¿Y QUÉ PASA CON LOS PERROS?
¿Por qué a los escritores les gustan los gatos?

Jack Kerouac con su gatoPor: Cicco. Entre las celebridades, abundan los nombres de escritores famosos que amaban a los gatos. Esta vez no me refiero a los gatos que, de tanto en tanto, se ponen en cuatro. Sino, pura y exclusivamente a los gatos que viven las 24 horas en cuatro. Ernest Hemingway tenía un montón. Mark Twain tuvo nueve. Colette tuvo 16 y a uno le dedicó un libro. Lord Byron viajaba con sus cinco gatos. H. G. Wells tenía uno al que llamaba Mr. Peter Wells. Edgar Allan Poe tuvo uno apodado Catarina, que lo inspiró para una obra. Borges tenía dos, Odín y Beppo, y a uno le dedicó un poema. Y Osvaldo Soriano juraba que un gato le había dado la idea del cierre de su novela “Triste, solitario y final”. Soriano incluso llegó a escribir: “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos”. Pero, ¿por qué esta gente disfruta de los gatos y detestan a los perros? ¿Por qué es cool, intelectual y bohemio tener gatos, mientras que resulta boludón, decadente y necesitado tener perros? ¿Por qué toda esta gente seria, lúcida e inteligente tiene gatos y la única relación de los perros con celebridades se remite al chihuahua de Paris Hilton? En la foto: Jack Kerouac con su gato. 

A lo largo de la historia, la ilustre asociación entre intelectuales y perros puede sintetizarse en este único elemento: una vez, Sigmund Freud tenía un Chow Chow apodado Jo Fi.

Ahora bien, usted dirá: ¿qué tienen que ver una columna sobre gatos, en un sitio de crítica de medios? Nada en absoluto.

Sabido esto, podemos continuar sin problemas.

Todo escritor considera a su gato un hermano del alma. Un ser de la noche. Un animal que no necesitan mendigar de su cariño para sentirse realizados como los perros, esos babosos buenos para nada. Pero este es un duelo que no termina nunca, porque, ¿son mejores mascotas los gatos que los perros? ¿Es mejor que nos dejen sentirnos libres y sean independientes, o es mejor que, de tanto en tanto, nos laman sinceramente los zapatos y nos hagan sentir cuánto nos necesitan?

Hay innumerables rastros de perros en la literatura. Miguel de Cervantes, Franz Kafka y hasta el gran Homero, consagraron varias líneas a perros en sus obras. Incluso, existen novelas enteras desde el punto de vista de perros, como “Flush” de Virginia Woolf, “Tombuctú”, de Paul Auster y un puñado de novelas de ciencia ficción. Sin embargo, es poco lo que se conoce de la inserción de perros en la vida cotidiana de los escritores. Se sabe apenas que Kafka tuvo varios perros, pero después decidió apartarlos de su vida misteriosamente.

Sin embargo, a la hora de analizar las virtudes espirituales y metafísicas de los gatos –algo por otra parte incomprobable-, hay que contraponer algo palpable, verídico y sumamente real: en este mundo, es mucho lo que han hecho los perros por nosotros, mucho más que, por ejemplo, los políticos y los Ministros de Acción Social.

La universidad de Connecticut, de Mississippi, la universidad de Yale, la de Georgetown, la de Texas A&M, la de Georgia, la de Tennessee, la de Wahington y hasta la marina norteamericana, tienen perros representativos como mascotas, en homenaje a sus méritos. Las primeras investigaciones serias sobre reacciones condicionadas se las debemos a los perros de Pavlov. Y uno de los grandes logros por el control de la diabetes es mérito de otro perro, Marjorie, quien sobrevivió 70 días sin su páncreas, mientras los médicos lo estudiaban.

Los perros tienen récords imbatibles y eso no es porque yo tenga la camiseta puesta, es historia pura. El primer animal en entrar en órbita fue un perro, una siberiana llamada Laika a bordo del Sputnkik 2. Hay episodios de perros convertidos en héroes por su desempeño en la guerra. Hubo uno en 1944, que fue oficialmente alistado en la Royal Navy. Y otro perro apodado Judy, registrado por el ejército aliado como prisionero de guerra en Japón. Hay perros empleados como oficiales del servicio postal y, naturalmente, al servicio de la policía antinarcóticos.

Le debemos muchas cosas a nuestros perros. Cada dos por tres, siempre hay un perro salvando la vida de nuestros hijos. Sin embargo, cuando aparece un gato en las noticias es porque lo tuvieron que ir a rescatar los bomberos. A los gatos, acéptelo de una buena vez, no le debemos un comino.

La única vez que adopté un gato, sentía un extraño olor cada vez que iba a dormirme. Al mes descubrí que al gato le encantaba cagarme debajo de la cama. A los pocos días, terminó en la Costanera Sur, con una patada en el culo.

No entiendo a los gatos. No entiendo qué buscan ni qué quieren decirme. Y no creo que nadie, por más que lo jure por su madre, los comprenda. Los perros, en cambio, pueden leerse con nitidez. A un gato uno duda hasta de si tiene hambre o si tiene una erección.

