El periodismo tiene en la televisión al soporte más retrógrado y pacato de todos. Por lo menos, para las mujeres y su pesada mochila de género, el atraso ideológico es flagrante. La medida la otorga el nivel de indignación o de sorpresa mediático ante el cachetazo de la realidad cuando se mete de prepo y ya queda demasiado berreta hacerse el boludo.

Pasó hace casi veinte años cuando Susana Giménez le tiró el cenicero por la cabeza a Huberto Roviralta a causa de su reclamo económico por el divorcio. Desde el letargo, nombres que iban de Mariano Grondona a Mario Pergolini, alzaron la cabeza y se preguntaron: “Pero, cómo, ¿es que hay mujeres que mantienen la casa y hombres que no trabajan y se ocupan del hogar?”. Fue esa hipocresía, entre otras, la que señalé en “¿Quién paga?” (Sudamericana, 2009). El censo 2010 dijo que un tercio de los hogares argentinos eran sostenidos por mujeres. Sin embargo, se sigue repitiendo el jingle de las “mantenidas”.

Hace poco días, Gustavo Cordera dio la nota con sus declaraciones harto divulgadas y gancheras para el rating. Nadie faltó a la cita y todos, de Jorge Rial a Mirtha Legrand, preguntaron: “¿Y a usted qué le parece?” mientras otros, los menos, como Pergolini y Jorge Lanata, se preocuparon por no sacar de contexto al pensador contemporáneo. Y muchas y muchos, subidos a las redes pusieron primera para denostar a Ingrid Beck, la directora junto a Paula Rodríguez de Tea Arte (donde también trabajo), en lugar de marcar al padre del borrego, el machismo que todavía hegemoniza acciones y mentalidades. Pero la condena social, las denuncias penales y, sobre todo, la suspensión de los shows fue más fuerte: Cordera pidió perdón a las mujeres por Instagram. Algunos deberían imitarlo a menos que les repugne la “sobreactuación de lo políticamente correcto”, otra de las coartadas que a menudo se escuchan cada vez que las feministas aguafiestas demuestran tan poca voluntad para bancarse “chistes”.

La marcha de #NiUnaMenos del año pasado es otra de las bombas que les explotó en la cara a los comunicadores mediáticos. Por una breve temporada pareció que la balanza de noticias por fin movía las agujas, que ya nadie iba a volver a decir “crimen pasional” o a preguntarse cómo iba vestida la víctima, que el término femicidio no se borraría más de las agendas. Si bien el interés decayó, con estertores y oscilaciones, es innegable que el nivel de conciencia sobre la cobertura informativa de la violencia de género puso un pie en los noticieros y programas de tevé.

Sin embargo, hay un tema que sigue sin aparecer, invisibilizado y pasado por alto por los productores y conductores periodísticos de todos los canales: la legalización del aborto. De eso sí que no se habla. Ni siquiera cuando aparece una excusa fenomenal como el affaire Luis Ventura. Por si no recuerdan, aquel en el que se filtró que el actual presidente de APTRA había pedido a su ¿amante? Fabiana Liuzzi embarazada que abortara para sacarse el problema de encima. Importó más la pelea de los chimenteros premium, y antes amigos Ventura y Rial, que meterse con el aborto en serio.

Con otras características, el caso Belén en Tucumán (la joven recién liberada por orden de la Corte Suprema de su provincia después de dos años de prisión por un aborto espontáneo) había provocado el mismo paseo superficial a pesar del apoyo de más de 120 mil firmas y la declaración a través de las redes de famosas como Griselda Siciliani, Malena Pichot y la periodista del Trece y TN Silvia Martínez Cassina.

A nueve meses del nuevo gobierno -ni antes tampoco, salvo la excepción de una emisión en julio de 2011, del ciclo El debate, con Adrián Paenza, por TV Pública-, ni un solo programa se dedicó a discutir en profundidad lo que la realidad chorrea a los gritos: que de los 500 mil abortos que se realizan al año, el centenar que muere -sin contar el subregistro- son mujeres pobres; que realizados en condiciones sanitarias óptimas, esas muertes serían totalmente evitables: hasta hoy es la principal causa de mortalidad materna; que existe el aborto no punible en la Argentina en caso de violación, y de riesgo de vida físico y psíquico de la madre y, a pesar de eso, no se respeta; que existen medicamentos seguros, según la OMS, para la interrupción del embarazo hasta la semana 12; y que, vade retro Satana, en la base de la pirámide está el derecho de las mujeres a elegir y a decidir sobre su cuerpo.

Diferencias y contrastes de doble discurso explícito: si la sanción de la ley de matrimonio igualitario tuvo un enorme aliado televisivo en Pepe Cibrián en el programa de Susana Giménez, el aborto legal, seguro y gratuito todavía no encuentra ese lugar en la pantalla. Será porque son mujeres y les gusta que las violen.

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