mundial de rugby

Por Pablo Llonto. Cuatro años atrás, este cronista pedía recetas para llevar a los sectores populares un deporte que, sin dudas, es más que interesante y fortalecedor. Las destrezas de los rugbiers en la actual Copa del Mundo, entusiasma. Pero aún estamos casi como cuatro años atrás.

 

Los silencios de anoche entre los periodistas de Argentina Debate sobre el deporte, que al igual que los candidatos creen que la política deportiva es “el último orejón del último tarro”, no permiten advertir ni qué se hace con el rugby ni que se hace con la educación deportiva. Para dar un ejemplo: la escuela pública en general, reniega de la multiplicación de los deportes en la hora de Educación Física y aún se nota el paso perdido en materia de los objetivos que se distribuyen en las sesiones del Consejo Federal de Educación. Por ejemplo, la llamada “construcción de argumentos críticos sobre los modelos de prácticas atléticas, gimnásticas y deportivas en diversos ámbitos –escuela, barrio, club, alto rendimiento– y en los medios de comunicación”.

La buena transmisión del Mundial de Rugby en estos días por parte de la TV Pública, sin estridencias, sin gritos, sin desbordes, y con cierto nivel de docencia sobre las reglas de un deporte que nuestras multitudes aún desconocen (he ahí el avance respecto de la televisación de la anterior Copa del Mundo), podría ser aprovechada para plasmar saberes en niñas/os y adolescentes del país.

Ya dijimos que la lucha por evitar que los sectores privilegiados y gorilas de la sociedad argentina se apoderen para siempre del rugby no será llevada adelante -nunca -por muchos de los rancios y conservadores dirigentes del rugby que habitan clubes elitistas.

Deben ser las dirigencias mayoritarias de los clubes populares, la dirigencia en Educación y el periodismo deportivo, los factores centrales de las transformaciones que lleven hacia abajo tantos deportes como se puedan.

Los Pumas – qué duda cabe – crecieron y ven crecer su relación popular. Aún es enorme la distancia que los separa de los barrios de las grandes mayorías, pero algunas señales deben tenerse en cuenta. La presencia de Maradona en las tribunas inglesas durante el partido ante Tonga, es una sencilla expresión de aquello.

Por ahí anda también nuestro colega Claudio Gómez, autor del reciente libro “Maten al rugbier”, la historia de los veinte jugadores de rugby del La Plata Rugby Club desaparecidos y asesinados por la última dictadura cívico-militar. El nos ayuda señalando en alguna presentación de su libro: “La imagen y el prejuicio que todos tenemos del rugby es: jugador de zona norte, adinerado, no le importa ningún tema social, no tiene ningún tipo de compromiso, un deporte burgués. Esto está cambiando mucho. Quizás este libro sea un aporte. En los 70 los clubes de La Plata eran integrados por jugadores de clase media y que tenían compromiso social y lo llevaron hasta la última consecuencia”.

Ojalá no tengamos que esperar cien Copas del Mundo más para lograr que ciertas cosas, se pongan en su lugar.