Un amigo tiene tres gatos en la casa. Una vez que fui a visitarlo, uno de sus gatos más bonitos se subió a mi regazo. Acepté esto como una silenciosa señal de amistad. Como un gesto en señal devolución de afecto, le quise besar la cabeza a este gatito tan lindo y mimoso. Al segundo siguiente, mi labio estaba partido en dos de un zarpazo como un cierre con velcro. Aún recuerdo que mientras tomaba vino, la sangre caía por la copa y se unía al tinto. “¿Pero no era que éramos amigos? ¿Y por qué se subió si yo no lo llamé? ¿Quién se cree que es este pelotudo?” Lo peor del caso es que los gatos son tan rápidos que es difícil acertarle una buena patada. “Tiene un carácter fuerte”, es lo único que explicó mi amigo con algo que, intuía yo, era orgullo, la parte espiritual de los felinos que los hace tan atractivos para cierta gente. Para mí, sin embargo, era un acto insoslayable de traición. Con estos dos elementos en mi haber, me convertí en un abanderado en la lucha contra los gatos y un defensor ortodoxo de los canes.

En la Argentina, los perros son mayoría. Según la Cámara de Empresas de Nutrición Animal, existen nueve millones. Contra 3,5 millones de gatos que, si fuera por mí, los pasaría a todos por la picadora eléctrica.

No deje que los gatos invadan su vida. No deje que los convenzan de que son seres nocturnos, exóticos y que están elevados espiritualmente. Los gatos no son buenos compañeros. Ni le soplarán ideas para su próximo best-seller. Los gatos son basura. Habría que becar a un grupo de chefs para que empiecen a elaborar recetas interesantes para transformar radicalmente la existencia de los gatos y meterlos en la cacerola de una vez por todas.

(Los editores de Hipercrítico juran que el autor de esta columna jamás abandonó un gato y que tampoco es su expreso deseo servir a los felinos al plato en restoranes. Es parte del extraño humor del columnista que, por otra parte, ama la naturaleza y vive en el campo en armonía con todos los animales)




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Perros y gatos
Escrito por LA GATA, el 01-09-2010 20:58
Bueno te diré, la primera mascota que tuve fue un gato, bueno este desaparecio, la segunda fue una perrita y la diferencia entre porque los gatos son mejores que los gatos es la siguiente: Los gatos son indpendientes, basta donde les pongas bien su comida, su lugar para hacer del baño y un lugar para dormir, respetan sin bien los limites si los educas desde pequeños, fuera de eso no te dan nada de lata, pero los perros son dependientes para todo, no cubren su escremento, te necesitan todo el tiempo y si te vas de su lado lloran como si los estuvieras matando. Y a mi me gustan aún asi los dos, pero un perro es mas como un humano,necesitas cuidarlo todo el tiempo o hacen tontería y media. Un perro es como tener un humano y los gatos salen de pachanga, tienen su propio club, vaya un gato no te esta molstando todo el tiempo y si claro para los escritores son ideales para tener tranquilidad y a la vez una compañia.
Pobre estupido
Escrito por Juan, el 03-04-2010 23:55
En serio, no puedo creer que te hayan dado la oportunidad de escribir en este sitio... 
Si es cierto que todaaaa la gente quiere ama y adora a los perros, entonces porque hay tantos perros en la calle?? ahh dime, 
yo quiero a los gatos, a mi no me gustan los perros pero yo no les he hecho nada malo,( y eso que viven en mi casa, junto con mis gatos..) 
adios estupido ignorante, sin criterio propio
¡ cómprese un gato !
Escrito por Paula, el 29-09-2009 20:39
... le aseguro que podrá escribir mejor ! ... se concentrará... se aclararán sus ideas y sus pasiones... se pondrá positivo... ¡¡ será un amooor !! 
Si no quiere comprar uno, busque alguien que se lo regale. ¡ y prefiera gata !... en su caso, es mejor. 
Un abrazo,
¿Por qué a los escritores les gustan los
Escrito por Lola, el 10-09-2009 05:52
Encontré este artículo buscando información sobre la relación entre artistas y sus gatos.No creo que se trate de polarizar esta cuestión.Te pueden gustar tanto los gatos como los perros o, tal vez, sientas más afinidad con alguno de éstos.Debe ser un vicio de los humanos convertir las cosas en una guerra:¡O estás conmigo o estás contra mí! Por otra parte he leído muchos de los comentarios y, pienso, que no es necesario emplear un lenguaje tan agresivo. El mundo no sólo se construye con hechos, también con nuestras palabras.
Escrito por Lima, el 15-08-2009 13:34
Aunque me gustan mas los perros este articulo me parece muy infantil. No puedo creer que alguien de verdad le moleste que algunas celebridades o escritores se los haya asociado con los gatos y tenga que escribir un articulo expresando su odio por un pobre animalito, es bastante patetico
Escrito por Fas, el 27-05-2009 20:08
Al mes te diste cuenta de que el gato se cagó debajo de tu cama??? Eso de limpiar no lo llevas muy bien, no? A tí sí que te tendrían que meter en una trituradora eléctrica, campeón!! No es tan difícil entender a los gatos, aunque si para empezar no tenemos cerebro pues es lógico que no los entiendas... Respeto que no t gusten, pero de ahí a hacerles daño... Tú a mí no me gustas, de hecho con lo que has escrito te mereces una paliza que te termine de arreglar la cabeza, pero no por eso voy a ir a cagarte a palos, borrego!! Respeta.
GATICIDIO O FELINOCIDIO
Escrito por beppo andrioli, el 25-03-2009 11:46
Lord BYRON decía que quien no amaba a los títeres no era digno de estar vivo. Puse a mi teatro de títeres el nombre: LOS TITERES DE BEPPO, entre otras razones en honor al gato de Jorge Luis Borges. De modo que matando dos pajaros de un tiro califico este articulo de muy mal gusto porque propicia el gaticidio o felinocidio, que son dos palabras que acabo inventar.  
No quiero para su autor la sentencia de Byron, solo digo que aprenda a mirar con mas sensibilidad e inteligencia el maravilloso mundo que lo rodea. Beppo Andrioli, titiripoeta no menos defensor de los gatpos que de los perros
cualquiera
Escrito por andrea, el 11-11-2008 01:16
pasa q tu nunca entenderias un gato xq es para gente inteligente.... asi q quedate con los perros q van bien c los mediocres...
meeeeow
Escrito por Fernan Mackaye, el 11-09-2008 10:02
venia interesante hasta la parte del popó del gato. los perros son salvajes, brutos, sucios y nos conectan con lo mas animal de nosotros. los gatos en cambio, son delicados, elegantes, pulcros y misteriosos. egipto, japon y otros imperios los han venerado. hay algo sobrenatural en los gatos, hay algo de reptil, algo de felino, algo humano y algo de otro planeta. pensalo.
Escrito por Ilurañon, el 03-09-2008 16:30
Absolutamente de acuerdo. Los gatos son una basura. 
 
