ESPECIAL HIPERCRÍTICO - SOBRE LA ENTREGA DE LOS PREMIOS DE APTRA
Con un Fierro
Seis Hipercríticos opinan sobre la última entrega de los premios Martín Fierro: Pablo Llonto, Julián Gorodischer, Cicco, Adriana Amado Suárez, Juan Terranova y Sebastián Di Domenica. Miradas y reflexiones desde distintos puntos de vista. Los diversos aspectos que se exponen en la gran fiesta: cholulos, derechos humanos, miserias, celebridades, falsas emociones, y más.
¿Qué sienten? - Por Pablo Llonto. ¿Qué siente Mirtha Legrand cuando grita "fuerte el aplauso" justo en el momento en que dos Abuelas de Plaza de Mayo suben al escenario del Martín Fierro? ¿Es la misma Mirtha de las mesas que avalaban a los militares que se llevaron a las hijas de Estela Carlotto y Rosa Rosinblit?
¿Qué siente Enrique Llamas de Madariaga, el hermano del general Llamas, cuando aplaude con su Martín Fierro a las dos abuelas? ¿Es el mismo Llamas que en sus programas de antes, y los de ahora, despotrica contra los derechos humanos?
¿Qué sienten Laura Carlotto y Patricia Rosinblit, desaparecidas, cuando el glamour de las "mujeres más elegantes" se perturba con el innombrado tema de la militancia revolucionaria?
¿Qué siente José Miguel Pais, desaparecido, el padre de Ernestina, ganadora de un Martín Fierro?
¿Qué siente Ramón Andino, el fallecido padre de Guillermo conductor junto a Mirtha del programa; aquel Ramón estrella de la TV de los militares, estrecho colaborador de la Fuerza Aérea y reivindicador en las páginas de Clarín del "Proceso"?
¿Qué sentimos los argentinos cuando vemos llorar la Biblia junto al calefón?
Yo vi ese horror por dentro - Por Julián Gorodischer. Mi trabajo era cubrir la entrega, y era conducido como ganado en el ingreso al hotel; nos encerraban en un salón con equipos de plasma mudos. Una vez Graciela Alfano nos entró bocaditos de salmón a cambio de menciones en los artículos que publicáramos, y sentí la miseria espantosa en carne propia. Esa pompa y circunstancia nos restringía el alcohol que los famosos consumían sin límite. Hubo modas: un año estaban todos chupando habanos; otra vez, armaban guerras de pancitos de mesa a mesa. Pero siempre mezclaron mensajes “de hondo contenido” con chivos al vendedor de zapatos. Vi cómo se colaba un miembro de Aptra en todos los cameos de famosos rumbo al escenario; estuve ahí cuando un miembro de Aptra se afanó un centro de mesa de chocolate; ahí entendí el glamour del vestido prestado; escuché negar entrevistas a estrellitas de un reality; observé cómo la movilera del canal anfitrión pasaba la valla como ingresando a “la gloria”.
Vi a una mujer corriendo al movilero con la desesperación de tener que pasar el chivo sí o sí; escuché el beso ruidoso que se le dedica a un amo y me impresionó la desesperación con que se esperaban las llegadas de Suar, Susana y Tinelli. Estuve ahí como un muerto vivo frente a una pasarela a la que acercaba un grabador cada vez que salía un ganador a dar agradecimientos huecos. Al principio era un desafío que uno se imponía a sí mismo (como probándose si tenía o no la destreza para lograrlo) tratar de hacer una nota con esa podredumbre; me acuerdo del año en que entendí que estaba dejando de ser un infiltrado cínico para pasar a ser un cómplice cholulo de todo ese ruido sin participar del negocio; iba cayendo; eso me iba tragando. Ya nos conocíamos y departíamos como en familia con los fans del club de Mirtha; ya, por habitué, el patovica me dejaba pasar al salón de los famosos unos quince minutos antes para poder pedir declaraciones y robar restos de petit fours desmenuzados que quedaban junto al café intragable. Yo ya era parte; miraba como gozando, desde adentro, a los que tenían que esperar a entrar al salón para escuchar el oro. Hoy verlo por TV me llevó a revivir esas trasnochadas que aguanté unos cuantos años en los corredores de esa fonda, que se pretende un restaurant francés, y contento repetí: Zafé, zafé…
¡Basta de celebridades! - Por Cicco. Lo que más me gusta de las entregas de premios, es ver la cara que ponen los famosos cuando pierden. Es un momento único. Me gusta verlos fracasar en lo suyo, en su salsa. Para mí, el Martín Fierro ideal sería uno en donde pierdan todos. Más que el petróleo, los presidentes, los ricos miserables, el gran problema del mundo son las celebridades. El día que se acaben las celebridades, se van a acabar los programas pelotudos, las revistas del corazón, los periodistas chupamedias y hasta el agujero de ozono. En un futuro así, cuando alguien se perfile como celebridad, simplemente se lo confina una temporada al penal de Sierra Chica. Y cuando vuelve, se le da algún bolo en una de vaqueros para capitalizar su extraña forma de caminar.
