POLÍTICOS ARGENTINOS |
| ¿No sirven más? |
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El político es la única especie de la naturaleza cuya extinción no traerá aparejado ningún trastorno al ecosistema. Al contrario: habrá dinero disponible en las arcas públicas, el mundo será un lugar más silencioso, y hasta se cerrará el agujero de ozono junto a un puñado de cabarets de la zona de Congreso.
Pero, ¿por qué los políticos no sirven más? Por una razón fundamental: a lo largo de la historia, han demostrado ser el eslabón más inútil de la cadena evolutiva. Un político eficaz es una excepción. Un caso raro. Un filántropo que extravió su camino.
No hay razón alguna para que un sistema sostenga a los políticos. Son cosa del pasado. Tendríamos que haberlos superado un siglo atrás. En el futuro, existirán gerentes que administrarán las cuentas de cada nación, rendirán balances y, a fin de año, uno –el pueblo- les podrá pegar una patada en el traste si no está conforme. La política debe dejar de ser una profesión exaltada, reñida, donde se pongan en juego acusaciones morales y penales, y convertirse en una profesión meditada, fría, matemática. El político del futuro dirá: invierto acá y acá, gasto esto y esto. Esta será toda su campaña. Fin del asunto. Que cumpla con su trabajo, un trabajo justo, eficaz e higiénico como el de un peluquero.
No más multitud garpa en las calles. No más marchitas. No más ideologías venenosas. Los futuros gobernantes serán gente gris, oficinista, impecable con las cuentas. No irán a los programas de TN. No asistirán a inaugurar nada.
La ciencia política debería ser la disciplina más científica, predecible y racional del mundo. El problema es que está hecha por seres humanos. Y los seres humanos siempre han sido un palo en la rueda en la evolución planetaria, por no decir un palo en el culo, algo que, si bien es un término más cercano, no deja de ser una palabra ruidosamente anatómica.
Que se pierdan los políticos de una vez. No los necesitamos. Cierren la Honorable Cámara de Diputados. Mantengamos sólo la de Senadores a la hora de votar leyes. El país estaría bien representado así. No precisamos más. Ahorremos todo ese dinero. Y entreguémoslo al hombrecito gris que trabaja de presidente.
Muchas veces, las sociedades más avanzadas del planeta no saben ni quién corno dirige su país. Así de eficientes son sus representantes. Tan eficientes que ni se los escucha. No tienen que alardear si inauguran un hospital. Ni salir a dar explicaciones si existe un revés. Porque esto es parte del cálculo, de la matemática del asunto.
No más bombo peronista. No más calor de las masas. Si quieren calor, que se suban al Ferrocarril Roca a las ocho de la matina. No más gastos en afiches vacíos de contenido. No más dinero que salga de nuestros bolsillos destinado a financiar políticos.
¿Sabe por qué la vida es cada vez más cara? Por los políticos. Ellos cuidan su propio trasero. Se aseguran jubilaciones privilegiadas. Jamás nadie cuestionaría su existencia. Son los propios políticos los que dictan leyes que protegen a su especie.
Pero esto tiene una razón de ser. Y la responsabilidad es nuestra. Somos nenitos desamparados que necesitamos de los políticos para responsabilizarlos de nuestra propia mediocridad. En términos de entretenimiento, el político es el equivalente a la vedette, pero con el culo como merengue derretido.
Traigan al hombrecito gris. Y déjenlo solo con sus números.
Si los números hubiesen sido claros, conflictos como el de las retenciones al campo no existirían. Serían problemas aritméticos. Habría que reajustar los cálculos de la máquina. Y no tendría nada de emotivo.
Sin políticos, es verdad, el mundo sería mucho más aburrido. Los diarios vendrían más pequeños. Y gente como Joaquín Morales Solá tendría que ponerse la sunga y dedicarse al baile del caño.
No importa qué tan aburrido sea. Brindo para que ese día llegue pronto.
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Por: Cicco. Existe una estampida de legisladores K, Carrió busca a tientas acercarse a Macri, Reutemann a quien mongo sea, la oposición pelea por una lista única en las elecciones, y todo esto deja una sensación sabe a qué: no es que los políticos disputen un lugar en el futuro gobierno, o que sientan que es imprescindible sumarse a una nueva coalición ideológica. Nada de eso. Este tipo de comportamiento alborotado, tal como señalan los biólogos, se corresponde siempre al de una especie amenazada. Los políticos tienen miedo a perderse. Perderse definitivamente. Quedar erradicados de la faz de la tierra. 