(cada vez que escucho a Litto Nebbia berreando, quiero más a mi perro)
¿Y QUÉ PASA CON LOS PERROS?
¿Por qué a los escritores les gustan los gatos?

Jack Kerouac con su gatoPor: Cicco. Entre las celebridades, abundan los nombres de escritores famosos que amaban a los gatos. Esta vez no me refiero a los gatos que, de tanto en tanto, se ponen en cuatro. Sino, pura y exclusivamente a los gatos que viven las 24 horas en cuatro. Ernest Hemingway tenía un montón. Mark Twain tuvo nueve. Colette tuvo 16 y a uno le dedicó un libro. Lord Byron viajaba con sus cinco gatos. H. G. Wells tenía uno al que llamaba Mr. Peter Wells. Edgar Allan Poe tuvo uno apodado Catarina, que lo inspiró para una obra. Borges tenía dos, Odín y Beppo, y a uno le dedicó un poema. Y Osvaldo Soriano juraba que un gato le había dado la idea del cierre de su novela “Triste, solitario y final”. Soriano incluso llegó a escribir: “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos”. Pero, ¿por qué esta gente disfruta de los gatos y detestan a los perros? ¿Por qué es cool, intelectual y bohemio tener gatos, mientras que resulta boludón, decadente y necesitado tener perros? ¿Por qué toda esta gente seria, lúcida e inteligente tiene gatos y la única relación de los perros con celebridades se remite al chihuahua de Paris Hilton? En la foto: Jack Kerouac con su gato. 

A lo largo de la historia, la ilustre asociación entre intelectuales y perros puede sintetizarse en este único elemento: una vez, Sigmund Freud tenía un Chow Chow apodado Jo Fi.

Ahora bien, usted dirá: ¿qué tienen que ver una columna sobre gatos, en un sitio de crítica de medios? Nada en absoluto.

Sabido esto, podemos continuar sin problemas.

Todo escritor considera a su gato un hermano del alma. Un ser de la noche. Un animal que no necesitan mendigar de su cariño para sentirse realizados como los perros, esos babosos buenos para nada. Pero este es un duelo que no termina nunca, porque, ¿son mejores mascotas los gatos que los perros? ¿Es mejor que nos dejen sentirnos libres y sean independientes, o es mejor que, de tanto en tanto, nos laman sinceramente los zapatos y nos hagan sentir cuánto nos necesitan?

Hay innumerables rastros de perros en la literatura. Miguel de Cervantes, Franz Kafka y hasta el gran Homero, consagraron varias líneas a perros en sus obras. Incluso, existen novelas enteras desde el punto de vista de perros, como “Flush” de Virginia Woolf, “Tombuctú”, de Paul Auster y un puñado de novelas de ciencia ficción. Sin embargo, es poco lo que se conoce de la inserción de perros en la vida cotidiana de los escritores. Se sabe apenas que Kafka tuvo varios perros, pero después decidió apartarlos de su vida misteriosamente.

Sin embargo, a la hora de analizar las virtudes espirituales y metafísicas de los gatos –algo por otra parte incomprobable-, hay que contraponer algo palpable, verídico y sumamente real: en este mundo, es mucho lo que han hecho los perros por nosotros, mucho más que, por ejemplo, los políticos y los Ministros de Acción Social.

La universidad de Connecticut, de Mississippi, la universidad de Yale, la de Georgetown, la de Texas A&M, la de Georgia, la de Tennessee, la de Wahington y hasta la marina norteamericana, tienen perros representativos como mascotas, en homenaje a sus méritos. Las primeras investigaciones serias sobre reacciones condicionadas se las debemos a los perros de Pavlov. Y uno de los grandes logros por el control de la diabetes es mérito de otro perro, Marjorie, quien sobrevivió 70 días sin su páncreas, mientras los médicos lo estudiaban.

