festejo jugadores boca

Por Pablo Llonto. El periodista deportivo Fernando Niembro se ha convertido en una cartilla. Para su desgracia, no llega siquiera a manual. Es que cada acción suya de los últimos días sirve como lección de aquello que no debe hacer quien pretenda ser buen periodista deportivo, buena persona, buen político.

 

Su respuesta al modo metralleta de “aquí se terminó la nota” cuando los colegas le acercaron el micrófono para que diese cuenta de los múltiples contratos directos que lo beneficiaron por obra del macrismo, fue la contracara de aquello que él exigía en sus tiempos de periodista y/o crítico. Niembro reclamaba explicaciones. Ahora las niega.

Su maldita escuela de periodismo deportivo, aquella que paseaba el petulante nombre de Escuela Superior de Ciencias Deportivas y que fundó con otro impresentable (Marcelo Araujo), era una máquina de enseñar periodismo deportivo sin conciencia, y al sólo efecto del éxito y del billete (con las honrosas excepciones de unos pocos profesores y otros esforzados alumnos/as). Ahora se supo que además de captar dineros de los estudiantes “en nombre de la educación”, captaban dineros públicos para tareas ajenas a la enseñanza del periodismo.

No era casual que de allí salieran productos como Martín Liberman y Sebastián Vignolo, a quien no lo ayuda ni su paso por Fútbol para Todos. El periodismo canchero, concentrado en el fútbol profesional, modelado por los Niembro-Araujo-Proietto, marcó a fuego a unos cuantos egresados acríticos de los 90 y los años posteriores. Ojalá que este shock de suciedad que envuelve a Niembro ayude a que otros huyan de las escuelas de periodismo privada y busquen en las Universidades Públicas, las enseñanzas de comunicación y Derechos Humanos que nos faltan (con todo lo que hay que mejorar aún en la Educación Pública universitaria del país).

En esta semana de canchereadas, las últimas las protagonizaron los jugadores de Boca. Encabezados por Orión otra vez provocadores a la hora del final del Superclásico. ¿Algún dirigente les advertirá en las próximas horas que ponerse a cantar burlas sobre el descenso de River mientras los rivales estaban en la cancha es un acto de pelotudez extrema? ¿Sabrán que de allí a la violencia física hay cinco centímetros? Aquí es donde necesitamos al periodismo no-canchero, para cumplir un rol. El rol de seguir machacando, a los oídos de los futbolistas y cualquier deportista que la competencia es hermosa cuando se respeta al rival.

Eso que enseñaban muy poco los ausentes profesores Niembro y Araujo en la Escuela Superior de Periodismo “de Niembro y Araujo”, como se decía.