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Todos hacemos política Una fotografía y sus correspondientes epígrafes alentadores, más algunas filmaciones apresuradas durante la transmisión de un partido de básquetbol, despertaron mi invernal inquietud. Se trató de la salida de los campeones olímpicos al estadio Polideportivo de Mar del Plata con una bandera que decía “Básquet argentino. No al 3º extranjero” (SIC) No es la analfabeta redacción de la consigna aquello que impactó. Es el racismo. Muy de moda en estas épocas de vacas gordas y retenciones flacas. Está argentinidad idiota que se les subió a la cabeza a los adictos compradores de camisas Ralph Lauren y de perfumes Calvin Klein. Resulta que no quieren extranjeros. Ellos, que se llenan la boca con el recitado de la Constitución Nacional y la entonación puma del Himno nacional y no tienen la menor idea de lo que recitan ni de lo que cantan. Preámbulo de la Constitución: “…y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino Artículo 17 de la Constitución: “…Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad”. Himno nacional: “ved en torno a la noble igualdad” Resulta que ahora una oleada de necios, a quienes la gran prensa es incapaz de advertirles de sus gansadas, apoyados por legisladores demagogos, pretende cerrar una de las puertas a la inmigración. No permitir la llegada de otros pueblos, sean basquetbolistas, relojeros, vendedores de paraguas o repartidores de soda es una de las consignas centrales de los pensamientos derechosos y nacionalistas. Eso sí, a nuestros reglamentadores de “cupos a los extranjeros” (los clubes también avalan los topes), no les fastidia que para montar ladrillos y agarrar la mezcladora de cemento, el país se llene de bolivianos y paraguayos porque los señoritos blancos y argentinos son incompatibles con eso de trabajar de sol a sol. Estimados basquetbolistas y periodistas que los apañan: La vida y la historia de los pueblos se construye con las fronteras libres. Así, de Italia, llegaron los abuelos de Ginóbili y así se fue Ginóbili a trabajar a los United Status a forrarse de plata. El aplauso unánime de la prensa especializada a los jugadores, una vez más, y a una de las cláusulas de legislación laboral más retrógradas del mundo significa una de dos: o tenemos una mayoría discriminadora que asusta o el periodismo no sabe de qué se habla cuando se habla.
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Por: Pablo Llonto. Desde hace un buen tiempo hay razones para preguntarse ¿Cuál es la ideología de nuestros periodistas deportivos? Ciertos lanzatomates que andan por estas páginas acusándome de lo mismo que me acusaban los dueños de los medios podrán advertirme una vez más con un latiguillo precario: “los periodistas deben ser independientes, sin ideología”.
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