Los perros tienen récords imbatibles y eso no es porque yo tenga la camiseta puesta, es historia pura. El primer animal en entrar en órbita fue un perro, una siberiana llamada Laika a bordo del Sputnkik 2. Hay episodios de perros convertidos en héroes por su desempeño en la guerra. Hubo uno en 1944, que fue oficialmente alistado en la Royal Navy. Y otro perro apodado Judy, registrado por el ejército aliado como prisionero de guerra en Japón. Hay perros empleados como oficiales del servicio postal y, naturalmente, al servicio de la policía antinarcóticos.

Le debemos muchas cosas a nuestros perros. Cada dos por tres, siempre hay un perro salvando la vida de nuestros hijos. Sin embargo, cuando aparece un gato en las noticias es porque lo tuvieron que ir a rescatar los bomberos. A los gatos, acéptelo de una buena vez, no le debemos un comino.

La única vez que adopté un gato, sentía un extraño olor cada vez que iba a dormirme. Al mes descubrí que al gato le encantaba cagarme debajo de la cama. A los pocos días, terminó en la Costanera Sur, con una patada en el culo.

No entiendo a los gatos. No entiendo qué buscan ni qué quieren decirme. Y no creo que nadie, por más que lo jure por su madre, los comprenda. Los perros, en cambio, pueden leerse con nitidez. A un gato uno duda hasta de si tiene hambre o si tiene una erección.

Un amigo tiene tres gatos en la casa. Una vez que fui a visitarlo, uno de sus gatos más bonitos se subió a mi regazo. Acepté esto como una silenciosa señal de amistad. Como un gesto en señal devolución de afecto, le quise besar la cabeza a este gatito tan lindo y mimoso. Al segundo siguiente, mi labio estaba partido en dos de un zarpazo como un cierre con velcro. Aún recuerdo que mientras tomaba vino, la sangre caía por la copa y se unía al tinto. “¿Pero no era que éramos amigos? ¿Y por qué se subió si yo no lo llamé? ¿Quién se cree que es este pelotudo?” Lo peor del caso es que los gatos son tan rápidos que es difícil acertarle una buena patada. “Tiene un carácter fuerte”, es lo único que explicó mi amigo con algo que, intuía yo, era orgullo, la parte espiritual de los felinos que los hace tan atractivos para cierta gente. Para mí, sin embargo, era un acto insoslayable de traición. Con estos dos elementos en mi haber, me convertí en un abanderado en la lucha contra los gatos y un defensor ortodoxo de los canes.

En la Argentina, los perros son mayoría. Según la Cámara de Empresas de Nutrición Animal, existen nueve millones. Contra 3,5 millones de gatos que, si fuera por mí, los pasaría a todos por la picadora eléctrica.

No deje que los gatos invadan su vida. No deje que los convenzan de que son seres nocturnos, exóticos y que están elevados espiritualmente. Los gatos no son buenos compañeros. Ni le soplarán ideas para su próximo best-seller. Los gatos son basura. Habría que becar a un grupo de chefs para que empiecen a elaborar recetas interesantes para transformar radicalmente la existencia de los gatos y meterlos en la cacerola de una vez por todas.

(Los editores de Hipercrítico juran que el autor de esta columna jamás abandonó un gato y que tampoco es su expreso deseo servir a los felinos al plato en restoranes. Es parte del extraño humor del columnista que, por otra parte, ama la naturaleza y vive en el campo en armonía con todos los animales)




