ENTRE LA PARODIA, LA RISA Y LA COLUMNA DE OPINIÓN
Adiós a Peña 

Gracias por volar conmigoPor: Juan Terranova. El miércoles me enteré de la muerte de Fernando Peña en el centro. Ya era tarde. Casi las once de la noche, once y media. Estábamos tomando una cerveza con algunos amigos en La Moncloa de Plaza Congreso y entró un conocido periodista de variedades. Se sentó y pidió que, por favor, la próxima vez, los personajes mediáticos se murieran un domingo o un lunes y no un día antes del cierre. Contó que ya tenían todo diseñado para el domingo y tuvieron que levantar tres páginas para hacerle homenaje, necrológica y panegírico al actor. Alguien tiró la idea de ir hasta la Legislatura, donde lo iban a velar. Pero la propuesta no prendió. Me acordé de Gracias por volar conmigo, el libro que Peña había sacado hacía relativamente poco. Después de hojearlo se lo regalé a mi abuela que lo escuchaba siempre. Una vez le pregunté a una editora porqué vendían tanto los libros de la gente que está en la radio y tan poco los de extracción televisiva. Me dio una respuesta muy precisa. “La gente que trabaja en una oficina, en una administración, en un oficio, en un taller, no puede ver la televisión y entonces escucha la radio todo el tiempo. Y esa rutina crea un vínculo muy fuerte”. Es indudable que Peña tenía ese “vínculo fuerte” con sus radioescuchas.

Columnas

En una iniciativa interesante, Crítica reunió sus columnas. Recuerdo haber leído una que se titulaba Cristina… ¿Está que trina?. Ahí Peña reedita, con toques de procacidad y un lenguaje coloquial, a veces ingenioso, otras solamente grosero, la mirada “común” sobre la presidenta y su entorno, todo armado en base a juegos de palabras y momentos de apocalipsis al uso de la derecha low-fi. Algunos pasajes pueden resultar graciosos, pero no hay un trasfondo crítico. Más bien al contrario. Peña intenta ser corrosivo y lúcido, bajando a la vida doméstica cuestiones de la alta política, pero finalmente no lo logra y va a morir al archi-conocido aforismo “que se vayan todos”. El remix del sentido común, por mejor que esté hecho, rara vez alcanza a desprender sentidos nuevos. Sus personajes discepoleanos en la radio eran, lejos, muchísimo mejores que sus columnas. 

Buscando a mi némesis

Ahora encuentro, en Youtube, la discusión que tuvo Peña con D´elía en el programa de Lanata. La vuelvo a ver y repito varias veces la parte en que el actor le dice “yo quiero expulsarlo del sistema político” al dirigente social. Dicha por una persona que nunca hizo política es una frase fuerte que recuerda la prepotencia histérica y también el individualismo –la palabra clave es el “yo” que encabeza el deseo– de la clase media. Cuando lo repito me doy cuenta que en ese momento el que habla es un Peña serio, ¿el verdadero Peña? ¿un falso Peña?, seguro no es una de las máscaras de la radio, que parecen tener mucha más calle y humor que él en ese momento. Sin duda, Peña fue un virtuoso hiperkinético para hacer hablar a “sus otros”, pero en el momento en que empezó a hablar de política su voz fue la voz seria de un ignorante, incluso banalmente seria.

Territorios

Por su parte, D´elía fundó la FTV y estuvo en la toma y en el armado del barrio El Tambo, donde todavía vive. La FTV incluye planes para la construcción de viviendas y planes de alfabetización a nivel nacional. Como un iceberg, lo que se ve de él por televisión es apenas el diez por ciento. Y Peña le hablaba en base a ese diez por ciento, bastante cerca también de las reacciones de las clases acomodadas que viven en la ciudad. O quizás se tratara de un duelo territorial. D´elía le recordaba a Peña, avanzando sobre la televisión –ganando protagonismo en el espacio de comunicación central de la comunidad– que la política también es dramática. A la acusación grosera de “yo quiero expulsarlo del sistema político”, un D´elía nervioso responde con el peso de una poesía cursi pero clara, en línea tanguero rioplatense: “Desde que te trasgredí se te voló tu ángel, perdiste, alguien te cantó mancha. Qué va a hacer Peña, dedicate a otra cosa. Te desangelé, te saqué el ángel. Tu ángel acaba de morir, qué pena”.

Anti-peronismo 

En su breve pero intensa pelea mediática, tanto Peña como D´elía sobreactuaron, entiendo que un poco porque lo pedía el público. Pero como le pasa a Hamlet que finge locura y en un momento ya no sabe qué finge y qué no, Peña se fue transformando en las voces más crudas de un anti-kicherismo fácil, de ocasión, sin llegada, epidérmico. Y D´elía encontró en él alguien que hablaba de frente, que insultaba, que no tenía, como los hombres de la política contemporánea, vueltas y laberintos retóricos. Sus dos voces, que se deben escuchar, como todas las voces, dentro de la caja de resonancia del tiempo histórico que les tocó vivir, forman parte de una larga tradición en la historia de la cultura argentina. El gran error consistiría en no ver esos entroncamientos, en decir que D´elía es “apenas un puntero, un negro de mierda” y Peña, “solamente un artista puto”. No sé si llegan a encarnar dos argentinas en conflicto, pero estoy tentado de decir, cultura televisiva mediante, que es muy posible. En Peña, el paso de la parodia y la risa a la columna de opinión no resultó interesante y las posiciones que adoptó en torno a esos temas lo desencajaban. Su desconocimiento completo del terreno político se traducía en un anti-peronismo ramplón que surgía de un anti-caretaje y una anti-política muy establecida en la cultura individualista argentina. Es complicado hacer política de la anti-política. La muerte da brillo, suaviza y purifica. En el caso de Peña no creo que haya excepciones.

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