Por eso, toda fiesta de celebridades como la ’38 entrega del Martín Fierro, siempre las paso de largo. No hay nada peor que ver a 30, 50 celebridades juntas, nadando en el caldo de su celebridad. Cuando ganó el Oscar, Marlon Brando mandó a una aborigen a recibirlo para quejarse de lo mal que trataba Hollywood a los indios. Si fuera Sebastián Ortega, hubiese mandado a recibir el Fierrazo de Oro a Robledo Puch. Y que Roby vuelva a sacarle lustre al nombre que lo hizo tan famoso y limpie a los invitados de unas cuantas mesas. Así aprenden.
Si José Hernández hubiese sabido que su Martín Fierro terminaría al lado de Guillermo Andino, seguramente se hubiera dedicado a la cría de chinchillas.
Un ejercicio inocuo de festividad - Por Adriana Amado Suárez. El Martín Fierro es al espectáculo lo que una fiesta de casamiento es al amor. Todos saben que la celebración no garantiza nada, pero se insiste en renovar la fe en cada fiesta. Nadie escucha a los oficiantes, ni cree demasiado en lo que dicen, pero por alguna razón todos aceptan pasar por la ceremonia. Todos critican a los anfitriones pero mueren por estar en la lista de invitados. Como en los casamientos, todos se sienten en la obligación de estar vestidos por encima de lo que se espera: se piden prestadas lentejuelas y festones para lucir con improbable gusto algo que sería ridículo en cualquier otra circunstancia (lo que queda demostrado en cualquier inspección fotográfica hecha unos años después). Los invitados saludan emocionados, hacen votos a la felicidad eterna y olvidan los resquemores de la vida cotidiana. En una industria abocada a la fantasía (la del espectáculo o la del amor), quizás las emociones repentinas que atacan a los participantes es lo único genuino que atraviesan en muchos años. Y en una y otra, la habilidad más reconocida es el “comoqueísmo”: “hagamos como que” nos queremos, lo merecemos, somos felices… En cualquiera de los casos, no es más que un ejercicio inocuo de festividad. Que dura lo que dura el amor eterno.
El relato más bizarro - Por Juan Terranova. 1. Nunca hice periodismo de espectáculos. Algunas veces escribí sobre televisión, pero escribir sobre televisión es algo que hacen todos. Nadie, ni siquiera Virgilio en la Eneida puede zafar de escribir sobre televisión.
2. Ahora prendo y ahí está el salón de los premios. Tinelli gana y se emociona en la pantalla. Noto alguna influencia del canal E! en la organización de material que se muestra.
3. Nunca tuve que cubrir la entrega de los Martín Fierro pero si alguna vez me lo piden, lo haría a la Hunter Thompson. “Después de todo, no estaría tan mal” pienso. Emborracharse de arriba, deambular por ese escenario de casamiento new rich, tomar metilendioximetanfetamina en el baño, robarse un centro de mesa, tener sexo casual con la notera de Mañanas Informales. (Me gusta su boca, por qué negarlo.)
