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Vuelta y vuelta En el avión que traía desde México a la selección campeona del mundo de 1986, un plantel trovador ofrendaba sus venganzas contra los periodistas con una docena de cánticos dirigidos a “los periodistas panqueques”. Jamás olvidarían que la Selección bilardista había sido castigada con severidad en la etapa previa a la gesta en tierras aztecas. Los últimos acontecimientos de nuestro fútbol (eliminación de Boca en la Libertadores, campeonato de River) convalidaron antiguas afirmaciones y, por supuesto, el canto de los futbolistas en la aeronave. Entre aquellas, la que se desprende de una filosofía Bernardoneustadtiana que, a su vez, se nutre del Martín Fierro: “siempre es gueno tener Palenque ande ir a rascarse”. Las notas post-derrota de Boca en Brasil denunciaron el malestar en el plantel, el cabreo contra Riquelme. Hasta la noche triste del Maracaná, Boca era el tren bala. Semanas atrás, las notas pre-consagración de River acusaban internas, iras, arrebatos y razones que culminarían en una desgracia. Esta semana, y la que viene y la que viene, todos saldrán a la pesca del negocio con River. Postres, libros y CDs. En las páginas del deporte, como en las de la política, los amigos de la pantomima abundan. Tan arrugados como acríticos poseen el camaleónico don de acercarse al oro y hablar del barro. Eso es demagogia periodística o, dicho en otras palabras, hablarle a doña Rosa. Tal vez las palabras de BN en el último reportaje que concedió hayan irritado a quien otorga y quita la vida: “Volvía el otro día de Coronel Vidal, y vi pobres al lado del camino cortando las rutas, con sus caras quemadas al sol y me preguntaba ¿Dónde está la oligarquía?”. Caramba, cuánto parecido a nuestros señores de la TV y el balón a quienes les falta preguntarse: ¿Dónde están los dirigentes corruptos del deporte? Para tranquilidad de quienes creen en la honestidad de los grandes periodistas, Mariano Grondona largó las lágrimas del nuevo tiempo en el entierro, mientras se empeñaba en demostrarnos que se marchaba un gran periodista. Y entonces muchos nos preguntamos “¿Y cómo fue que no nos dimos cuenta?”
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Por: Pablo Llonto. Durante el esplendor retórico de Maradona, los apodos estaban a la orden del día: Bernardo Neustadt era sanguchito. “Está siempre al lado de la torta”, explicaba Diego. Hoy, cuando la muerte hizo posible el milagro que un país se ocupara nuevamente de él, vienen al pie ciertas reflexiones gastronómicas sobre el periodismo deportivo (el finado era el causante de la revista Racing), los sanguchitos y los panqueques.
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