grondona

Por Pablo Llonto. El papelón argentino no fue ni el sufrido triunfo ante Irán, ni los supuestos desaciertos del entrenador Sabella, ni los barrabravas expulsados de Brasil, ni las prepoteadas antibrasileñas de algunos relatores que se las dan de muy machos. No, el auténtico papelón argentino en el Mundial es el mismo papelón de siempre: tener el peor dirigente de la historia, Julio Grondona.

 

Las declaraciones de Grondona (alias Julio) y Grondona (alias Humberto) sobre Maradona como símbolo de la mala suerte merecen que les preguntemos qué se siente.

Qué se siente ser los más ineptos entre los ineptos.

Qué se siente estar en boca de todo el mundo por las burradas que se repiten sin parar.

Qué se siente tener el gran desprecio de la mayoría de los hinchas que por cualquier medio dieron su apoyo a Maradona y repudiaron su comentario zopenco de hablar de mufas y mufetas.

Verlo allí sonriente a Julio Grondona, con su saco FIFA, en su sillón FIFA, rodeado no sólo por sus colegas FIFA, sino por la sospecha FIFA de un desfile de sobornos en la elección de la sede Qatar 2022, provoca el sarpullido de siempre.

La poca vehemencia del periodismo argentino en castigar a Grondona (algunos medios titulaban o hablaban de “polémica” entre Maradona y Grondona, ver Crónica del domingo) es hija de la misma estupidez que persiste en burlarse desde la TV de los jugadores de Irán, o como el domingo a la noche en Canal 13 poner a un payaso vestido de futbolista para que imite a Tévez diciendo que los iraníes no tienen pasto pero sí mucha arena.

Ambas cuestiones han sido las características globales (con honrosas excepciones) de una prensa que pendula entre el alcahuetismo a los dirigentes y el desagradable estilo de ser enviados especiales sin aportar mucho ni a la cultura general ni al conocimiento del fútbol y sus historias maravillosas.

Estamos convencidos de que si el periodismo argentino reclamase día a día su expulsión, dejase de llamarlo Don Julio, montase en cólera, iniciase una campaña para su renuncia, castigase a los demás dirigentes por su obsecuencia con el Grondonismo, llamase a la rebelión societaria para que el clamor popular de su fin de mandato se concretara, otras sería la historia del fútbol argentino. Un fútbol argentino que deambula entre los clubes desgastados y arruinados por los mal manejos que se conducen desde una AFA millonaria y la mayoría de las instituciones estranguladas y sangrantes.

En breve, un ejemplo se transformará en la mancha 2014 del tigre: Hugo Moyano presidente de Independiente.

Esperemos que en la próxima transmisión de la Selección Argentina alguno de los relatores o comentaristas de Fútbol para Todos alce la voz y se rompa relaciones con un presidente de la AFA y dirigente de la FIFA, de quien, como dice, el canto de moda, aunque pasen los años, nunca olvidaremos su desgobierno y desastres de tres décadas y media.