¿POR QUÉ LA MUERTE LO CAMBIA TODO? |
| ¿Tenés morbo alfonsinista? |
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Raúl Alfonsín está más vigente muerto que en vida. En vida, era un calzón viejo. Un soquete. Una prenda que nadie se quería probar ni siquiera en el mundo virtual. Ahora, de muerto, es un emblema, una bandera, un llanto. Todo el mundo lo quiere tocar en el velorio. Y los candidatos se pelean por tener a un Alfonsín, aunque sea a un primo hermano, en sus listas. Alfonsín antes era naftalina, ahora es un sello de político de raza. Alfonsín antes era un pelagatos, ahora es un símbolo a seguir. Alfonsín antes era el responsable de la hiperinflación, del avance animal del menemismo, del Pacto de Olivos, ahora es un himno conmovedor de libertad, convicción y grandeza. Antes era un cabeza dura. Ahora es un referente de coherencia política. Antes tener a Alfonsín en un acto, era el equivalente a tener un cadáver en un casorio. Ahora acompañar con su imagen un discurso es el equivalente a tener un santo patrono.
Pero, ¿por qué nos gustan tanto los muertos? ¿Qué clase de morbosos somos? Primero y principal, un muerto puede ser interpretado. Es un partido que culminó. Uno puede verlo una y otra vez, analizarlo, debatirlo que el partido no podrá volver a repetirse jamás. Esta sensación de ciclo cerrado, da cierta tranquilidad pues, de alguna forma, el muerto no puede estar ahí y volver a hacer más cagadas. Uno puede tranquilamente hacerse una camiseta con su imagen. No hay peligro alguno. Cualquiera sea su mensaje, ya no habrá otro. Usted podrá conservar su remera mucho tiempo. Puede estar en paz.
Esta es la forma que tiene la naturaleza de domesticarnos a todos: matándonos.
A la gente la conmueve la muerte porque la entiende como un hecho excepcional, meritorio. “Mire qué gran hombre, Alfonsín, cómo murió en su cama. Una muerte ejemplar. Sin joder a nadie”. Pero, por regla general, no hay nada meritorio en morir, excepto que usted sea Jesucristo y lo claven en la cruz y salve a la humanidad de sus pecados. Uno muere cuando le ha llegado su momento, y deja paso al que sigue.
El gran sueño de todo historiador es que estemos todos muertos, así puede estudiarnos mejor. También es el sueño de todo medio. Podría hacer infinidad de tapas con eso. Cientos y cientos de números especiales. Para un director de diarios, con sólo imaginarlo, se le llenaría la boca de saliva. Ediciones conmemorativas. Te vendería los dvds documentales con las últimas entrevistas. Fotos exclusivas a todo color. Sería algo grande, único, excepcional. El único problema es que no habría nadie allí para comprarlo.
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Por: Cicco. Hemos visto cómo la muerte transforma a músicos en santos, a gauchos que ni siquiera existieron en figuras míticas, a reyes en momias, y a una princesa en símbolo de la solidaridad pop. Podemos esperar que la muerte haga más cosas de ese estilo. Estamos acostumbrados. Lo que nunca se ha visto es que una muerte lograra algo tan excepcional, único y milagroso como devolverle la vida al radicalismo. 