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ignorante
Escrito por jorge, el 02-09-2008 17:47
tu ignorancia se asemeja a los que declararon a los gatos elementos del demonio y ayudantes delas brujas , los mataron y desencadenaron la peor e`pidemia , la peste negra que mato a millones de personas , causada por una una bacteria yersinia pestis alojada en las pulgas de las ratas , eliminaron su control natural y se desato la peste . atentos la ignorancia mata
Escrito por Juan, el 02-09-2008 14:09
Me divierte mucho cómo la gente putea con los comentarios de Cicco., como seguramete se debe divertir él. Todavia no aprendieron a leerlo, giles
yo tengo 8 (en serio)
Escrito por Paz, el 01-09-2008 20:39
Emilio, para mi la mitad de las críticas e insultos hacia tu persona te las pusiste vos porque estabas medio aburrido, y la otra mitad es de alguno que no se da cuenta que no hay que creer lo que dicen los medios (parafraseando a Luis Miguel Majul) 
Me gustó como arrancó... pero le faltó un buen remate. (tal como solías decirme a mi en clase)
Los gatos saben
Escrito por Gaby, el 01-09-2008 19:31
Realmente siento tristeza por todo el tiempo que empleaste escribiendo tantas tonterías, en todo caso déjame decirte que los gatos conocen cuando algo no esta bien, conocen cuando hay putrefacción en algo, como en tu alma y lo del zarpazo fue pura devolución universal. Y ya no escribas estas cosas la próxima el pateado en el culo vas a ser vos.
sos un infeliz
Escrito por gato feliz, el 01-09-2008 18:36
mas patadas en tu culo !
PERIODISTA?
Escrito por MARIANA, el 01-09-2008 18:29
EN TU ARTÍCULO DEMUESTRAS TODA TUS FALENCIAS; NO TE PREGUNTASTE PORQUE ESTOS GENIOS LITERATOS AMABAN TANTO SUS GATOS??? CLARO POR ESO ESTAS ESCRIBIENDO ACA; Y SI LO HICISTE PARA DESPERTAR POLÉMICA, DEDICATE A OTRA COSA POR EJEMPLO A ATENDER EN ALGUNA OFICINA PÚBLICA, AH...A VER SI LIMPIAS MAS SEGUIDO,Y CUANDO PUEDAS VISITA UN PSICÓLOGO...
das lastima..
Escrito por mariana, el 01-09-2008 17:22
q pena q el gatito solo te partio el labio no te das cuenta de lo pusilanime q sos..? y te crees un periodista??? q pena no poder personalmente pegarte una buena patada en el cvlo y q termines vos en la costanera. 
Digo yo, no tenes un jfe q lee las barbaridades q escribis??? 
Para q aprendas: los gatos ven mas alla de lo superficial de las personas, cosas q vos nunca vas a ver porque se nota q sos muy limitado!
PETA not dead
Escrito por Cristian, el 01-09-2008 11:53
Estoy seguro que todas las personas que se sulfuran por esta nota son: acérrimos defensores de los derechos de los animales, están militando en Fundación Vida Silvestre y PETA, saben todo acerca de la caza ilegal rinocerontes, son vegetarianos a ultranza, leyeron y aborrecen la novela El Peletero de Gusmán, leyeron a John Berger y aman a Elizabeth Costello de Coetzee, bajo ningún punto de vista creen que a los gatos les importa un comino lo que piensen, se conmueven por el abandono de los niños desnutridos en el norte argentino, por los pueblos originarios desplazados de sus tierras, por las condiciones inhumanas en que viven millones de personas y eso no los deja dormir ninguna noche. noble gente.
lo escribiste en chiste no?
Escrito por amalia, el 01-09-2008 00:06
Si no, no se entiende. La verdad es que deberias haber vivido en el siglo XVI. 
Tendria mil cosas para decirte pero creo que es lo que buscas: nuestra reacción. Y no te voy a dar ese gusto.
ignorante!
Escrito por valeria, el 31-08-2008 23:32
Si pensás de esa manera calláte la boca mejor, que quedas muy mal como periodista, si lo sos. No pensé que en el 2008 haya gente tan basura..evidentemente sos un ignorante e insensible. A todo ser vivo hay que respetarlo menos a vos, no te lo emreces.
¿Y QUÉ PASA CON LOS PERROS?
¿Por qué a los escritores les gustan los gatos?

Jack Kerouac con su gatoPor: Cicco. Entre las celebridades, abundan los nombres de escritores famosos que amaban a los gatos. Esta vez no me refiero a los gatos que, de tanto en tanto, se ponen en cuatro. Sino, pura y exclusivamente a los gatos que viven las 24 horas en cuatro. Ernest Hemingway tenía un montón. Mark Twain tuvo nueve. Colette tuvo 16 y a uno le dedicó un libro. Lord Byron viajaba con sus cinco gatos. H. G. Wells tenía uno al que llamaba Mr. Peter Wells. Edgar Allan Poe tuvo uno apodado Catarina, que lo inspiró para una obra. Borges tenía dos, Odín y Beppo, y a uno le dedicó un poema. Y Osvaldo Soriano juraba que un gato le había dado la idea del cierre de su novela “Triste, solitario y final”. Soriano incluso llegó a escribir: “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos”. Pero, ¿por qué esta gente disfruta de los gatos y detestan a los perros? ¿Por qué es cool, intelectual y bohemio tener gatos, mientras que resulta boludón, decadente y necesitado tener perros? ¿Por qué toda esta gente seria, lúcida e inteligente tiene gatos y la única relación de los perros con celebridades se remite al chihuahua de Paris Hilton? En la foto: Jack Kerouac con su gato. 

A lo largo de la historia, la ilustre asociación entre intelectuales y perros puede sintetizarse en este único elemento: una vez, Sigmund Freud tenía un Chow Chow apodado Jo Fi.

Ahora bien, usted dirá: ¿qué tienen que ver una columna sobre gatos, en un sitio de crítica de medios? Nada en absoluto.

Sabido esto, podemos continuar sin problemas.

Todo escritor considera a su gato un hermano del alma. Un ser de la noche. Un animal que no necesitan mendigar de su cariño para sentirse realizados como los perros, esos babosos buenos para nada. Pero este es un duelo que no termina nunca, porque, ¿son mejores mascotas los gatos que los perros? ¿Es mejor que nos dejen sentirnos libres y sean independientes, o es mejor que, de tanto en tanto, nos laman sinceramente los zapatos y nos hagan sentir cuánto nos necesitan?

Hay innumerables rastros de perros en la literatura. Miguel de Cervantes, Franz Kafka y hasta el gran Homero, consagraron varias líneas a perros en sus obras. Incluso, existen novelas enteras desde el punto de vista de perros, como “Flush” de Virginia Woolf, “Tombuctú”, de Paul Auster y un puñado de novelas de ciencia ficción. Sin embargo, es poco lo que se conoce de la inserción de perros en la vida cotidiana de los escritores. Se sabe apenas que Kafka tuvo varios perros, pero después decidió apartarlos de su vida misteriosamente.

Sin embargo, a la hora de analizar las virtudes espirituales y metafísicas de los gatos –algo por otra parte incomprobable-, hay que contraponer algo palpable, verídico y sumamente real: en este mundo, es mucho lo que han hecho los perros por nosotros, mucho más que, por ejemplo, los políticos y los Ministros de Acción Social.

