german lauro

Por Pablo Llonto. El día en que el periodismo argentino brinde mayores espacios al atletismo y menos al fútbol profesional, habrá empezado la necesaria e imprescindible revolución que cambiará la historia de la prensa deportiva.

 

Considerado en todo el planeta el Rey de los Deportes, el atletismo goza en estas tierras de ocultamientos, silencios, desmerecimientos e injusticias de Norte a Sur y de Este a Oeste.

El reciente segundo puesto de Germán Lauro (el muchacho de Trenque Lauquen que saltó a la fama en 2012 con sus buenas actuaciones en los Juegos Olímpicos de Londres) en la Liga de Diamantes en Qatar, al menos movió levemente la aguja de la atención.

No sólo los diarios y las agencias debieron prestarle atención. Lo realmente destacable es que TyC Sports interrumpiera sus aburridos vericuetos sobre el arquero de San Lorenzo Migliore y la sarta de inconsistencias que se dicen sobre Bianchi y Ramón Díaz, para interrumpir programas y transmitir desde Qatar los lanzamientos de Lauro, sus emociones y la medalla de plata.

No estuvieron a la altura de los hechos, los comentaristas deportivos de las radios. En esos ambientes el fútbol sigue devorando todo.

El buen momento del atletismo nacional no sólo está dado por el hecho que Argentina ahora tiene cinco récords sudamericanos en pruebas olímpicas (Jeniffer Dahlgren, martillo, Solange Witteveen, salto en alto, Juan Cerra, martillo, Jorge Balliengo, disco y Lauro). También la aparición del pibe Toledo (19 años) quien desde su medalla de bronce en los Panamericanos se ha convertido en un ejemplo de los deportistas que surgen de los Torneos Evita, estimula el desarrollo de una cantidad de disciplinas que durante años no merecieron ni dos líneas en los noticieros.

Este cronista pasó la mañana del último domingo en el Parque Chacabuco observando el Segundo Grand Prix Promocional de Atletismo Metropolitano. Algo así como el semillero del semillero del semillero. Hay momentos gratos: tener de un lado a otro a centenares de pibes/as dispuestos a lanzar, correr, saltar, sin más ambiciones que el sueño de un abrazo paterno o materno que sintetice el “¡¡¡bien hijo!!!”

Ni las cámaras ni los grandes programas tienen un segundo para pequeños atletas. Ha sido la regla general de nuestras vidas en el periodismo, tanto para ellos, como para los pequeños nadadores, ciclistas, patinadores, remeros o jugadores de tenis de mesa.

El efecto Lauro es aún incipiente y, en realidad, tendrán que suceder variados milagros para que la mala formación que proviene de Escuelas de Periodismo y redacciones culmine con poner cada cosa en lugar: el fútbol profesional es un esperpento que no tiene ni la humildad de los maratonistas, ni la paz de los saltadores de alto, ni el potencial humano y físico de fornidos adolescentes que hoy, quieren ser como Lauro. ¿Cuando pondremos el ojo en estos paraísos deportivos de la Argentina oculta?