tabarez suarez mujica mundial 2014

Por Pablo Llonto. Interesante debate, aunque mínimo, se abrió luego de las conferencias de prensa de Oscar Tabarez. Primero, cuando se conoció la exagerada sanción a Luis Suárez por el mordiscón al italiano Chiellini. Luego, cuando ya Uruguay era un viaje de regreso a Montevideo. El aplauso de varios periodistas uruguayos como reconocimiento y apoyo al Maestro Tabarez, apenas finalizó sus exposiciones, dejó abierto el interrogante ¿deben los periodistas que asisten a una conferencia de prensa aplaudir al entrevistado tomando parte por sus posiciones?

 

Desde ya que la respuesta de esta columna es sí. Porque así como defendemos a la prensa militante política frente a cierta e hipócrita “prensa independiente y neutra”, para el periodismo deportivo rigen las mismas reglas.

Lo bueno es que se vea y se sepa. Que todos sepamos de la vida y los sentimientos y principios de los periodistas. Que sean ellos (nosotros) quienes carguemos con las victorias y las derrotas, las equivocaciones y los aciertos.

El periodista/la periodista, siempre lo sostendremos, no es otra cosa que un político en escena. Y cumple ese rol.

Lo mismo sucede con el periodista/la periodista especializada en deportes. Tiene pasión, club, simpatías, amigos futbolistas, atletas, basquetbolistas. Un color o colores a los que amó de pequeño, un poster en la pieza, la entrada del último clásico, la camiseta de la Selección, el sueño de llevar a su pibe a ver un triunfo Mundialista. De todo eso, además de un sueldo, y de cierta dependencia con sus avisadores, están hecho buena parte de los periodistas.

Por eso que aplaudan en el final de la conferencia de prensa de Tabarez es buena señal de identidad.

Se aplaude cuando se desea lo mismo que el entrevistado o el conferencista.

Se aplaude cuando se lo admira, por lo que hace, por lo que dice, por lo que piensa.

Se aplaude cuando se lo banca. En las buenas o en las malas.

Otra cosa es la discusión sobre la sanción a Suárez. Allí vendrán las diferencias: si ellos han visto o no, un boicot de la Fifa. Si existió conspiración desde el primer día, o como dijo alguien, desde el mismo momento del sorteo. Por ese lado, estimados compañeros/as uruguayos, no cuenten con nosotros. El desastre FIFA se consuma en la aplicación de una sanción sobredimensionada. Para la tribuna. No sólo hablamos de los cuatro meses sino del párrafo “Se prohíbe asimismo a Luis Suárez entrar en los recintos de todos los estadios durante el periodo de duración de la prohibición. El jugador tampoco podrá entrar en los recintos del estadio en el que la selección uruguaya dispute un encuentro mientras esté cumpliendo con los nueve partidos de suspensión".

Es para reírse. Que la cueva de indignidades y negocios que es la FIFA se arrogue semejantes facultades morales es un bochorno.

Por eso lo más sincero de estos últimos días ocurrió horas antes de escribirse esta columna, cuando al presidente uruguayo Pepe Mujica le pidieron una opinión sobre la FIFA en la tarde del domingo 29 de junio: “son unos viejos hijos de puta”, dijo el Pepe para luego taparse la boca.

Claro que en consecuencia, a estos viejos hijos de puta no hay que permitirles que organicen con descaro y ambiciones, más Mundiales, como el que parece que nos puede venir encima junto a los uruguayos (el Mundial de 2030). Ojalá para entonces, la memoria haga lo suyo.