La universidad de Connecticut, de Mississippi, la universidad de Yale, la de Georgetown, la de Texas A&M, la de Georgia, la de Tennessee, la de Wahington y hasta la marina norteamericana, tienen perros representativos como mascotas, en homenaje a sus méritos. Las primeras investigaciones serias sobre reacciones condicionadas se las debemos a los perros de Pavlov. Y uno de los grandes logros por el control de la diabetes es mérito de otro perro, Marjorie, quien sobrevivió 70 días sin su páncreas, mientras los médicos lo estudiaban.

Los perros tienen récords imbatibles y eso no es porque yo tenga la camiseta puesta, es historia pura. El primer animal en entrar en órbita fue un perro, una siberiana llamada Laika a bordo del Sputnkik 2. Hay episodios de perros convertidos en héroes por su desempeño en la guerra. Hubo uno en 1944, que fue oficialmente alistado en la Royal Navy. Y otro perro apodado Judy, registrado por el ejército aliado como prisionero de guerra en Japón. Hay perros empleados como oficiales del servicio postal y, naturalmente, al servicio de la policía antinarcóticos.

Le debemos muchas cosas a nuestros perros. Cada dos por tres, siempre hay un perro salvando la vida de nuestros hijos. Sin embargo, cuando aparece un gato en las noticias es porque lo tuvieron que ir a rescatar los bomberos. A los gatos, acéptelo de una buena vez, no le debemos un comino.

La única vez que adopté un gato, sentía un extraño olor cada vez que iba a dormirme. Al mes descubrí que al gato le encantaba cagarme debajo de la cama. A los pocos días, terminó en la Costanera Sur, con una patada en el culo.

No entiendo a los gatos. No entiendo qué buscan ni qué quieren decirme. Y no creo que nadie, por más que lo jure por su madre, los comprenda. Los perros, en cambio, pueden leerse con nitidez. A un gato uno duda hasta de si tiene hambre o si tiene una erección.

Un amigo tiene tres gatos en la casa. Una vez que fui a visitarlo, uno de sus gatos más bonitos se subió a mi regazo. Acepté esto como una silenciosa señal de amistad. Como un gesto en señal devolución de afecto, le quise besar la cabeza a este gatito tan lindo y mimoso. Al segundo siguiente, mi labio estaba partido en dos de un zarpazo como un cierre con velcro. Aún recuerdo que mientras tomaba vino, la sangre caía por la copa y se unía al tinto. “¿Pero no era que éramos amigos? ¿Y por qué se subió si yo no lo llamé? ¿Quién se cree que es este pelotudo?” Lo peor del caso es que los gatos son tan rápidos que es difícil acertarle una buena patada. “Tiene un carácter fuerte”, es lo único que explicó mi amigo con algo que, intuía yo, era orgullo, la parte espiritual de los felinos que los hace tan atractivos para cierta gente. Para mí, sin embargo, era un acto insoslayable de traición. Con estos dos elementos en mi haber, me convertí en un abanderado en la lucha contra los gatos y un defensor ortodoxo de los canes.

En la Argentina, los perros son mayoría. Según la Cámara de Empresas de Nutrición Animal, existen nueve millones. Contra 3,5 millones de gatos que, si fuera por mí, los pasaría a todos por la picadora eléctrica.

No deje que los gatos invadan su vida. No deje que los convenzan de que son seres nocturnos, exóticos y que están elevados espiritualmente. Los gatos no son buenos compañeros. Ni le soplarán ideas para su próximo best-seller. Los gatos son basura. Habría que becar a un grupo de chefs para que empiecen a elaborar recetas interesantes para transformar radicalmente la existencia de los gatos y meterlos en la cacerola de una vez por todas.

(Los editores de Hipercrítico juran que el autor de esta columna jamás abandonó un gato y que tampoco es su expreso deseo servir a los felinos al plato en restoranes. Es parte del extraño humor del columnista que, por otra parte, ama la naturaleza y vive en el campo en armonía con todos los animales)




