
El teatro argentino vive un momento de luces y sombras, porque el éxito en muchas salas convive con la incertidumbre sobre la perspectiva del sector. En una entrevista con Marina Calabró en El Observador 107.9, el actor Eduardo Blanco compartió su mirada sobre la escena actual, al destacar tanto los logros como los desafíos que enfrentan los artistas en un contexto complejo. Con una trayectoria consolidada, Blanco se refirió a la importancia de construir consensos y proyectar una visión a largo plazo, más allá de los vaivenes políticos y económicos que suelen marcar la agenda cultural.
La obra *Empieza con D 7 Letras*, escrita por Juan José Campanella y Cecilia Monti, se ha convertido en un fenómeno que trasciende lo esperado. Blanco, protagonista de esta comedia dramática, explicó que la pieza aborda una historia de amor poco convencional: la relación entre un médico viudo de 60 años y una profesora de yoga de 30. Lo inesperado, según el actor, no radica solo en la trama, sino en cómo logra conectar con el público a través de un relato que supera los estereotipos y explora las dinámicas familiares y generacionales. La obra, que supera las dos horas de duración, desafía la tendencia actual de montajes más breves, y demuestra que una narrativa bien construida puede mantener la atención del espectador sin concesiones.
El actor resaltó que el éxito de la obra no se limita a su argumento, sino también a la química en el escenario y al trabajo de su compañera Fernanda Metilli, quien aporta matices profundos a su personaje. Blanco describió la actuación de Metilli como un equilibrio perfecto entre comedia y drama, lo que enriquece la experiencia teatral y refuerza la conexión con la audiencia. Este tipo de historias, que combinan humor y reflexión, son las que hoy cautivan a un público diverso, ávido de propuestas que vayan más allá del entretenimiento superficial.
Sin embargo, más allá del triunfo individual de *Empieza con D 7 Letras*, Blanco advirtió sobre un panorama más amplio y preocupante para los actores argentinos. Definió el momento actual como "extraño y delicado", comparable a la realidad de otros sectores del país. La falta de acuerdos sólidos y la dificultad para planificar a futuro generan una sensación de fragilidad, incluso en un contexto donde el teatro parece florecer, especialmente en la emblemática Avenida Corrientes. Para el actor, la clave está en superar las divisiones y trabajar en conjunto, sin depender exclusivamente de las políticas de turno.
El teatro, según Blanco, sigue siendo un espacio esencial para la reflexión y el diálogo social. En un mundo dominado por la inmediatez, las salas se convierten en refugios donde el espectador puede encontrarse con historias que lo interpelan y lo emocionan. La obra que protagoniza es un ejemplo de cómo el arte puede ser un espejo de la sociedad, al abordar temas universales como el amor, la pérdida y la búsqueda de la felicidad desde perspectivas renovadas. Pero para que esta magia perdure, es necesario garantizar condiciones que permitan a los artistas desarrollar su oficio con estabilidad.
La charla con Calabró también tocó la adaptación cinematográfica de la obra, un proyecto que amplía su alcance y reafirma su impacto cultural.
El actor no eludió la responsabilidad de los propios artistas en este escenario. Considera que el sector debe asumir un rol más activo en la construcción de soluciones, y promover la unidad y evitar las disputas que solo debilitan al colectivo. La experiencia de *Empieza con D 7 Letras* demuestra que, cuando hay talento y compromiso, los resultados pueden ser extraordinarios, pero también subraya la importancia de un ecosistema que valore y sostenga el trabajo creativo.
Al cierre de la entrevista, Blanco invitó al público a disfrutar de la obra, pero también a reflexionar sobre el futuro del teatro argentino. Su llamado no fue solo a llenar las salas, sino a apoyar un cambio de mentalidad que priorice la sostenibilidad y el respeto por la profesión. En un país con una tradición teatral tan rica, el desafío es asegurar que las próximas generaciones puedan seguir contando historias que conmuevan y transformen.
La charla con Marina Calabró dejó en claro que, más allá de los aplausos y el reconocimiento, el teatro necesita miradas estratégicas y voluntades unidas. Eduardo Blanco, con su habitual claridad, recordó que el arte no es solo un producto, sino un legado que merece ser cuidado. Su voz, experimentada y apasionada, resuena como un llamado a la acción para todos aquellos que creen en el poder del teatro como herramienta de cambio y conexión humana.
Mirá la entrevista:
https://youtu.be/vDMb-ZsFzFA?si=T1EPAb1Vy6nm28P9










