
El avance de la inteligencia artificial (IA) ha transformado la forma en que las personas interactúan, pero también ha encendido señales de alerta entre los especialistas en salud mental. La psicóloga Débora Pedace, en una entrevista concedida a El Observador 107.9, se refirió al uso intensivo de chatbots y a los riesgos psicológicos que estas acciones conllevan, especialmente en individuos con vulnerabilidades preexistentes. La preocupación radica en que, al sustituir las interacciones humanas por conversaciones con máquinas, se amplifican riesgos psicológicos que antes permanecían latentes.
La soledad es uno de los principales detonantes de este fenómeno. En una sociedad cada vez más conectada digitalmente pero emocionalmente fragmentada, muchas personas recurren a la IA como un refugio temporal. Pedace explicó que, aunque estos sistemas pueden ofrecer una compañía inmediata, actúan como un placebo que no satisface las necesidades profundas de conexión humana. La ilusión de diálogo puede generar una falsa sensación de acompañamiento, pero no reemplaza el vínculo real que nutre la salud mental.
El impacto es especialmente preocupante en adultos mayores, un grupo etario que ya enfrenta desafíos relacionados con el aislamiento. Para ellos, la IA puede convertirse en una herramienta de compañía, pero su uso desmedido sin el equilibrio de visitas familiares o interacciones sociales puede derivar en un duelo patológico. La psicóloga advirtió que, en estos casos, la tecnología no debe ser un sustituto, sino un complemento que facilite —y no reemplace— las relaciones humanas.
Los adolescentes, por su parte, representan otro grupo de riesgo. Aunque están rodeados de estímulos digitales, muchos experimentan una soledad emocional que los lleva a buscar en la IA respuestas a sus inquietudes. Pedace destacó que esta generación, acostumbrada a la inmediatez de los chatbots, puede desarrollar una dependencia que los aleje de la comunicación genuina con sus padres o pares. El resultado es una desconexión familiar que profundiza su vulnerabilidad emocional.
El desafío, según la especialista, radica en encontrar un equilibrio. La IA no es intrínsecamente dañina, pero su uso debe ser consciente y controlado. Cuando las personas pierden el dominio sobre la tecnología y permiten que esta dicte sus dinámicas sociales, se abre la puerta a problemas más graves. Pedace subrayó la importancia de que los usuarios mantengan el control, estableciendo límites claros y priorizando las interacciones humanas sobre las digitales.
En este contexto, el rol de los padres es fundamental. La psicóloga enfatizó que la crianza activa y el diálogo abierto son herramientas clave para prevenir que los adolescentes caigan en la trampa de la IA como único canal de expresión. Limitar el acceso a estas tecnologías y fomentar espacios de comunicación en el hogar puede marcar la diferencia entre un uso saludable y uno perjudicial.
Los especialistas coinciden en que la IA no debe ser demonizada, pero sí regulada. Su potencial para mejorar la calidad de vida es inmenso, pero también lo son los riesgos si se utiliza sin criterio. La clave está en la educación: enseñar a las nuevas generaciones a navegar el mundo digital sin perder de vista la importancia de las relaciones humanas.
La reflexión final de Pedace invita a repensar el lugar que ocupa la tecnología en la vida cotidiana. En un mundo donde la IA puede simular empatía, es crucial recordar que solo el contacto humano genuino tiene el poder de sanar, contener y conectar. La advertencia de los psiquiatras no es un llamado al rechazo, sino a la conciencia: la tecnología debe servir a las personas, no al revés.
mirá la entrevista completa:
https://youtu.be/_hmwiB49Zho?si=VKM6I4ZZz00EAK04


