FINAL DEL MUNDIAL 2014

Por Pablo Llonto. En los tiempos de Saúl Ubaldini, una respuesta del líder de la CGT quedó grabada entre las frases célebres de los ochenta: “Llorar es un sentimiento, mentir es un pecado”. Se la dijo a Raúl Alfonsín mientras el radical lo acusaba de llorón por andar siempre reclamando aumentos de sueldos y derechos laborales.

 

Hoy, cuando otros tiempos de lágrimas abundan en la Argentina post Brasil 2014, la frase ubaldinista retorna y viene bien para diferenciar estos asuntos de los desconsuelos.

Hay llantos sinceros, de sentimiento, como los de muchos jugadores , descorazonados por ese rostro fiero de la fortuna que los ha abandonado. Se perdió por la loca sinceridad del deporte, que cada tanto premia a los equipos levemente superiores. Pero eso nunca se comprende cuando se es jugador y entonces queda y permanece el consuelo de unos ojos que lloran, cuando en realidad prefieren retirar la mirar. Que lloran tanto, como el Maradona de bronce de 1990. Que lloran tanto como las huestes pacíficas de hinchas que sólo querían ver que se siente cuando se mezclan la alegría y el dolor alrededor del Obelisco.

Habrá llantos oportunos, colmados de los desencuentros premundialistas, de quienes llorarán un rato para luego retomar la senda de la mentira y de quienes pretenden las tinieblas. Ya escucharemos las campanas que anuncian guerra, provocaciones, fines de ciclo, y mezclarán tanto resultados con gobiernos, gobiernos con alegrías, y creerán en las mil conspiraciones, como la absurda tapa de Noticias, acudiendo al fácil y tono latiguillo de “lo que tapó el Mundial”.

Los Mundiales, querido Fontevecchia, tapaban cosas en las dictadura, cuando el noventa y nueve coma nueve de los periodistas, incluidos el joven Fontevecchia escribían loas al gobierno de Videla en sus revistas.

Y también hubo llantos periodísticos desmedidos, como el del excesivo patriotero de Sebastián Vignolo, relator de la TV Pública que afeó el excelente laburo de un equipo extraordinario que puso a canal 7 al tope de las preferencias deportivas del pueblo. Escucharlo a Vignolo repetir cincuenta veces por partido que no hay nada más lindo que ver a la Selección y sentir el repiqueteo quejoso, casi un llanto eterno contra el árbitro del domingo con este asunto del penal no cobrado a Higuain, sonaba demasiado a los tiempos de los relatores desmedidos que, como algunos otros radiales de este Mundial, pretenden ganarse el cielo, fermentando argentinidad, sobrando a los brasileños acumulando deseos de venganza. Sepamos beber también de la derrota.

Como lo estaba enseñando el pueblo, hasta las nueve y media de la noche del domingo, cuando aparecieron las bandas fascistas y derechosas de siempre. Las que vuelven a escena ahora, justo para darles de comer a los buitres.