DE DAVID WAPNER
Tierra Metida, un libro

Tierra MetidaPor: Juan Terranova. 1. Son las doce, el mediodía exacto del martes 30 de junio. Hace frío y el cielo está nublado. En el andén de la estación Caballito esperamos con Wapner el tren que lo lleve a Castelar. En la mano tengo el libro que reproduce una parte de su blog, Tierra Metida. La tapa es amarilla, con un dibujo del desierto que hizo su mujer, Ana Camuso. Me lo acaba de regalar mientras desayunábamos, tarde, en un bar de Rivadavia y Acevedo. Wapner tiene puesto un gorro de gnomo y está resfriado. Cuando saca para pagar el boleto, encuentra una moneda de diez agorot, diez centavos israelíes. Me la regala. “Tomá” me dice. “Para vos”. El diseño de la moneda es simple. Mientras la miramos juntos y Wapner me explica que el dinero en Israel se llama Shéquel, pasa un tren en dirección al centro. En la moneda, de un dorado opaco, hay algunas palabras en hebreo y un número diez. En la otra cara un candelabro de siete brazos sobre un contorno que parece una mancha. “¿Es la frontera de Israel” pregunto. Wapner me pide la moneda y la mira. Y yo lo miro a él. Hace unos días me dijo que salió de su casa, cruzó el desierto bíblico de Judea, tomó un avión hasta Roma y de ahí otro hasta Buenos Aires. “No, esto es un pedazo de mampostería que se encontró recortando la figura del candelabro” me dice. Las asociaciones que se me ocurren son banales, lugares comunes: ¿Cuáles son los límites de Israel? ¿Dónde está el Estado judío? ¿Dónde empieza y dónde termina? ¿Está grabado en el dinero? No, no está grabado ahí. Ahora uso la moneda israelí para señalar las páginas de su libro.

2.

“Y la cancha de Ferro, ¿dónde está?” pregunta Wapner. Le señalo la curva de hormigón, la bandeja de la platea que se ve atrás de unos edificios. “La última vez que vine a esa cancha fue a un acto político” me dice y me cuenta de su militancia en el MAS a fines de los 80. “En el local del barrio la pusimos a mi vieja de candidata.” Se ríe, Wapner, con su gorro de lana que le hace cara de gnomo.

3.

Ahora estoy en mi escritorio y acabo de tomar algunos apuntes sobre el triunfo, ajustado pero muy inflado por los medios, de la derecha en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. Agarro esta edición de Tierra Metida y paso las hojas. Me reencuentro con frases, escenarios y paisajes que ya conozco del blog. Los vuelvo a disfrutar. Es un buen libro. Un libro que me hubiera gustado escribir a mí. ¿Qué es lo que disfruto? La frescura de la prosa de Wapner, la rareza sin caer en exotismo de sus personajes, la fuerza, sin duda, la fuerza expresiva de sus palabras. En una pendiente con vista al mar, hay un cementerio árabe-cristiano. Mujeres se bañan vestidas. Niños y niñas juegan al futbol. La música sale de los parlantes a un volumen que satura. El Yaffo, o barrio de la costa, está siendo comprado a los árabes por los judíos. A pocos metros, a medio construir,  el Centro Peres para la Paz. También hay beduinos, soldados, rabinos, gente que habla en ruso, en hebreo, en el español entrecortado del norte de África. Tierra Metida es el sueño blanco de Williams Burroughs, una anti-épica donde la violencia y la rutina, la guerra y el ocio, son menos una metáfora que un orden real y raro, como una larga y suave improvisación en un piano preparado. 

4.

Ahora, otra vez en el andén del ramal Sarmiento, llega el tren, y nos despedimos. Wapner se va hacia el oeste. Y yo me quedó un poco más en el andén, pensando. ¿En qué pienso? Pienso en el MAS, en Ferro, en el dinero, pienso en el desierto, en el invierno, en las promesas y en la fe. También pienso en todas las cosas que aprendí de Wapner. Y entonces digo: Gracias.

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