Julián Gorodischer recomienda. Chiche en vivo, en Canal 26 (de lunes a viernes de 21.30 a 22.30), es la oportunidad de ver a Gelblung más relajado, por fuera de de las performances bizarras del Impacto Chiche de Canal 9, sin demostraciones quirúrgicas, ni obsesión por las calorías de los alimentos, ni informes eternos sobre apogeo y caída de “estrellas”, ni detectores de mentiras, todos recursos a los que echa mano en la tele abierta desde los tiempos de Memoria.
En el cable, lejos del “mundanal ruido”, sin intención de ser masivo, se limita a recibir y agasajar. Como anfitrión, es perfecto: se maneja sin cuestionarios rígidos y obtiene relatos interesantes que neutralizan el parloteo autorreferencial de las participantes de Bailando por un sueño (invitadas frecuentes); para que el grotesco aflore (por ejemplo Adabel Guerrero relatando su cirugía de vagina) Chiche no ironiza para el aplauso en un monólogo viperino, sino que deja hablar, puntúa como un analista de discurso que siempre va en busca de la “mitología” detrás de un espécimen vulgar, como un aguafuertista de las escenas de la cultura popular que nos toca, un paso más allá de los carroñeros de otros programas que sólo se conforman con el episodio anecdótico de las guerras mediáticas. A Gelblung le interesan los arquetipos, que reconstruye con mayor o menor destreza pero siempre interesado en hacer surgir un colectivo detrás del caso. En estas conversaciones, Gelblung compone actoralmente con más permisos que el personaje seco de la tevé abierta, con habilidad para hacerse el psicoanalista salvaje o el “viejo verde”, intervenciones que siempre importan más que la respuesta ofrecida por la figurita de la semana.