Lunes a Viernes de 16 a 18 por Am 910 La Red) con Elisa Carrió. La líder de la Coalición Cívica se refirió entre otras cosas a la situación política luego de la derogación de la resolución 125 y realizó un análisis de la semana que pasó; "Si Cristina cambia, hasta puede llegar a hacer una buena gestión".