BARCELONA - RIVER

Por Pablo Llonto. Lo mejor que podemos hacer los periodistas deportivos después de ver un partido como el Barcelona - River del domingo es decir gracias, y despedirnos. Gracias al Barcelona y a sus jugadores y a su historia de respetar siempre la prioridad: poner sobre la cancha un equipo de muchachos que se diviertan con el fútbol.

 

Gracias por demostrar que en el fútbol es relativa, y casi insignificante, la llamada ciencia de los entrenadores. Con cuatro décadas de vigencia, el estilo Barcelona indica que venga quien venga (como técnico) hay un sello de juego que se practica desde las inferiores, y que está allí el mayor secreto de semejante trayectoria.

Algunos dirán que el secreto es la billetera del club. Y alguna razón les asiste; pero un elemento abre nuestro interrogante ¿Y por qué no ocurre ello con otros clubes poderosos del mundo cuya chequera es tan o más abultada?

De todos modos, el agradecimiento va para aquellos futbolistas que lograron lo más grande: que millones de niños y jóvenes se propongan, en cualquier potrero del planeta, “juguemos como los del Barcelona”.

Quienes mantenemos diálogos con encargados de juveniles en los diversos clubes de la patria, sabemos que hay una tendencia, desde hace años, a enseñarles a los pibes por medio de los videos del Barcelona. “Así se juega”, dicho por los formadores, resuelta un mimo para el futuro.

Gracias también a River, por el reconocimiento al equipo superior, por la certeza de saber que se hizo lo posible, por la ausencia de soberbia para tratar a los rivales cuando, por ejemplo, el periodismo se burlaba de los escasos antecedentes de los equipos japoneses.

Ahora sí, por todo eso ni vale la pena analizar los comentarios sobre la final del Mundial de Clubes. Con demostraciones así, ¿qué más podemos agregar? La tapa del Clarín Deportivo del lunes reconoce el agradecimiento, aunque en este caso sólo se dedica a los jugadores de River y a los 20.000 hinchas millonarios.

Sí nos quedamos con algunos curiosos elementos que demuestran que, en el periodismo, hay ingenio, así como hay sandeces.

Las lardosas intervenciones de Eduardo Serenellini en Canal 26 que después de la final hablaba de los millones de dólares que ganan los futbolistas del Barcelona, los impuestos que deben pagar al fisco, mientras otro periodista de su canal recomendaba eludir impuestos en los paraísos fiscales.

Los comentarios durante el entretiempo de Héctor Heredia, periodista de Crónica TV, que sostenía la inevitable goleada que se venía del Barcelona y que animó a poner un zócalo llamativo: “Barcelona sólo gana por uno a cero…”

La placa roja de Crónica TV durante todo el partido: “en otro canal están jugando Barcelona-River”.

Dicho esto, los triunfos y finales como la de Yokohama culminan en una buena recomendación para cronistas: cuando no hay nada que decir, lo mejor es…callarse.