 Por: Javier Porta Fouz. Para armar una lista de las mejores películas del año, uno puede tener en cuenta prestigios, consensos, nombres consagrados, importancias varias, e incluso las propias reacciones en el momento del estreno del film en cuestión. Para este balance, traté de dejar todo eso de lado y quedarme con las películas que más permanecieron en mi memoria, las que más ganas tengo hoy de volver a ver y las que me generaron más y mejores emociones. Aquellas que confirman que el cine puede ser una de las formas de la felicidad. Y no se trata solamente de “felicidad feliz”, hay películas tenebrosas que también son parte de la felicidad de ir al cine, porque la felicidad no es sólo alegría, o la alegría no es sólo diversión, porque en realidad pasarla bien no sólo tiene que ver con divertirse. Pasarla bien es mucho más que divertirse, es algo más amplio, más rico y más recordable (en Perdidos en Tokio, de Sofia Coppola, había unos diálogos que nos hacían entender estas diferencias).
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