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SOS PATETICO
Escrito por amy, el 31-08-2008 22:12
Me alegra que los gatos no te gusten. Vos no les gustas a ellos tampoco, con la diferencia que no pueden pegarte una patada en tu trasero o pasarte por la picadora eléctrica que es lo que te merecerías.
Escrito por catalina, el 31-08-2008 21:05
lamentable lo tuyo,te parece bueno abandonar un pobre animalito?
VIVAN LOS GATOS
Escrito por JORGE A. CAVALLI, el 31-08-2008 19:37
HACE MUCHOS AÑOS, UN IMBECIL E 
IMPRESENTABLE IGUAL QUE CICCO, TENIA A UN GATITO DE APENAS DIAS DE VIDA APRETADO EN UNA MORSA Y LO QUEMABA CON UN PUCHO. LE DI TANTAS TROMPADAS QUE TODAVIA DEBE ESTAR CON LOS OJOS NEGROS. 
DESDE ESE DIA, AMO A LOS GATITOS. 
A ESE ME LO LLEVE A MI CASA, LO CRIE Y LO TUVE MUCHOS AÑOS. NO PUEDO ENTENDER LA CRUELDAD DE CIERTOS ENERGUMENOS CONTRA LOS GATOS. SON ANIMALES MUY FIELES Y CARIÑOSOS.
OTRA DE CICCO
Escrito por JOSE E. RODRIGUEZ, el 31-08-2008 19:35
SIEMPRE TUVE GATOS Y GATAS. LOS AMO. SON UNOS ANIMALITOS MARAVILLOSOS. LO CIERTO ES QUE TIENEN "MALA PRENSA". QUIEN HABLA MAL DE LOS GATOS ES PORQUE NUNCA LOS TUVO. OJO, TAMBIEN TUVE PERROS. NO VEO PORQUE HACER DIFERENCIAS. LOS DOS SON ADORABLES. SIN EMBARGO HAY SERES HUMANOS A LOS QUE SI ELIMINARIA DE LA FAZ DE LA TIERRA. Y VOS CICCO SOS UNO DE ELLOS.
Qué asco..
Escrito por Mónica, el 31-08-2008 19:22
En verdad siento verdadeo asco por gente como vos...no puedo ni tan siquiera sentir pena por un individo asi ni por los que opinan como vos.Todo ser vivo merece nuestro respeto ; aunque vos no encajes en este juicio .
mediocre
Escrito por gaby, el 31-08-2008 12:23
empezaste bien, pero al final afloro tu espiritu mediocre tratando de ser efectista
Patada en el culo...
Escrito por Vanesa, el 31-08-2008 02:56
Realmente sos lamentable. No podes abandonar a un animal y mucho menos contarlo como algo gracioso o heroico. Sos un flor de pelotudo hermano, y sinceramente si el gatito te hacia caca debajo de la cama, seria porque a los gatos no les gusta convivir con la suciedad y asocian el olor con el baño... el olor que tenes adentro de tu cabeza. 
Sinceramente das lastima, amo los perros, amo los gatos, y odio a la gente como vos.
lamentable
Escrito por Dani, el 30-08-2008 22:37
Lamento q en este medio se publique este tipo de artículos. Los responsables son "irresponsables" al permitirlo. Es un artículo fascista y discriminador.
al fin
Escrito por cristian, el 30-08-2008 19:19
gracias Cicco por expresar el pensamiento de quienes eliminaríamos los gatos de la faz de la tierra. Por algo cuando se quiere insultar a una mina se le dice gato y cuando se la quiere elogiar se le dice perra, clarito. El gato es lo más parecido a un parásito.
Escrito por camila, el 30-08-2008 14:10
sin embargo los gatos me encantan
¿Y QUÉ PASA CON LOS PERROS?
¿Por qué a los escritores les gustan los gatos?

Jack Kerouac con su gatoPor: Cicco. Entre las celebridades, abundan los nombres de escritores famosos que amaban a los gatos. Esta vez no me refiero a los gatos que, de tanto en tanto, se ponen en cuatro. Sino, pura y exclusivamente a los gatos que viven las 24 horas en cuatro. Ernest Hemingway tenía un montón. Mark Twain tuvo nueve. Colette tuvo 16 y a uno le dedicó un libro. Lord Byron viajaba con sus cinco gatos. H. G. Wells tenía uno al que llamaba Mr. Peter Wells. Edgar Allan Poe tuvo uno apodado Catarina, que lo inspiró para una obra. Borges tenía dos, Odín y Beppo, y a uno le dedicó un poema. Y Osvaldo Soriano juraba que un gato le había dado la idea del cierre de su novela “Triste, solitario y final”. Soriano incluso llegó a escribir: “Un escritor sin gato es como un ciego sin lazarillo. No es posible usar al gato para nada personal, no hay manera de privatizarlos”. Pero, ¿por qué esta gente disfruta de los gatos y detestan a los perros? ¿Por qué es cool, intelectual y bohemio tener gatos, mientras que resulta boludón, decadente y necesitado tener perros? ¿Por qué toda esta gente seria, lúcida e inteligente tiene gatos y la única relación de los perros con celebridades se remite al chihuahua de Paris Hilton? En la foto: Jack Kerouac con su gato. 

A lo largo de la historia, la ilustre asociación entre intelectuales y perros puede sintetizarse en este único elemento: una vez, Sigmund Freud tenía un Chow Chow apodado Jo Fi.

Ahora bien, usted dirá: ¿qué tienen que ver una columna sobre gatos, en un sitio de crítica de medios? Nada en absoluto.

Sabido esto, podemos continuar sin problemas.

Todo escritor considera a su gato un hermano del alma. Un ser de la noche. Un animal que no necesitan mendigar de su cariño para sentirse realizados como los perros, esos babosos buenos para nada. Pero este es un duelo que no termina nunca, porque, ¿son mejores mascotas los gatos que los perros? ¿Es mejor que nos dejen sentirnos libres y sean independientes, o es mejor que, de tanto en tanto, nos laman sinceramente los zapatos y nos hagan sentir cuánto nos necesitan?

Hay innumerables rastros de perros en la literatura. Miguel de Cervantes, Franz Kafka y hasta el gran Homero, consagraron varias líneas a perros en sus obras. Incluso, existen novelas enteras desde el punto de vista de perros, como “Flush” de Virginia Woolf, “Tombuctú”, de Paul Auster y un puñado de novelas de ciencia ficción. Sin embargo, es poco lo que se conoce de la inserción de perros en la vida cotidiana de los escritores. Se sabe apenas que Kafka tuvo varios perros, pero después decidió apartarlos de su vida misteriosamente.

Sin embargo, a la hora de analizar las virtudes espirituales y metafísicas de los gatos –algo por otra parte incomprobable-, hay que contraponer algo palpable, verídico y sumamente real: en este mundo, es mucho lo que han hecho los perros por nosotros, mucho más que, por ejemplo, los políticos y los Ministros de Acción Social.