4. Si uno se acerca mucho a Mirtha Legrand, ¿al otro día se le empieza a caer el pelo y le salen ampollas en la boca? No creo que la Señora tenga algún componente de uranio en su cuerpo, pero si es así, mañana Andino amanece muerto.
5. Ezequiel Martínez Estrada escribió que el gaucho Martín Fierro fue raptado por Lugones. Los jueces que lo condenaron en su momento al maltrato y la degradación, los leguleyos que firmaron la leva que lo transformó en un bandido, esperaron su extinción para poder reivindicarlo como la esencia del carácter nacional. La entrega de los Martín Fierro, con su aristocracia de brillos dudosos y gestos opacos, es quizás el relato más bizarro y también el más contemporáneo de la historia de la literatura canónica argentina.
El reinado de la subjetividad - Por Sebastián Di Domenica. Los premios son el reinado de la subjetividad. Las razones que llevan a los jurados a elegir a uno u otro ganador son siempre relativas y discutibles. Además, en el marco de esa mecánica de selección, muchas veces algunos productos logran una buena reputación que luego se multiplica y genera ganadores y perdedores. Es decir, los Martín Fierro, al igual que tantos otros premios o galardones, son debatibles. Pero eso no tiene importancia para la mayoría. Todos sueñan con subir al escenario, agradecer a quien sea, decir algunas palabras, tirar besos y triunfar. Y la gente se suma a esa simpática contienda de estrellas, comida, bebida, triunfos, fracasos y estatuillas. En frente de la pantalla, cada uno en su casa coincide o disiente con los que ganan o con los que pierden. Sobre la última entrega, y según mi propia subjetividad, quiero comentar un premio con el que coincido y otro con el que discrepo. De acuerdo por completo con el premio para la actriz Lucrecia Capello, porque su personaje en Televisión por la Identidad estaba muy logrado. Y porque es una actriz que a lo largo de los años ha ocupado infinidad de papeles de reparto en novelas y unitarios. Buenas o malas, Capello las interpretó de maravillas e hizo creíbles infinidad de personajes secundarios de diferentes relatos de la tele. Discrepo con el premio para La Liga. Este programa periodístico tiene una gran producción, y un desarrollo de temas muy interesante, pero ha cometido errores que no lo hacen digno ganador de esa categoría. Recuerdo la emisión sobre el terremoto en Perú, y una cobertura de Ronnie Arias muy floja. Casi horrible. Entre otros puntos flojos para señalar están los siguientes: Ronnie llora en frente de cámara, Ronnie dice que tiene náuseas por lo que ve, Ronnie le pregunta a una niña qué siente, cuando segundos antes, había afirmado que había perdido a su madre en la catátrofe. Pero tal como lo dije al comienzo, los premios son subjetivos y relativos. Y no todos los ojos ven de la misma manera y analizan con el mismo criterio.
Luis Majul dialogó en La Cornisa Radio (Lunes a Viernes de 9 a 11 y de 16 a 18 por Am 910 La Red) con la Licenciada Mónica Erpen. La Directora Ejecutiva del Instituto Argentino de Mercado de Capitales del Mercado de Valores de Buenos Aires opinó sobre las oportunidades de negocios en medio de la crisis. En relación a los riesgos señaló que uno siempre los corre cuando invierte, pero también explicó que "creció el sistema de control de esos riesgos".
"No es posible dar los 500 pesos que piden los sindicatos"
Luis Majul dialogó en La Cornisa Radio (Lunes a Viernes de 9 a 11 y de 16 a 18 por Am 910 La Red) con José de Mendiguren. El Vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) se refirió a la solicitud de los sindicatos (500 pesos de suma no remunerativa) y la situación del empleo en la Argentina: "Se paralizó el crecimiento del empleo, no hay despidos pero si hubo caída de horas extras"
Luis Majul dialogó en La Cornisa Radio (Lunes a Viernes de 9 a 11 y de 16 a 18 por Am 910 La Red) con Ruben Barbosa. El Presidente del Consejo Exterior de la Federacion de Industrias del Estado de San Pablo desde esa ciudad se refirió a la crisis financiera internacional, a la repercusión de la misma en Brasil y a la situación de la moneda de ese país.