¿VOLVIERON LOS JEANS NEVADOS? |
| Cómo la moda nos mete el perro |
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En el preciso momento en que usted se deshace de esos horrorosos sacos blancos inspirados en Don Johnson de “Division Miami”, cuando juzga que son más mersa que programa tropical del sábado a la tarde, descubre que acaban de volver a la moda y valen diez veces el precio que usted los pagó. Todo esto viene a cuenta de la última moda retro que se ve en las pasarelas de nuestro país y el mundo: ¡volvieron los jeans nevados!
Y ahora la pregunta que todo el mundo se hace, especialmente cuando toma mucho fernet: ¿cómo sabe uno que algo deja de estar de moda? Yo tengo la respuesta: cuando ve que alguien a quien podría confundir con una madre superiora de colegio católico, lo tiene puesto por la calle, délo por hecho: la prenda acaba de firmar su certificado de defunción fashion. Es que la moda actúa por contagio. Si ve unas bonitas nalgas asociadas a un jean roto, seguramente empiece a creer que los jeans rotos guardan siempre en su interior culos lindos y fibrosos como bife de cuadril. A pesar de que vista Channel, el hombre sigue siendo un ser básico en su naturaleza. La moda es una carrera de la gente linda de esta tierra contra los feos y desgraciados, quienes deberían permanecer encerrados y con derecho a cubrirse estrictamente con hojas de parra.
Es que en algún momento sus globos oculares comenzaron a asociar los jeans nevados al culo de su tía, y esto trajo aparejado que, la milagrosa nevada del último año, le trajera horribles imágenes a la mente. Eso es por culpa de los feos. El día que los feos, los gordos, los miopes y los culones, decidan uniformarse bajo un mismo color, la moda no tendrá necesidad de correr en círculos. Podrá estacionarse y descansar en todo su esplendor fashion.
Siempre me llamó la atención saber quién es el primero en decir qué es moda y qué no. Pues la moda se funda sobre una base única y con la misma solidez cremosa de un puré Chef: alguien afirma que estará in el azul, y el resto de la humanidad vestirá como Pitufo el resto del año.
Las revistas dominicales están pautadas por las mismas agencias de publicidad que viven de la moda. Así que una nota atentando contra ella –una más seria y profunda que esta, es decir, una verdadera nota- no tendría cabida en ningún medio importante. Sería matar a la gallina de los huevos de oro, al toro de las bolas de marfil, al ornitorrinco de las pezuñas de diamante. Tiempo atrás, un amigo de un reconocido diario –jamás diré que es Clarín-, se lamentaba porque la última palabra en las reuniones de tapa de la revista dominical, no la tenían ellos los periodistas, las tenía el departamento de publicidad. Debía escuchar y asentir pavadas del estilo de: “En la tapa tiene que haber bufandas. Se viene el fresquito, chicos”. Y mi amigo debía inventar algo con las bufandas. Un trabajo horroroso.
Me preguntaba, decía, qué clase de genio tiene el poder para influir de tal modo en los medios y en el valor más importante de los seres humanos, el centro de sus profundas convicciones sociales, emocionales y filosóficas: su ropa. Así que me he dedicado a investigar quiénes son estos asombrosos seres de otro planeta, estos diseñadores que imprimen su marca en lo más profundo de nuestro ser y me llevé una sorpresa. Descubrí que los diseñadores que no están muertos, están separados. Gianni Versace, está muerto hace más de diez años –le disparó un tipo en su mansión de Miami que después se suicidó-. Louis Vuitton, muerto –al frente está Patrick Louis, su bisnieto-. Dolce & Galbana, antes pareja y socios, están afectivamente separados desde 1985. Franco Moschino lleva 14 años muerto. Mario Valentino, el rey del zapato, hace 17 que es plato de los gusanos. Y Christian Dior lleva 51 bajo tierra –murió ahogado con una espina de pescado en un spa de Montecatini, lo que se dice, una muerte cool-.
El único de los grandes que queda vivo es Giorgio Armani cuya declaración más recordada en los medios fue: “Sí, absolutamente”.
Dada esta realidad decepcionante, lo más probable es que usted no esté siguiendo una moda, usted siga los designios de un grupo de zombies. Y esto cierra el círculo, y explica perfectamente todo pues si hay alguien que puede decretar que nuevamente el jean nevado está de moda, es un muerto vivo. Un cadáver que se burla de su buena fe en el mundo de la moda y que cree que el dinero no le importa en absoluto.
Ya sé, ya sé, existen tantos diseñadores nuevos de vanguardia talentosos y con la sonrisa tan grande como la de Ricky Sarkany que se llenan de plata diciendo cosas como: “Volvieron los ‘70”. Pero eso no quita la ineludible percepción de que nos están metiendo el perro.
Y bien: yo pensaba investigar a fondo sobre la vida de estos reconocidos diseñadores, tener entrevistas exclusivas en todo el mundo, para desandar el misterio que nos convierte a todos en fashions victims. Pero ahora que usted y yo sabemos que no están más en vida, me retiro contento de haber hecho un buen trabajo. Y confesar abiertamente que, como habrá podido ver a las luces de esta nota, sé muy poco de moda. Y como habrá podido ver a las luces de otras notas anteriores, sé muy poco de todo. Es por esta razón que me convertí en periodista: un mediocre con libertad de opinión. Seguramente cuando ya no esté, otro mediocre tomará mi lugar y le estampará mi firma a otras maravillosas notas como esta sobre cómo nos engaña la moda. Y el primer engañado naturalmente será usted.
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Por: Cicco. Es común creer que ciertas disciplinas evolucionan. Es parte de la incredulidad de la vida, considerar que la humanidad va a alguna parte, que tiene un plan secreto para conquistar el universo. Sin embargo, si bien uno no podría jurar por su santa madre que los medios, las comidas, el arte, la literatura, la música evolucionan, al menos, puede afirmar sin temor a comprometer su palabra y menos a su santa madre, que estas cosas con el tiempo cambian. Y, lejos de mirar siempre atrás, el arte, la literatura, la música tienen la vista puesta en el futuro, en el dulce porvenir, en la experimentación. Podrán inspirarse en sus predecesores, es cierto, pero eso no significa que ocurra lo que sucede con la moda: la única disciplina que se muerde la cola y que, lejos de cambiar o evolucionar, uno empieza a tener la sensación de que le están tomando el pelo. 
