superclásico 5 5 2013

Por Pablo Llonto. Cada nunca más tiene su antónimo. El siempre más. Ocurre con cada uno de los barbarismos de nuestra vida que aún no hemos podido clausurar. Uno de ellos, la violencia que viene desde las tribunas.

 

El domingo, en un superclásico chato de fútbol y emociones, la barra brava de Boca quiso mostrar nuevamente su aburrida originalidad. Unos cuantos disfrazados de “fantasmitas” con la letra B y otros cuantos no tan disfrazados de criminales y con bengalas en sus manos, coparon la escena y entre trepadas al alambrado, humo en las tribunas y proyectiles que buscaban al arquero de River forzaron las suspensiones de las que gozó el partido.

Es decir, el reino del siempre mas.

El árbitro Germán Delfino pasó a ser el hombre del domingo. ¿Estuvo bien en suspender unos minutos y seguir jugando pese al festival de agresiones? ¿Debió suspenderlo definitivamente?

En la lectura del artículo 162 del Reglamento “Los árbitros sólo tendrán derecho para suspender los partidos (antes o después de comenzados) en los siguientes casos:...d) Por mal comportamiento de jugadores o del público, que haga imposible su actuación.” quizás encontremos un manto de duda y quien juzgue a Delfino, con la letra fría, le dejaría un margen a su favor.

Lo cierto es que estuvimos cerca de una tragedia, en un estadio que carga con la peor de las famas bengaleras: el asesinato en la década del 80 del hincha de Racing (Roberto Basile) por una bengala lanzada desde la bandeja de la Bombonera en que se ubica La Doce.

Ayer se ingresó abundante munición al estadio. La ingresó el sector de la hinchada que goza de la mayor complicidad dirigencial de la Argentina. Ya es sabido que el presidente de Boca, a quien soberanamente la violencia, los crímenes del fútbol y la seguridad en los estadios le importa un bledo. Jamás ha movido un dedo para luchar contra la barra más agresiva del país. La misma que ayer entró y colgó sin problemas una bandera desafiante en la que danzaba la inscripción “Te fuiste a la B por puto y cagón”.

El guiño policial, seguramente avalado por las cuantiosas recaudaciones que se obtienen en la zona de los estacionamientos, permitió que una docena de infracciones se cometieran.

Y el periodismo, entre azorado y acostumbrado, dijo poco de lo mucho que tenía que decir.

Primero: hay que dedicarle unas cuantas notas a la Policía federal, al comisario de la zona y a los oficiales a cargo de la mal llamada seguridad. Cualquier investigación en ese sentido culminaría con un título que llevaría la palabra connivencia.

Segundo: hay que recordar permanentemente el papel cómplice que cumplen los dirigentes, y en el caso de ayer los de boca.

Tercero: ponerse firmes con los árbitros. Discriminadores e injustos a la hora de sacar la vara y medir a boquenses y riverplatenses en comparacion con equipos del ascenso. No estamos de acuerdo en las explicaciones brindadas post-partido por Elizondo quien trataba de justificar a Delfino porque "los árbitros no deberían suspender los partidos, deben poner delegados o especialistas en seguridad". Suena linda la excusa para justificar por que Delfino no suspendió el partido.

Entrevistado en Radio Mitre a las ocho de la noche, Elizondo recibió al menos una tibia crítica de los periodistas de la mesa. Pero con tibiezas no alcanza.

El rol del periodista es ayudar a construir una sociedad diferente, en paz y con derechos humanos para que podamos vivir como iguales. La complacencia o la naturalización de las agresiones del fascismo tribuneril no es el camino que defendemos. Por todo ello el árbitro Delfino merecía un uno en su calificación. Para que reaccione y entienda el mensaje del nunca más.