Por: Gustavo Noriega. (esta opinión se publica en la última edición de Revista Veintitres) Nadie puede esperar demasiado pudor de la televisión argentina y el episodio de la internación de Charly García no ha sido más que otra muestra de su falta de respeto por la intimidad y el absoluto desprecio que siente por evaluar la ubicación de la línea que separa lo público de lo privado. Hay, sin embargo, en el caso de Charly, un matiz que, si bien no justifica al periodismo carroñero, le da al menos una coartada.
En los últimos años Charly ha desarrollado una obra que reside mucho más en sus intervenciones públicas, en las respuestas a sus entrevistas, en las locuras que hace en las calles y en las habitaciones de los hoteles que en sus propios discos. Su mejor trabajo en mucho tiempo fue esa imagen hermosa y terrible de su enjuto cuerpo volando por los aires hasta llegar a la pileta. Más que un músico, ahora Charly es un artista, una persona que provoca lo que el arte provoca a través de sus geniales e incontrolables (y a menudo violentas) apariciones públicas. Después de haber sido provistos de respuestas extraordinarias, reacciones brillantes e imágenes irrepetibles, hubiera sido milagroso ahora que los medios entendieran que hasta él mismo se merece un espacio sólo para el, para sus demonios, para lo que sea que Charly tiene en su cabeza y nosotros, la gente normal, jamás entenderemos cabalmente.
"El informe de TVR me pareció escabroso y un delito"
Luis Majul dialogó hoy por la tarde en La Cornisa Radio (Lunes a Viernes de 16 a 18 por Am 910 La Red) con el filósofo Tomás Abraham. El intelectual opinó sobre la televisión actual y se refirió a sus dichos sobre un informe del programa TVR: "Lo que dije sobre el informe de TVR es lo que pensaba; me pareció escabroso y me pareció un delito. No sé si hay una ley para que no se puedan mostrar imágenes de chicos, aún tapándoles los ojos, mostrándolos llorando y gritando, con música merengue de fondo."