La universidad de Connecticut, de Mississippi, la universidad de Yale, la de Georgetown, la de Texas A&M, la de Georgia, la de Tennessee, la de Wahington y hasta la marina norteamericana, tienen perros representativos como mascotas, en homenaje a sus méritos. Las primeras investigaciones serias sobre reacciones condicionadas se las debemos a los perros de Pavlov. Y uno de los grandes logros por el control de la diabetes es mérito de otro perro, Marjorie, quien sobrevivió 70 días sin su páncreas, mientras los médicos lo estudiaban.

Los perros tienen récords imbatibles y eso no es porque yo tenga la camiseta puesta, es historia pura. El primer animal en entrar en órbita fue un perro, una siberiana llamada Laika a bordo del Sputnkik 2. Hay episodios de perros convertidos en héroes por su desempeño en la guerra. Hubo uno en 1944, que fue oficialmente alistado en la Royal Navy. Y otro perro apodado Judy, registrado por el ejército aliado como prisionero de guerra en Japón. Hay perros empleados como oficiales del servicio postal y, naturalmente, al servicio de la policía antinarcóticos.

Le debemos muchas cosas a nuestros perros. Cada dos por tres, siempre hay un perro salvando la vida de nuestros hijos. Sin embargo, cuando aparece un gato en las noticias es porque lo tuvieron que ir a rescatar los bomberos. A los gatos, acéptelo de una buena vez, no le debemos un comino.

La única vez que adopté un gato, sentía un extraño olor cada vez que iba a dormirme. Al mes descubrí que al gato le encantaba cagarme debajo de la cama. A los pocos días, terminó en la Costanera Sur, con una patada en el culo.

No entiendo a los gatos. No entiendo qué buscan ni qué quieren decirme. Y no creo que nadie, por más que lo jure por su madre, los comprenda. Los perros, en cambio, pueden leerse con nitidez. A un gato uno duda hasta de si tiene hambre o si tiene una erección.

Un amigo tiene tres gatos en la casa. Una vez que fui a visitarlo, uno de sus gatos más bonitos se subió a mi regazo. Acepté esto como una silenciosa señal de amistad. Como un gesto en señal devolución de afecto, le quise besar la cabeza a este gatito tan lindo y mimoso. Al segundo siguiente, mi labio estaba partido en dos de un zarpazo como un cierre con velcro. Aún recuerdo que mientras tomaba vino, la sangre caía por la copa y se unía al tinto. “¿Pero no era que éramos amigos? ¿Y por qué se subió si yo no lo llamé? ¿Quién se cree que es este pelotudo?” Lo peor del caso es que los gatos son tan rápidos que es difícil acertarle una buena patada. “Tiene un carácter fuerte”, es lo único que explicó mi amigo con algo que, intuía yo, era orgullo, la parte espiritual de los felinos que los hace tan atractivos para cierta gente. Para mí, sin embargo, era un acto insoslayable de traición. Con estos dos elementos en mi haber, me convertí en un abanderado en la lucha contra los gatos y un defensor ortodoxo de los canes.

En la Argentina, los perros son mayoría. Según la Cámara de Empresas de Nutrición Animal, existen nueve millones. Contra 3,5 millones de gatos que, si fuera por mí, los pasaría a todos por la picadora eléctrica.

No deje que los gatos invadan su vida. No deje que los convenzan de que son seres nocturnos, exóticos y que están elevados espiritualmente. Los gatos no son buenos compañeros. Ni le soplarán ideas para su próximo best-seller. Los gatos son basura. Habría que becar a un grupo de chefs para que empiecen a elaborar recetas interesantes para transformar radicalmente la existencia de los gatos y meterlos en la cacerola de una vez por todas.

(Los editores de Hipercrítico juran que el autor de esta columna jamás abandonó un gato y que tampoco es su expreso deseo servir a los felinos al plato en restoranes. Es parte del extraño humor del columnista que, por otra parte, ama la naturaleza y vive en el campo en armonía con todos los animales)




  Comentarios (36)
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Escrito por Pancho, el 30-08-2008 14:02
los gatos estaban encerrados y salieron todos!!! 
yo pongo cada tanto una pelí donde meten un gato al horno.
patetico
Escrito por erika, el 30-08-2008 00:13
la verdad que cuando empece a leer tu articulo pense que era algo interesante, pero no.  
Ahora entiendo, el gato te traiciono porque ellos son intuitivos y se dio cuenta antes que el garca eras vos. Reinvindico su inteligencia.
Escrito por Alan, el 29-08-2008 20:25
que nota larga y al pedo. me contaron que te vieron con unos cuantos gatos. saludos
lamentable
Escrito por Ever, el 29-08-2008 19:16
opinion, y no solo porque sea un fanatico de los gatos, sino por una muestra increible de intolerancia y odio ajeno a tus gustos, realmente lamentable y ofensivo, unite al KKK.
Escrito por pancho, el 29-08-2008 19:13
los gatos siempre se van, y si no lo hacen es como dice mi abuela "porque tienen pasto hachao"; y si queres que no se vallan, bueno, los felinofenos aconcejan "castrarlos".
Escrito por valeria, el 29-08-2008 13:48
¿abandonaste a un animal? 
eso no es gracioso.

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