SOBRE EL MARXISMO Y LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE |
| Un libro imprescindible |
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La conexión rusa
“Este legendario libro fue publicado en ruso en 1929. Apareció por primera vez en lengua española en 1976, traducido del inglés, en la Argentina, en momentos aciagos para la cultura. Exhibir la palabra “marxismo” en la portada era impensable, y los editores encontraron una buena salida, sin traicionar en absoluto el espíritu del libro: El signo ideológico y la filosofía del lenguaje. La versión directa del ruso aparece en España en 1992.” Así presenta Tatiana Bubnova el libro de Volóshinov en la edición reciente de la revista Esperando a Godot. Lo de “legendario” parece exagerado pero no lo es. Muchas veces adjudicado a Bajtin, como parte del malentendido en que Occidente sumió a los formalistas rusos, El marxismo y la filosofía del lenguaje propone que la conciencia no es la sede de las ideologías, sino que ésta vive en los signos y en su circulación. “Donde hay un signo, hay ideología. Todo lo ideológico posee una significación sígnica” dice Volóshinov. Y después agrega: “La conciencia individual es un hecho ideológico y social”. En contra de teorías simplificadoras, ideas mecanicistas y conclusiones apuradas, El marxismo y la filosofía del lenguaje desanda así el camino hasta lo más primitivo y combate las dicotomías erradas (la conciencia vs. lo social, quizás la más conspicua) para llegar a solidas conclusiones en lo que hace a la formación de las ideologías y su relación con las palabras: “En cada palabra, en cada enunciado, por insignificante que sea, siempre se renueva está viva síntesis dialéctica de lo psíquico y lo ideológico, entre lo interno y lo externo”.
Avísenle a Saussure
Si el título del libro no llevara la palabra “marxismo” el destino de este ensayo quizás habría sido otro. No sólo por la anécdota que cuenta Bubnova, que aparte del prólogo, útil y claro, es la autora de la esmerada y acertada traducción. Hoy mismo El marxismo y la filosofía del lenguaje debería acompañar todos los programas de estudios semiológicos. O por lo menos debería darse en la Universidad de Buenos Aires donde los caballos y los árboles de Saussure son enseñados como entidades sígnicas separadas de la sociedad. El frío polar de esta pedagogía tiene que ver con una falta. La lingüística es una actividad crítica y política. Los lingüistas que conocí en mi paso por la carrera de Letras de la universidad de Buenos Aires (y también por una Maestría del Instituto de Altos Estudios de la Universidad de San Martín) estaban más pendientes de los usos del lenguaje de formularios y la sobrevivencia burguesa que de la militancia política. Su amor por el signo saussureano era, apenas, un amor platónico. O se limitaba a las tan mentadas transas universitarias cuya aburrida e inconducente denuncia excede a este espacio (y a mi afiebrada cabeza de diciembre). Retomando: sin El marxismo y la filosofía del lenguaje, el Curso de lingüística general queda incompleto y sellado dentro de un “objetivismo abstracto”. No creo que tenga que ver con esto que Volóshinov fuera soviético y Saussure, suizo. Pero tampoco pondría las manos en el fuego en contra de un determinismo geográfico total y a favor de un relativismo redundante que, como sabemos, ablandó las humanidades hasta convertirlas en un charco de mierda.
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Por: Juan Terranova. La mercadotecnia estadística de la industria del libro dice que dos de cada tres contratapas señalan al libro que promocionan como “imprescindible”. La amplia mayoría de las veces esto es falso y la propuesta se construye sobre las convenciones del género. La palabra “imprescindible” en la contratapa de El marxismo y la filosofía del lenguaje de Valentín N. Volóshinov no sería un mero ejercicio de autobombo. ¿Por qué? Veamos. 
