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¿EL POLÍTICO QUE NECESITAMOS?
¡Que viva Montoya!

Santiago MontoyaPor: Cicco. Adoro a Santiago Montoya. Me parece el único político que en la Argentina se dedica a hacer su trabajo. Lo hace tan bien y está tan dedicado a ello, que no tiene tiempo ni para acomodarse políticamente. Por eso lo adoro tanto. Y por eso también lo acaban de despedir de un zapatazo como funcionario del gobierno.

Montoya es el último político auténtico. Se tira en contra a los peces gordos. No le hace asco nada. Y, cuando lo entrevistás –yo lo hice una vez- te habla de Pink Floyd, de su pasión por los coches, del fútbol, y lo dice de corazón.

No está bueno para un periodista defender a un político. Es demasiada carga, demasiada responsabilidad. Nadie, nunca un analista quiere defender a un político. Puede defender determinada iniciativa, pero nunca cabalmente defender a un político, al menos que esté muerto hace, como mínimo, 30 años.

Yo lo adoro a Montoya porque para asumir un cargo de directivo en Rentas de la provincia hay que estar loco. Sabe qué pienso cuando escucho algo de Montoya: que es un tipo que, verdaderamente, hace lo que se le canta el culo y se pone al hombro su trabajo.

Empezó su carrera política en el peor lugar posible: sacándole plata a los ricos. Delatando evasores. En un país de izquierda como la Argentina –pero de plata por izquierda-, este hombre es visto como un botón, un vil recaudador de la Corona.

Y, sin embargo, con campañas en las playas, con el caso del boludo evasor que se encerró en la 4x4, con los Papá Noel de colores, se ganó el corazón de mucha gente, entre ellos el mío. Mi papá, que es contador, me mostró una boleta de intimación de la provincia y me dijo: “Mirá la agresividad de esta carta que mandó Montoya”, la agitó en el aire y concluyó, “me la voy a guardar”.

Me gusta el político temerario. No el político tibio que se cuida su propio culo. Me gusta el político que uno lo ve todo el tiempo produciendo novedades en los diarios. Pero novedades periodísticas, no opiniones cruzadas. Campañitas de tribuna contra tal o cual funcionario.

Montoya tiene las bolas bien puestas. Y disfruta con eso. Nunca ví hablar a un político tan entusiasmado en mi vida, como lo ví hablar a él de sus campañas contra evasores. Lo adoro al tipo, qué quiere que le diga. Me voy a imprimir una remera con su cara de psicópata bursátil y la leyenda: “Con Montoya, andábamos joya”. Si Scioli supiera qué clase de hombre acaba de despedir del gobierno, se tendría que arrancar la otra mano.

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