ANÓNIMAS NOTAS SOBRE GOLF
Firme acá, por favor

Angel CabreraPor: Pablo Llonto. Apostamos lo que ustedes quieran a que otras serían las notas, otras las crónicas y hasta otros los epígrafes, si todos los periodistas estuviésemos obligados a firmar nuestros artículos. El animus apostandi viene a cuento de dos artículos publicados en el diario de Ernestina (la viuda) cuyos autores han tenido la invisible delicadeza de no brindarnos su nombre, su foto, pero sí sus juicios.

Hablamos, para entrar ya en terrenos deportivos que nos convocan, de un comentario titulado “El deporte que está en crecimiento”, página 17, suplemento deportivo de Clarín, lunes 13 de abril. Allí, un hombre, o una mujer, desde las penumbras, ha decidido entusiasmarnos, luego de la victoria del Pato Cabrera, con la siguiente advertencia:

con el sustento de esas grandes conquistas de esfuerzos personales forjados en el trabajo, el golf va perdiendo esa suerte de imagen de un deporte para gente mayor y de clases sociales altas y comienza a tener mayor arraigo en la sociedad en conjunto”.

“Las fronteras del gol se amplían también porque hoy comprar una bolsa completa de palos es bastante más accesible de lo que lo era 30 años atrás”.

Las conjeturas del enigmático cronista invitan a la discusión.

¿Quién le dijo a usted que el golf comienza a tener arraigo?

¿Qué entiende usted por arraigo?

¿A qué se refiere con la sociedad en su conjunto?

¿Usted sabe cuánto sale hoy una “bolsa completa de palos” en el supermercado?

¿Ha caminado usted por José León Suárez, Fiorito, Laferrere?

Pero la discusión es imposible. Alguien, en Clarín, ha impedido que estos artículos se firmen.

Tal vez una costumbre. O tal vez la insuficiente y antigua explicación de los editores, amos y señores de la firma, (“no vamos a andar poniendo firmas por todo el diario”).

Recuerdo que en los 80, cuando Clarín llegaba – los domingos- al millón de ejemplares, Juan de Biase y Horacio Pagani, los jefes de la sección, tomaron una saludable decisión democrática: “los partidos de los ascensos no se firman. No es posible que los pibes que recién empiezan tengan su firma en un millón de ejemplares y nosotros, los lunes, en sólo cuatrocientos mil”. Vanidades, que nunca agonizaron, impidieron saborear el origen de brillantes plumas que comentaban a Platense, a Atlanta o a mi indomable Chacarita.

El clarinesco y malintencionado vicio se repite en el siglo XXI cuando el Gran Diario quiere fijar posición sobre temas “calientes”. Lo hizo el 4 de abril cuando se anunciaba, en la sección Sociedad, la salida de Jorge Lanata: “Crítica que comenzó a editarse hace un año, exhibía una aparente oposición al gobierno, aunque su postura fue virando hacia posiciones conciliadoras”.

El barbado renunciante respondió horas después al anónimo dedicándole, en nota firmada, un adjetivo al secretario general de redacción de la calle Tacuarí: “genuflexo Kirschbaum”
 
No hay dudas de que el texto pasó por las manos de Kirschbaum. Pero Clarín –y Kirschbaum – prefirieron la gris y heredada manía de “los sin nombre, sin rostro”.

Una vez más dejaban a los lectores en la ignorancia. ¿Quiénes entonces serán los autores de una página dedicada a Lanata, otra al golf, y a la ley de Radiodifusión y a …?

Lo triste es que después pronuncien, o escriban, palabras como transparencia, honestidad, independencia…

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