avenida brasil

Por Adriana Amado - @Lady__AA La televisión suele ser juzgada por sus peores pecados. Se lleva mucho eso de pensar que la televisión masiva es de la peor calaña y que la de calidad es una incomprendida por el gran público. Por eso cuando se da la magia de que la mejor televisión arrasa con las audiencias hay que recordarle a los detractores del medio y a los productores que la berretizan que televisión es Avenida Brasil. Lo demás son malos intentos que no le llegan a la suela de la Havaiana. Para los que creían que solo en Netflix o HBO se encontraban los exponentes de la tercera edad de oro de la televisión, resultó que Rede Globo produjo uno de los mejores y lo lanzó a la televisión abierta de todo el mundo.

 

Los profesores Carrión y Scolari estuvieron los últimos meses analizando junto con especialistas y estudiantes de todo el mundo esta nueva época dorada de la TV. En ese podio están las grandes teleseries de este momento, como House of Cards, Games of Thrones, Mad Men, True Detective, y las que ya son de todos los tiempos, como Lost, Los Soprano, Sixth Feet Under, Breaking Bad. En la última clase del gran #MOOCSeriesTV los maestros resumieron en un decálogo lo que hace que esa televisión sea tan buena y tan gozosa, que viene confirmar que Avenida Brasil se ganó su lugar en esta era televisiva. Para Scolari y Carrión estas ficciones de calidad comparten ciertas características:

1. Son ficciones con muchos personajes, muchas narraciones, que no se agotan en la historia principal. Avenida Brasil era la calle de encuentro de varios cuentos que se contaban en distintos géneros: la venganza de Nina transitaba el policial; las historias de amor de Carlitos, Suelen y Leleco eran pura sátira; la vida de Monalisa, una comedia costumbrista; la suerte de Tifón padre e hijo, el culebrón. La televisión nos vuelve inteligentes, nos recuerda Scolari, porque exige espectadores atentos al devenir de todas esas historias.

2. De ahí que la narrativa se acelere, porque tiene que contar muchas cosas en poco tiempo. Por eso todos los capítulos de la telenovela eran un tobogán donde pasaban tantas cosas que una no imaginaba qué iban a contar en los que quedaban. Una anécdota de Murilo Benicio, el gran Tifón, cuenta que los actores que hacían de su familia decidieron hablar, desde el primer día, todos a la vez, como se habla en las casas, y en ese barullo estaban condensando esa narrativa en donde las historias atropellan unas a otras y por eso mismo se hacen tan verosímiles.

3. Con usuarios hiperconectados, el relato no se puede acotar a una pantalla, como muestra el hashtag que cada noche pone a conversar a varios de los 125 países que vieron la novela. Cuando Telefé subía el capítulo que había emitido unas horas antes, de inmediato había decenas de usuarios comentando las escenas o protestando porque el canal abusó del éxito poniendo demasiadas publicidades o acortando cada vez más los capítulos. Esos comentarios confirmaba la inteligencia con que los fanáticos miran los culebrones, como decía el punto 1.

4. Gracias a esa participación el relato se expande. En el sitio oficial de Rede Globo se podía jugar a maltratar a los villanos o aprovechar los consejos de belleza de Monalisa y sus productos milagrosos para el cabello, como el cepillo reductor de volumen que se consigue en mercadolibre.com.br. Todavía están las recetas de cocina de Nina, que mientras refinaban el gusto de Tifón cultivaban la culinaria simple del barrio del Divino y de cada una de las barriadas que miran cada noche la novela, con un recetario que contempla desde la glamorosa Vichyssoise hasta la brasilerísima jalea de jabuticaba. Telefé le dio otra expansión convocando más de seis mil espectadores a ver el final de la novela y a sus favoritos en persona en el Luna Park de Buenos Aires.

5. Las nuevas series van más allá del esquema de la familia burguesa, como Carlitos y sus tres mujeres conviviendo felizmente, o doña Suelen y sus dos maridos de sexos variados. En estas nuevas familias hay abuelas sexis como Muricy que mientras convivía con su joven galán se dejaba cortejar por su viejo marido. También hay nuevas progenituras, como la de Tifón y los hijos ajenos que adopta como propios o la de Lucinda y su casa de fantasía hecha de la basura que recogen los niños que aloja en ella. Avenida Brasil también da cuenta de la crisis de masculinidad que inauguró el mafioso Tony Soprano obligado a paliar sus ataques de pánico con terapia. Es una novela de mujeres poderosas, las que se superan, las que manejan el dinero propio o el de sus maridos ricos pero tontos o las que directamente manejan a sus hombres guapos pero débiles.

6. Que buena parte de la historia se cuente en un basurero es una metáfora de las vidas desperdiciadas de las que habla Bauman, lo que confirma que en esta televisión hay una intertextualidad muy rica. Los que dicen que Avenida Brasil es la reedición de la venganza de Montecristo se pierden que también está la madrastra mala de Cenicienta, los enanitos laboriosos del tiradero alrededor de la Blancanieves Lucinda, seducida por un príncipe falso. En el intertexto también está la hermosa película “Estación central” de la que el autor de la novela, João Emanuel Carneiro, fue guionista. Está en esa mujer que es malísima y tierna a la vez y en ese protagonismo imprescindible de la niñez a la que la novela vuelve una y otra vez. Nina no hubiera despertado el cariño que consiguió sin esos flashbacks a la Rita abandonada en el tiradero, imprescindibles para exculpar con la ternura de la niña la obstinación de la venganza de la adulta. Jorgito no despertaría ternura en su rol de burguesito consentido sino fuera por el recuerdo del pobre Patata que perdió tantos afectos a lo largo de su vida.

7. Los seriados también una intertextualidad histórica: en este caso, la puesta en escena de la movilidad social de Brasil; de los nuevos burgueses de Latinoamérica, jugadores de fútbol y peluqueras; pero también de los excluidos, esos que viven de revolver la basura para comer de las sobras de la parte pujante de la sociedad.

8. Esta televisión se desafía a sí misma porque rompe sus propias reglas y no se queda en un solo género: en Avenida Brasil el culebrón más dramático deja capítulos al policial, que son cada tanto interrumpidos por momentos de comedia que llega a la sátira y da respiro a un ritmo muy intenso de sucesos trágicos.

9. Una serie deja marcas cuando llega a influir en la realidad: la tienda “La elegancia” provee la moda Suelen de lycras y tacos altos; los jóvenes copiaban el corte de pelo de Nina o la barba de Jorgito y bailaban con el #oioioi que se editó en dos volúmenes con los otros éxitos musicales de la telenovela.

10. Pero lo máximo a lo que puede aspirar un producto televisivo es a mejorar la realidad: Avenida Brasil muestra la alegría y el orgullo de una clase social que suele aparecer mayormente en las noticias policiales o en la mirada condescendiente del documentalista social.

Acá les queda de lista de chequeo para ver cuántos de estos puntos cumplen el resto de las ficciones que quedan en la grilla no logran replicar el éxito de esa telenovela. A Guapas, Mis amigos de siempre, Camino al amor, Mi familia, Señores Papis y las que vienen, como Viudas e hijas del rockandroll les quedan espectadores que ya probaron de la buena. Después del disgusto que la selección de Brasil le dio en este mundial a los fanáticos podemos ir entendiendo por qué la telenovela se impone al fútbol en ese país y no a la inversa. Durante los 160 capítulos la novela da cobijo, lugar de encuentro y de conversación donde no hay más amarguras que las necesarias para después disfrutar el desahogo. Un auténtico exponente del “Chega de sofrir”.