AHORA TENEMOS DOS NIMOS
Sonó Pagani

Horacio PaganiPor: Pablo Llonto. Recuerdo que hace unos años Horacio Pagani se mofaba de Guillermo Nimo. Sostenía que hacerse el payaso no era lo mismo que trabajar de periodista y que nuestra profesión debía tener un mínimo de respeto hacia el hombre común. Por entonces, Nimo revoloteaba sus trajes y pañuelos perfumados, su boquilla nacionalsocialista y su gomina maldita por restaurantes de la calle Corrientes o de la Costanera, y las cámaras de fotos lo enfocaban a él. A Nimo, no a Pagani.

Hace tres días recibí un correo de “RIDIGITAL.WORDPRES” convidando una novedad: se anunciaba el lanzamiento de “MultiActive ® eBook: el primer eBook multimedia e interactivo para iPhone e iPod Touch, con Pagani” y allí, mientras cual Marco Polo anuncia y señala mapas de todos sus viajes, se nos invita a bajar “ringtones de Horacio Pagani” con sus frases de moda:

* “Puchito atendé el teléfono”

* “¡Lo quiero decir yo viejo!”

* “¿Qué te pasa pibe?; ¿¡¡ Te pusiste loco ?!! “

* “Lo importante es no perder la calma”

* “Seamos buenos muchachos, por lo menos entre nosotros”

De las últimas epidemias del periodismo deportivo es bueno recordar la de vender el alma a la TV, la fama, el rating y los billetes.

Los últimos movimientos rítmicos de Pagani, en radio y televisión, respondieron a un eficiente trabajo publicista que ya asomaba en los años ochenta, cuando sus gritos y teleteatros empezaban a desplazar la pluma que aún contenía líneas de estímulo para quienes piensan que la prensa no es circo.

Pagani, el que criticaba a Nimo, en verdad quería llegar al lugar de Nimo.

Era envidia, y no otra cosa.

Quizás no sea su culpa. Tal vez el descolorido momento que nos toca vivir a los periodistas; tal vez los reputados hombres y mujeres de la pantalla que ayunan idioma, cultura, investigación, solidaridad y preocupaciones sociales.

Así, esclavos del mercado, de los eventos sociales, de los chivos y del consumismo, cada año hay quien propone a los tres mejores periodistas del año y entonces hay que llorar cuando leemos que los nombres de Gabriel Anello y de Pagani se encuentran entre ellos. Para el primero basta leer la crónica de ayer en Página 12.

Para el ex querido Horacio, la amargura de no poder recordar hace cuánto tiempo no se lee un buen reportaje salido de sus manos, una buena historia contada con el alma, o la emotividad de un excelente comentario de fútbol, aunque de boxeo.

De aquel Pagani ya nada ha quedado. Su lucha contra la tentación del vedettismo o contra las paparruchadas finalizó en derrota.

O en victoria.

La victoria de la farsa.

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