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DESPERTARSE TEMPRANO ES ATROZ
¡No más risas a la mañana!

mujer en la cama en horas de la mañanaPor: Cicco. Es triste levantarse temprano. Y, lo que es peor, es más triste aún todos esos programas que te hacen creer que levantarte temprano como un tarado está bárbaro. Los odio con todo el alma. Y les deseo gastritis crónica a cada uno de ellos.

Antes, en radio, la mañana era puramente informativa. No había lugar a la pavada. Estaba Magdalena Ruiz Guiñazú, y uno hasta podía sentirse identificado con ella: pobre mujer, tantos años de levantarse antes del amanecer, uno hasta, no importa lo que dijera, podía estar plenamente de acuerdo con ella porque, al igual que usted, Magdalena estaba menos del lado del micrófono y más del lado de la almohada.

Pero entonces vino el programa de Pettinato en la 100 –que ya renovó contrato hasta el 2011-, con chistes, monólogos, personajes y ahora resulta que las radios y la tele se contagiaron la idea de que despertarse no está tan mal si te cuentan uno de gallegos. Años atrás, Guinzburg abrió el juego del humor matinal en la tevé y ahora no hay canal que no tenga un payaso a las 8 de la mañana o un payaso sin maquillaje, alguien al que comúnmente se llama un boludo.

Lo tiene a Beto Casella en radio con Bien Levantado, buscando levantar el ánimo al muerto. Y hasta hace un año atrás, lo tenías a Dady Brieva en Mitre, a quien ahora remplazaron por Chiche. Para blanquear la cosa, Telefé sacó a un par de mequetrefes risueños y este año, a las ocho de la mañana, puso directamente en la grilla a Los Tres Chiflados, un trío excepcional que, como mínimo, viene durmiendo desde hace unos 50 años, pero en cajones.

Despertarse temprano es un abuso biológico, querido. Su cuerpo –y su mente- deben despertar cuando ellos lo disponen. Este es el mandato de lo poco que queda de animal en nosotros. De lo contrario, tendrá que soportarlos durante el resto del día y darles cafeína para que le permitan continuar hasta la noche.

Dígame: ¿cómo puede proyectar un buen día, un día con plenitud, bien informado, entusiasta, un día con todas las luces encendidas, si tiene, de antemano, que vivir sus primeras seis horas como un muerto vivo?

No quiero más diversión a la mañana. Lo que quiero es que me den más horas para dormir. De lo contrario, espero, como mínimo, que el conductor esté mucho más dormido, rabioso y triste que yo, pues esa es su verdadera función catalizadora: que usted deje de sentir pena por sí mismo y empiece a sentirla por el pobre animador que despertó muchas horas antes y, mientras usted se cepilla los dientes, ya está con el traje puesto y leyendo cables internacionales que dicen que el mundo se acaba.

Hay que parar la ola ahora mismo antes que nos arrastre también las mañanas y su derecho inalienable a sentirse como el orto.

De a poco, la sociedad te hizo creer que, si uno llora en el trabajo, está mal visto. Si uno se ríe a carcajadas en un bar, está mal visto. Si uno se enoja porque le meten un dedo en el traste –metafóricamente hablando-, está mal visto. Si a uno se le para en la playa, está mal visto. Todo lo que tenga que ver con el ser humano, está siendo parejamente barrido. Los ideales de vida que nos bajan, tienen cada vez menos que ver con nosotros.

Y así, de a poco, llegará el día en que si uno se levanta justicieramente con la cara de un boxeador pasado por las manos de Mike Tyson, sus compañeros de trabajo empezarán a mirarlo mal. Le dirán cosas como: “Pelado, ¿por qué traés esa cara? ¿No escuchaste los chistes de Beto Casella en la Mega?”

Quiero mi cuota de sentirme mal por la mañana y que nadie venga a decirme nada. Para mí, despertar temprano es un momento delicado, sensible, el cual trato de meditarlo en soledad. Y con la televisión y la radio apagadas. A solas, en comunión con mi cara de ojete, soñando juntos el día en que las radios y la tele permanecerán en silencio hasta las 10, pues todos nosotros, los mal dormidos, los conductores, los contadores de chistes, los payasos y los boludos, estaremos allá lejos en el quinto sueño, meciéndonos alegremente en la nada.

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