TECONOLOGÍAS Y TECNOLOGÍAS
Supersónicos y picapiedras

Los Picapiedras miran TVSupersónicosPor: Javier Porta Fouz. Dos dibujos animados que veía en mi niñez tenían como protagonistas a familias de diferentes estadios tecnológicos: Los picapiedras y Los supersónicos. Hoy en día, cada vez más, vivimos en los dos universos al mismo tiempo. Me explico con un ejemplo sin relación con el cine y luego vamos al cine.

Voy a nadar dos o tres veces por semana desde hace más de diez años. En 1999, presentaba un carnet a la persona que estaba en el mostrador de la recepción, y pasaba. Luego, la pileta pasó a formar parte de una cadena de clubes, y tiempo después el carnet me servía para entrar a un montón de sedes, y debía pasarlo por un lector de código de barras. Hace unas semanas, el carnet empezó a fallar: el código de barras está gastado y la máquina no lo lee. Me dije: tanta tecnología –que permite que mi foto salga en una computadora cada vez que paso el carnet– se desdibuja, se gasta. Fui al mostrador, expliqué lo que sucedía y, cuando pensaba que me iban a decir que tenía que hacer (y pagar) un nuevo carnet, me dijeron que en lugar de eso podía empezar a usar el sistema de “dedo índice”. Un escáner reconoce la huella digital, y uno pasa. Me tomaron la huella tres veces –calculo que para tener un margen de movimiento de la huella de mi dedo posado en el lector– y ahora apoyo el dedo, y entro. Todo muy supersónico, por cierto. El carnet, a estas alturas un plástico picapiedra, , lo presento a la entrada de la pileta, con su código de barras gastado. Pero no es el código de barras lo más picapiedra de todo el asunto. Cada vez que hago “la revisación” (una instancia picapiedra típica de los clubes y piletas de la Argentina y no sé si de otros países, pero que en muchos otros lugares no existe), me dan un papelito fácilmente perdible para que ponga entre el carnet y su funda transparente o, cuando son más sofisticados, me pegan en el carnet una pequeña etiqueta autoadhesiva de papel. Un carnet que pasa por la zona de la pileta se moja invariablemente, y ahí el papelito o la etiquetita se borran, se deshacen, se pierden, se despegan. Un asunto notablemente picapiedra.


En este momento, en el consumo de películas, conviven las cosas más picapiedras y las cosas más supersónicas, y se mezclan no pocos aspectos de ambas. Me explico, o lo intento: hoy en día hay IMAX, cada vez más cines en 3D y, desde la semana pasada, proyecciones digitales en High Definition (HD de sistema Rain, brasileño), en algunos cines que pasan la película Iron Maiden. Flight 666. Cuando haya más cines que pasen películas en HD y se abarate aun más esa tecnología, probablemente se haga posible el estreno de películas que no llegarían, por cuestiones de costo, en 35mm. El HD, además, permite rodajes más baratos y cada vez tiene mayor calidad, para el registro y para la proyección. Por otro lado, existen pantallas de televisión cada vez más grandes y de mayor definición, y también es una tecnología que tiende a abaratarse. Todo realmente muy supersónico. Todo esto convive con exhibiciones en salas de cine de simples DVDs que no soportan bien tanta ampliación de la imagen, y con unas cuantas salas de cine con lámparas gastadas y sonido antediluviano. Y hay muchos VHS que siguen circulando, algunos de calidad espantosa (muchos VHS argentinos fueron de imagen y sonido superpicapiedra). En este momento, circulan millones de DVDs truchos que a veces son copias de grabaciones hechas con un celular en una sala de cine. Hay gente que ve esas copias, en las que se ven las cabezas de los espectadores, en el monitor de una computadora, y otra gente ve esas copias muy picapiedra (aunque su circulación y existencia provenga de tecnologías supersónicas) en supertelevisores que merecerían DVDs de mejores calidades. Algunas películas circulan por internet (o incluso en ediciones originales de DVD) con subtitulados tan malos que son subpicapiedra y muchas veces impiden la correcta comprensión de las películas si no se conoce aunque sea los rudimentos del idioma original. En el mundo del cine, toda esta convivencia de tecnologías y consumos supersónicos y picapiedras ha modificado notoriamente el negocio y nadie sabe demasiado bien (productores, distribuidores, exhibidores y espectadores) qué deparará el futuro en unos pocos años. Algunos incluso dudan de que las nuevas generaciones supersónicas puedan prestar atención a películas enteras luego de que pasen años viendo cortos y fragmentos en calidad picapiedra en You tube. Esta semana, esta columna no tiene ninguna oración final que pueda considerarse una conclusión.

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