APOSTILLAS OLÍMPICAS
Dame fuego

Antorcha Olímpica Beijing 2008Por: Pablo Llonto. La llama Samsung (perdón, debí escribir “Olímpica”) ya partió de Buenos Aires en medio de la indiferencia general y la transitoria exaltación de los periodistas que adoran objetos, en especial aquellos que vienen con auspicio y cámara de TV incluida. Nos dejaron un viernes de héroes intermitentes, prosa ardiente e inútil y la interpretación más patética del periodismo: “hay que contar lo que se ve, no lo que no se ve”.

No mezclen, no mezclen

El reto ya lo sabemos. Quienes creen que “sólo hay que hablar de la pelotita” conservan el peculiar estilo de novelar el deporte y su pureza. Para ellos los Juegos Olímpicos son los Juegos Olímpicos y nada de hablar de sus periferias. Derivación uno: para ellos hay gobernantes chinos inmaculados. Derivación dos: para ellos los espléndidos tibetanos del Dalai Lama abrazador de Bush son eficientes neodemócratas pacifistas.

Sólo dos periodistas deportivos – en los medios de mayor “circulación” - se atrevieron a historiar las enormes y patéticas relaciones entre deporte-dictadura-utilización política.

Ezequiel Fernández Moores en el digno territorio libre que ha conseguido en el diario La Nación, y Gustavo Veiga, con las honestas observaciones que prefirió desplegar en Página 12 y ya no en Crítica, diario que ahora no lo tiene más como jefe de deportes.

Hay mucho para decir y leer sobre los “Olímpicos” y su dirigencia. Mucho. Aquí en la Argentina aún tenemos que debatir qué hace Julio Cassanello en la presidencia del Comité Olímpico (COA). Este señor, intendente de Quilmes durante la dictadura, aún tiene que explicar los cesanteados de su partido, los crímenes que cometían sus amigos en el Sur del Gran Buenos Aires y en Quilmes en particular, la manipulación del Mundial Juvenil 79 y más. Claro, quien sino Cassanello diría la semana pasada: “En Argentina hay una total libertad de expresión, pero mi duda está en qué medida se confunden o no las cosas. Hay movimientos que hacen reclamaciones de tono social, otros que tienen que ver con los derechos humanos, otros de tipo económico".

Sí, sí Cassanello. La gente reclamará, con llamita o sin llamita.

Las coquetas y coquetos, refinadas y refinados, conductores del COA merecerían hoy (30 aniversario de la muerte de Dante Panzeri, apasionado periodista deportivo buscaverdades) que Panzeri los examinara para preguntarles: ¿Por qué el recorrido de la llama olímpica se paseó por la Buenos Aires fashion? ¿Por qué terminó en el Club Hípico? ¿Son los caballitos y sus saltos la representación de los deportes populares argentinos? ¿los avergüenza un recorrido de “llama olímpica” por las avenidas de Avellaneda o Lomas de Zamora? ¿Por qué excluyeron del recorrido a la humilde gloria maratonista, el gran Osvaldo Suárez? 

Mientras tanto, uno de nuestros lectores hipercritenses se detuvo en las secciones que le corresponden al público y, molesto por la prédica pro-derechos humanos, nos recomienda, para calmar amarguras, donar nuestras órganos y luego suicidarnos.

Nos conmovió. Habíamos pensado en Sandro, pero los especialistas nos advierten: los órganos de los suicidas no se aceptan. Caramba, cuánta mala suerte de nuestros enemigos…

Sandro

 

 

 

 

 

 

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