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UNA NOVELA DE MACLAREN-ROSS
Picado por la araña

Veneno de tarántulaPor: Juan Terranova.  La historia que propone Julian Maclaren-Ross en Veneno de Tarántula es simple. A principios de los años 30, dos amigos, un poco cansados de la ciudad, aceptan pasar un verano en la montaña. El viaje, accidentado pero no imposible, los lleva a una cabaña cuyo dueño, el arrasador Spider, consumidor de drogas inyectables y ludópata, los recibe con cordialidad y reclamos. Entre excursiones nocturnas a los bosques y escarceos amorosos, el protagonista del libro irá describiendo –con una distancia irónica que no logra separarlo– a sus compañeros de descanso.

Con un instinto narrativo impecable Maclaren Ross logra que cada escena sea un capítulo y cada capítulo es una dulce sorpresa que hace avanzar la historia general. Así, en este Veneno… no sobra nada, los diálogos fluyen y la contención descriptiva hace que el libro vuele en la lectura. Ahora bien, la gran clave aquí son los personajes. Tanto lo que se dice de ellos, como lo que no se dice. Ayuda por supuesto, el ligero cinismo con que el protagonista y narrador se para en esa casa habitada por los restos de la cultura europea de entre guerras, niños tuberculosos, rusos escapados de la revolución, argelinos violentos y británicos flemáticos. Teñidos con un manto liviano pero brillante de perversión a la vieja usanza, todos son un poco homosexuales, un poco extraviados, un poco crueles.

Sintético, pero eficiente, Maclaren-Ross es un narrador sensual, cuyo equilibrado juicio se erosiona un poco hacia el final donde la economía de recursos se limita todavía más y el lector se queda con ganas de conocer otros detalles. ¿Se nota cierta pereza conclusiva similar a la de César Aira cuando Veneno de Tarántula empieza a terminar? Es posible. Como si él mismo autor se sintiera hastiado de sus personajes.

Con gesto saludable para los lectores, vía biografías y notas periodísticas, se viene redescubriendo a Maclaren-Ross. Sudamericana publicó De amor y hambre hace un par de años y La bestia equilátera que ahora saca esta novela, tradujo también los cuentos de Tostadas de jabón. Al parecer el narrador era una dandy excéntrico y alcóholico, un beatnik antes de tiempo, y largo etcétera. Sus libros, más allá de todo estereotipo y de un jugoso anecdotario, son recomendables. 

Una última observación. Es difícil por su fecha de escritura, los personajes, los paisajes y el uso magro de la lengua no pensar en Fiesta de Hemingway cuando uno lee Veneno de tarántula. Sin embargo, Fiesta es mejor. Más ambiciosa, más amplia, más dura y menos risueña, esa primera y muy sólida novela, con sus erotómanos y sus histéricos, podría aceptar a Veneno de tarántula como otro episodio de su trama de europeos y americanos excéntricos. Y esto no es un una crítica, sino, por el contrario, un gran elogio. Muy probablemente cuando la leas te van a dar ganas de irte de vacaciones con los freaks de tu barrio.

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