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¿ALGUIEN SABE?
¿Qué le pasa a Liniers?

Cicco y LiniersPor: Cicco. Durante un buen tiempo, pensaba que Liniers era uno de los humoristas gráficos más geniales de los últimos tiempos. Un hombre dotado de un humor tan sutil, tan fino, tan sensible que, aquellos que lo denostaban, creía yo, era simplemente porque eran unos brutos, unos insensibles, unos tarados. En todas las reuniones, lo defendía a capa y espada y en una ocasión, llegué a blandir un chorizo caliente en su nombre para que retrocedieran los defensores de Nik y Caloi. Pero últimamente, ya no estoy tan seguro de que esté haciendo lo correcto. Ya no lo defiendo como antes en los asados. Y ahora, si veo un chorizo, me lo como en silencio. Pero usted dirá, ¿y qué le pasó a Liniers? ¿Qué pudo haberle ocurrido para que su humor sutil, fino y sensible, se haya vuelto vago, vaporoso y, a veces, incomprensible? Eso es lo que yo me pregunto.

Primero, una presentación. Liniers es Ricardo Siri. Un talento de 34 años que inició su carrera en la publicidad hasta que descubrió que lo suyo era dibujar. Trabajó en fanzines y llegó al suplemento No de Página 12. Era un período de prueba. El gérmen de un genio. Dibujó tres años semanalmente la tira Bonjour y probó algunos de los personajes que lo harían célebre.

Si jamás lo leíste, te perdiste a Oliverio la aceituna, al misterioso hombre de negro, a los duendes, al oso Madariaga y Enriqueta, al señor que traduce los nombres de las películas, Z-25 el robot sensible, y muchos, muchos pingüinitos. Liniers transformó sus tiras no sólo en motivos humorísticos sino en una forma romántica de ver al mundo. Mientras todo se vuelve frío, trágico, descorazonador, mientras el planeta se convierte en un shopping pedorro, mientras los medios se vuelven una montaña de tetas, culos y afanos, Liniers se las ingenia chiste a chiste para rescatar el pulso perdido de la vida. El tipo alcanzó el summun de los humoristas: convertir un chiste en un manifiesto vital, en una revolución hippie que contagia.

A mi papá, por ejemplo, no le gusta Liniers. Es que, juzgaba yo, tampoco él veía el mundo como lo ve Liniers. Mi papá es un duro. Un hombre que se ríe con Jorge Corona y a quien los chistes de Gaturro le parecen geniales. Era natural que Liniers le pasara de largo.

Amadrinado por Maitena, Liniers picó alto: pasó del Página 12 a la tira diaria del suplemento espectáculos de La Nación. Sus primeras compilaciones de la serie “Macanudo” son lo más. Cada tira es un cuadro para poner en la oficina. “El estilo de Liniers es ingenuo. Pero ¡cuidado! Desprevenido viandante: es la primaria ingenuidad del león que se morfa a la gacela”, lo pintó Fontanarrosa. Y Maitena prologó una compilación así: “Liniers dibuja personajes y sus personajes son todos macanudos. Y los dibuja tan bien que son todos lindos, hasta los feos son tan perfectamente feos que son bellos”.

Y Johansen, hoy su amigo, le escribió otra: “El twist de los chistes de Liniers es por un lado inmediato, pero a la vez, te deja un alter taste, un sabor a posteriori de algo que quizás no cazaste del todo en el momento de leerlo.”

Hoy, por ejemplo, si ponés su nombre en Internet, aún antes que el mercado de Liniers, antes que la estación de micros o el virrey de Buenos Aires –de su misma familia-, salta primero sus tres páginas. Es un hit.

Apenas se lanzó el Suplemento cultural ADN de La Nación, lo convocaron a Liniers para publicar un cuadrito. Al poco tiempo, Andrés Calamaro confesaba su admiración por él y le pedía ilustrar la portada de su último disco –lo mismo hizo Kevin Johansen con “Logo”-. También el periodista Jorge Fernández Díaz lo convocó para ilustrar su libro “Corazones desatados”. Y así mucha gente comenzó a demandarle dibujos y tiras a Liniers. El hombre giró por Europa. Le organizaron exposiciones. En febrero Random House, España publicó sus diarios de viaje –llamado precisamente “Conejo de viaje”. Firma ejemplares en todo el mundo. Y, acaba de ser papá.

Pero algo pasó. Algo le pasa. Sucede siempre lo mismo con los grandes: con el Potro Rodrigo, con Maradona, con Calamaro. Cuando surge alguien así, todos quieren una parte de él. Le organizan homenajes, le dan premios, pero, en verdad, secretamente le succionan la sangre, le sacan el aire.

De tantos pedidos y de tanto trabajo, el humor de Liniers se volvió tan sutil, tan objetivo, tan aéreo, que terminé quedándome afuera, del lado de mi papá. Como ejemplo, vamos a lo más nuevo. Las tiras del 29 de abril al 6 de mayo, un cuento por entregas llamado Abajópolis, que, como su nombre lo indica, sólo me tiró abajo. 

Abajapolis1

Abajópolis

Abajópolis

Abajópolis

Abajópolis

Abajópolis

Dígame si hay un solo chiste, un solo guiño, dígame si se rió en alguna parte –quitando lo de la panza de Marlon Brando, que, más que chiste, es una comparación simpática- porque a mí se me escapa. O he perdido la sintonía con el mundo Liniers o Liniers ha cambiado la onda. Me sucede lo mismo con “Cosas que te pasan si estás vivo”, la tira que publica en ADN. Un gran título, claro. Una puerta a exponer la filosofía existencial de Liniers, su visión de las cosas. Pero después si uno lo piensa detenidamente las cosas cambian. El título es una llamada a un club que dice que estás vivo y que podés ver y sentir lo mismo, pero también es una forma de decir que el resto está muerto, incluido mi papá que, si bien le gusta Corona, es uno de los hombres más enérgicos y poderosos que conozco, un volcán.

Este es el momento exacto en el cual las cosas empiezan a joderse. Y además, qué se yo, me parece que se está poniendo un poquitín cholulo y autorreferencial. Si no, miren estos tres recientes.

Liniers

Otro ejemplo

Y otro más

Pero esto es algo que se soluciona fácilmente, quitándolo a él y colocando en su lugar a una aceituna, una ovejita o al osito Madariaga, si los hace tan bien. Es una cuestión que se corrige con humildad y creatividad. Pero después me llegó esta compilación de un humorista gráfico muy conocido, que le llamó la atención algunas coincidencias entre Liniers y otros colegas.

Mc Donnel y Liniers

Quino y Liniers

Quino y Liniers
 
 
Quién sabe. A veces, la inspiración es algo muy flexible y etéreo. Cuando Paul Mc Cartney soñó la melodía de “Yesterday”, creía que la había escuchado en otra parte. ¿Pero en dónde? Es probable que Liniers haya confundido su inspiración con la inspiración de otros. Suele ocurrir. Pero todo esto conduce a una sola cosa: este hombre tiene que trabajar menos. Y la gente tiene que dejar de joderlo. Darle libertad. Que le paguen una beca para rascarse el ombligo durante un año. Y que no toque un lápiz. Entonces sí, podrá volver con la cabeza llena de conejos. Y la próxima vez que vea a un rockero, o a un editor que le diga lo genial que es y que quiere darle trabajo, Liniers pueda inspirar profundamente y escupirle una sustancia verdosa en la cara. Entonces, volveremos a estar sintonizados. Y cuando ese momento llegue, voy a volver a pinchar un chorizo y blandirlo en su santo nombre. Amén.

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